| 10/1/2004 12:00:00 AM

María Mercedes Gómez de Bahamón

Creó y consolidó el "Banco de la Mujer", una entidad de micropréstamos con una tasa de mora tres o cuatro veces menor que la del sector financiero.

Caleña, de ascendencia paisa, María Mercedes Gómez de Bahamón ha sido siempre ejecutora en altos cargos, con un profundo énfasis social. Economista de la Universidad del Valle, líder estudiantil, secretaria de Educación de Cali a los 23 años, gerente del club de ejecutivos de la misma ciudad y asesora económica del Senado; ahora se dedica a promover sueños, tanto en su organización, como entre sus clientes.

La Corporación Mundial de la Mujer, Colombia -aunque no es un banco, todos la conocen como el "Banco de la Mujer"-, es una organización llena de sueños, que se están llevando a cabo.

Desde que fundó esta ONG financiera en 1989, ha logrado imprimirle una cultura propia a la organización. Se puede hablar, incluso, de una mística de trabajo. Con esto, ha superado uno de los mayores retos del sector financiero tradicional: otorgar microcréditos. Ha desarrollado una metodología técnica, con la que han conseguido tasas de mora tres o cuatro veces menores que las del sector financiero. Esta labor se ha construido día a día, con un fuerte trabajo dentro de la comunidad.

Todos los días al comienzo de la mañana, retumba en un sencillo edificio de Bogotá ubicado en la Avenida Caracas, con solemnidad, el himno de la empresa. Durante el día que comienza, se otorgarán alrededor de 200 microcréditos, el 20% a microempresarios, y el 80% restante a microempresarias. Todo esto, bajo un estricto sistema de incentivos y una simbología que motiva y da sentido al trabajo de la organización entera.

Las águilas reales, como llama este año a sus analistas de crédito, salen, la mayoría en moto, a visitar casas y negocios para examinar a sus posibles clientes. El año pasado, eran escaladores, que simulaban subir el Everest cada vez que conseguían un nuevo cliente, o cobraban una deuda en mora.

A pesar de estar apoyando a personas de los estratos más bajos para lograr sus sueños, esta institución no es de caridad. El nuestro "es un cliente que paga", aclara María Mercedes con firmeza, no es una labor de beneficencia, es una empresa social.

Por eso, las águilas revisan todos los activos de sus clientes y hacen una valoración de su capacidad de endeudamiento y de pago; 3 sillas de plástico rojas: $80.000, una nevera: $450.000, un televisor: $400.000; en fin, se hace un inventario de los activos del negocio que servirán de garantía en el préstamo que es, en promedio, de $1 millón. La efectividad de esta metodología es sorprendente: tienen en mora 1,6% de su cartera, explica ella con orgullo.

Con el mismo amor al trabajo que les ha inculcado a sus hijos Andrés y Johana, María Mercedes ha expandido, de manera sorprendente, un sistema empresarial con alto impacto social; la clave es, como dice Jalil Gibran en El Profeta, "poner en cuanto hacemos, un aliento de nuestro espíritu".
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