Augusto Jiménez

| 6/8/2001 12:00:00 AM

Augusto Jiménez

La Drummond demuestra que en Colombia es posible emprender proyectos que benefician al país, a las comunidades y al sector privado.

Cargo



Presidente Drummond Ltda., en Colombia



Educación



Abogado, Universidad Externado.



Magíster en Derecho (L.L.M.), Universidad de Harvard.



Trayectoria



1973-1988 Socio senior de Jiménez Neira Asociados.



1974-1976 Secretario privado y general Mineducación.



1974-1976 Secretario ejecutivo de la Comisión Unesco.



Desde 1976 Profesor Universidad Externado.



Desde 1978 Representante legal The Sumitomo Bank.



Desde 1988 Presidente de Drummond Colombia.



Después de estudiar en excelentes universidades, de ser un destacado abogado y de traer y asesorar a importantes multinacionales como Merck Sharp & Dohme, Mitsubishi, Fiat, Alitalia y Alcatel, y nacionales como Avianca y AGA Fano, Augusto Jiménez terminó siendo carbonero.

A sus 52 años, cree que su futuro y el de Colombia es negro y muy prometedor. Como presidente de Drummond, logró llevar del papel a la realidad la segunda mina de carbón en el país, y hoy vende la buena energía de Colombia en el mundo.



Su relación con la compañía se inició en 1987 como asesor externo, cuando Drummond decidió apostarle al país. El reto era, en su momento, casi imposible de lograr, pues además de la mina, la compañía debía operar un tren y construir un puerto, algo en lo que tenía poca, por no decir ninguna experiencia. Además, el prestigio de estos dos sistemas estaba en el suelo y nadie en el país creía en su eficiencia.



A pesar de la dificultad, este bogotano, doctor en derecho de la Universidad Externado y especializado en Harvard University, decidió dejar atrás todo lo que había construido como asesor internacional y dedicarse al carbón, al aceptar la presidencia de la Drummond en Colombia en 1988.



Tras 8 años de esfuerzo, de estudios de factibilidad, técnicos, de minería, de buscar financiación y de 280 permisos y licencias ambientales, la compañía pudo sacar la primera pala de carbón en 1994. Por eso, Garry Drummond, dueño de la compañía, dijo en esa época, a manera de chiste, que nunca había invertido tanto dinero en sacar tantas toneladas de papel.



Los 1.500 empleados directos y los 6.000 indirectos trabajan en un proyecto que apareció en una zona olvidada. El 90% de los empleados son de la región. Eran campesinos y pescadores que han sido capacitados como operarios altamente calificados. Hoy, La Loma es una de las operaciones más eficientes de Drummond.



Jiménez y muchos otros viven de un sueño hecho realidad. La compañía exportará 15 millones de toneladas en el 2001 y en dos años, 25 millones. A pesar de los atentados, la Drummond piensa abrir dos nuevas minas, Guaimaral y El Descanso. De este proceso, Jiménez ha aprendido que para lograr el éxito hay que perseverar, creer en el trabajo, en el país y saber que se pueden hacer las cosas bien y dentro del marco de la ley.



Medido en sus palabras, directo, trabajador incansable, Jiménez siempre guarda espacio en el día para estar con su esposa, Clemencia, y sus 3 hijos; y en la semana para jugar golf. Desde niño fue campeón y se podría decir que es uno de los pocos colombianos que se ha dado el lujo de jugar con los tres golfistas que más ha admirado: Jack Nicklaus, Fred Couples y Tiger Woods. De este brillante golfista, con quien estuvo jugando hace un par de meses en California, aprendió que "hay que concentrarse en el objetivo y pegar siempre derecho". Lo mismo que han hecho la Drummond en Colombia y Augusto Jiménez en su vida.
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