| 10/15/2004 12:00:00 AM

Gabriel Silva Luján

Al frente de la Federación Nacional de Cafeteros, Gabriel Silva aprovechó la principal fortaleza de la institución, el conocimiento del café, y lo orientó en la defensa de los ingresos del productor rural.

En 1981, en su oficina, Gabriel Silva tenía un esqueleto de dinosaurio en madera. "Es para recordar que el que no evoluciona, se extingue", les explicaba a sus visitantes. Hacer evolucionar una institución casi centenaria fue la tarea que le tocó veinte años después. Resume su gestión en un trabajo de acercar el árbol de café a la taza. "Entre más nos acerquemos, más vamos a ganar, a generar valor y a fortalecer el reconocimiento del café colombiano", sostiene. Con esta consigna, ha logrado resultados sorprendentes en el año y medio que lleva en la Federación de Cafeteros.

Las tiendas Juan Valdez son lo más vistoso de la estrategia. El plan de abrir 300 puntos de venta en los próximos 5 años y construir con ellos la segunda cadena más grande de cafeterías del mundo ya tiene cimientos en 12 experiencias en Colombia y dos más en Washington y Nueva York. Además de ser el canal ideal para agregarle valor al café colombiano, las tiendas consolidan el prestigio y la visibilidad del producto. Sin embargo, las tiendas son apenas una de las formas de cumplir el objetivo de poner a los caficultores en el nuevo panorama mundial del café.

Silva hizo parte de la comisión de ajuste de la institucionalidad cafetera antes de ser elegido gerente, por lo que ya tenía un plan de navegación para poner en marcha. El tema fue centrar la institución en su mayor competencia: el conocimiento del café.

Por eso, aceleró un programa para aumentar la productividad de los cafetales con planes subsidiados de renovación de siembras y luego para mejorar las prácticas de fertilización. Así consiguió que la producción cafetera se mantuviera, a pesar de las reducciones sustanciales en el área sembrada. Recortó la planta de personal de la Federación, posesionó a seis mujeres en cargos directivos, vendió activos no cruciales para la labor gremial, consiguió el apoyo del gobierno para financiar un plan para sustentar los precios al productor. Propuso un techo a la contribución cafetera de 5% del precio internacional con un tope de US$0,06, como una forma de obligarse a hacer más con menos recursos.

Por formación y carrera, Silva se mueve con facilidad entre empresarios y políticos. Es politólogo de la Universidad de los Andes con concentración en economía y tiene un posgrado de la Johns Hopkins University. En sus primeros trabajos, estuvo cerca de Rodrigo Botero, Rudolf Hommes y María Mercedes Cuéllar en la revista Estrategia Económica y de Juan Martín Caicedo en Fenalco. Fue asesor de Virgilio Barco, consejero de Asuntos Internacionales y luego embajador en Washington de César Gaviria. Retirado de la labor pública, conformó su empresa de aseguramiento. Con experiencia en esos frentes, Silva es ahora el encargado de que el café no se extinga en el país.
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