| 6/25/2004 12:00:00 AM

Germán Darío Aguirre

Llevó a la Central Lechera de Manizales, Celema, al punto de despegue de sus ventas, con una mezcla de maquila y exportaciones para América Latina.

"Manizaleño por nacimiento y por convicción". Así se define Germán Darío Aguirre, gerente de la Central Lechera de Manizales, Celema. Este economista de 35 años heredó buena parte de la tradición empresarial de su ciudad, desde cuando trabajó en la Cámara de Comercio y en la gerencia de la Andi de Caldas. En esos sitios, donde manejó problemas públicos y privados de industriales y comerciantes, aprendió el valor de generar riqueza con honestidad y de no dejarse vencer por las adversidades.

Entendió que hacer empresa es un empeño de largo plazo. "Se hace despacio, con transparencia y mística", dice, y cree que así se puede generar rentabilidad "por encima de la mesa, con todas las prestaciones".

Celema no es la más grande de su sector, pero es una de las más rentables. Además es una de las mejor posicionadas para crecer. Terminó la construcción de una planta, desde la cual exportará jugos con la marca AdeS a América Latina, en un contrato de maquila con Unilever, una operación que se hacía antes desde Argentina. Además, con marca Celema venderá en Perú y Ecuador antes de que termine 2004. Así disparará las ventas que dejaron de crecer en 2002 y 2003. Trabajando 24 horas diarias, terminaron el montaje de la planta en nueve meses cuando en circunstancias normales habrían tardado 15.

En los últimos dos años esta empresa de 43 años invirtió $11.000 millones para poder ofrecer leche larga vida. Optó por no enfrentar directamente a sus competidores en Bogotá, sino que se concentró en 8.900 tiendas y supermercados del Eje Cafetero y del Valle donde los márgenes son mejores. Por eso, tiene un Ebitda sobre ventas de 7,6%.

Aguirre maneja Celema con una idea clara: "Póngase las botas. Vaya a la planta, cuando haya utilidades y cuando haya problemas, no solo a dar regaños". Mientras otros hablan de empoderamiento, él lo aplica. Entiende que tiene la responsabilidad de la firma, pero cuando hay trabajos de grupo se convierte en uno más del equipo y respeta las decisiones colectivas. "Eso significa saber agachar la cabeza. Saber que hay que vencer con argumentos".

Cree que los negocios deben ser transparentes, es decir, claros y abiertos para las partes, que deben conocer en detalle lo que tienen para ganar. En Caldas, muchos recomendarían "llevarse entre los cachos" al socio, pero así no habría un segundo negocio, dice.

Casado y con dos hijos, Aguirre quiere seguir empeñado en trabajar por su empresa y su ciudad.
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