Mariano Ghisays

| 2/25/2000 12:00:00 AM

Mariano Ghisays

Con innovación, productividad y tecnología, este barranquillero ha llevado a Super Brix a ubicarse entre las principales empresas exportadoras de maquinaria agroindustrial.

La tercera semana de febrero, Super Brix, una empresa barranquillera de bienes de capital, instaló la primera planta en Bélgica para el procesamiento de arroz, con ingeniería, diseño, suministros y montajes colombianos. Alrededor del mundo, más de 450 instalaciones agroindustriales cuentan con equipos de esta empresa, que desde hace 35 años entendió que el éxito estaba en los mercados externos. Hoy exporta el 75% de su producción a más de 26 países de América y Europa, y está abriendo puertas en México y en Asia, circunstancia que le significó haber ganado el año anterior el Premio Nacional de Exportaciones. Mariano Ghisays, su presidente, es una persona impulsiva y de acción, que tiene entre sus grandes retos llevar a la compañía a ser cada vez más competitiva en el exterior. "La competitividad es un propósito que nos permitirá subsistir, generar empleo y brindar una mayor calidad de vida a nuestra gente, sustentada siempre con productividad, tecnología, innovación y capacitación". Es el menor de 7 hermanos de una familia barranquillera, dedicada a la fabricación de maquinaria agroindustrial. Superbrix se encuentra hoy entre las tres primeras empresas para el desarrollo de tecnología arrocera en América Latina. La innovación es uno de sus principales desafíos. Por ejemplo, creó el horno quemador de cascarilla de arroz, para uso en secamiento de granos, que se convirtió en el primero en América en reemplazar combustibles como diesel o gas. También diseñó y desarrolló una máquina separadora de paddy que llevó a Europa, en donde tiene vendidas más de 120 unidades. Estos proyectos y otros diseños los adelantó con ingenieros, arquitectos, dibujantes y programadores de la empresa, encargados de crear alternativas novedosas en la ingeniería de plantas agroindustriales. Si bien para Ghisays su espíritu impulsivo lo llevó a cometer errores, como su fallido ingreso al mercado de Brasil, también le ha dado a la empresa un mayor dinamismo y una mejor respuesta a los cambios de tecnología y a las necesidades del cliente y del mercado. "Tener destinos tan diferentes como Haití y Bélgica nos ha llevado a comprender que nuestros clientes requieren soluciones muy distintas y adaptaciones al mercado muy claras". Por eso, logró consolidar una organización en la que la gente cada vez gana mayor espacio, sin poner restricciones. Hace 6 años 'botaron' el manual de funciones de la empresa y cada uno en su cargo sabe qué tiene que hacer, con una mente abierta. Así es muy difícil poner límites. Es un convencido del olfato y la intuición, respaldados en análisis concretos y precisos. "En un país y en un entorno donde todo se estudia diez veces, en donde las decisiones son muy lentas, trato de llevar la contraria", sostiene. Tiene una visión a futuro y, en el mediano plazo, una meta muy ambiciosa: ubicar a Super Brix entre las cinco más importantes empresas de tecnología para el procesamiento de arroz en el mundo.
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