| 3/19/2004 12:00:00 AM

EDGARDO BARROSO GARCIA

En menos de año y medio, este barranquillero logró que un centro de desarrollo tecnológico dispusiera de recursos propios para funcionar y produjera utilidades.

En 2000, el Centro Tecnológico de Empaque, Embalaje y Transporte, Cenpak, generaba apenas el 57% de sus recursos y la Cámara de Comercio y algunas empresas barranquilleras proporcionaban los fondos restantes. No es un caso extraño. Los 53 centros tecnológicos del país viven de donaciones y de proyectos financiados por entidades estatales.

En 2002, a los 28 años de edad, Edgardo Barroso asumió la dirección ejecutiva de Cenpack. Desde ese momento, se propuso hacer viable la operación a largo plazo con la exportación de servicios de asistencia técnica, capacitación, ensayo y desarrollo de prototipos.

Un año después, Cenpack produjo utilidades. Así demostró que un centro tecnológico en Colombia puede ser financieramente sostenible. La fórmula es sorprendentemente sencilla: administrar el centro como una empresa cualquiera. "Se cree que una empresa de tecnología tiene que gestionarse de una manera diferente, pero se debe manejar como una firma común y corriente, como las que venden yogurt o chocolate", afirma.

Redujo los gastos en 20%, aumentó las ventas (14% en 2002 y 33% en 2003), y condujo un plan exportador que llevó sus servicios 'a la medida' a Ecuador, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y Guatemala.

Las exportaciones representan el 9% de las ventas del centro y en 2004 serán el 12%. Es una estrategia para obtener ingresos permanentes por la venta de servicios en el exterior. Por ello, Cenpack se vinculó al programa Exporte y al Programa Andino de Exportación de Tecnologías y Servicios Tecnológicos, en el cual participa con un proyecto para certificar la calidad de los embalajes y envases de productos que representen riesgo para la salud, el ambiente y la propiedad. Con esto, además de vender, preserva el enfoque de desarrollo tecnológico, que es la esencia del centro.

Este ingeniero, vinculado a Cenpack desde el inicio de sus operaciones en 1999, conformó -más que un equipo de trabajo- una familia. De hecho, todos ellos se conocen desde 1998 cuando viajaron a España para formarse en el tema de empaques.

Casado, más serio que la mayoría de los barranquilleros, se califica como un testarudo que quiere llegar a donde se lo propone. Y quizás por su juventud y sus logros, lo consiga.
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