| 9/2/2005 12:00:00 AM

Alejandro Gaviria

Uno de los mejores economistas jóvenes del país se dedica a investigar los problemas sociales colombianos.

En solo cinco días recibió el premio Juan Luis Londoño de la Cuesta del Banco de la República, el primero que se otorga, como reconocimiento a sus trabajos de investigación sobre la equidad social y lanzó su libro Del romanticismo al realismo social.

Este paisa, curiosamente nacido en Santiago de Chile, se siente raro en la sección Top Executive. De hecho, en uno de sus ensayos se ríe un poco de los gerentes. En broma, los llama "competitivos, frenéticos y acelerados, con notas perfectas y título de Harvard".

Gaviria, de 39 años, estudió ingeniería civil en la Escuela de Ingeniería de Antioquia. En su mente estaba hacer una especialización en administración, pero se encontró medio al azar con la economía. Así, terminó haciendo una maestría en la Universidad de los Andes, donde se graduó con honores. Trabajó como investigador en la Federación de Cafeteros y Planeación Nacional y con la beca Lauchlin Currie en el bolsillo, hizo un doctorado en economía en la Universidad de California. En 1997 pudo financiar su tesis al recibir la beca Alfred P. Sloan, distinción que solo entregan a los 25 mejores estudiantes de economía en Estados Unidos.

Con todo, considera que el premio que recibió la semana pasada es el más importante de su carrera. "Creo que ambos crecimos en sitios parecidos y fuimos criados de manera similar. Pero en materia de política económica, Juan Luis era más entusiasta. Quería cambiar todo muy rápido. Yo soy más reservado y cauteloso". Gaviria no oculta su admiración por el legado del ex ministro.

Aunque vivió desde los dos años en Medellín, nunca ha sido regionalista y a pesar de su marcado acento antioqueño, no le gustan los ponchos ni los caballos. De la cultura paisa, en cambio, aprecia a escritores como Fernando Vallejo.

Su pasión por la economía social la desarrolló en el colegio Jorge Robledo, donde fue compañero de Aníbal Gaviria, actual gobernador de Antioquia. De ese interés entusiasta son sus artículos sobre distribución del ingreso, educación y criminalidad y sus libros Los que se suben y los que bajan, sobre educación y movilidad social en Colombia y Del romanticismo al realismo social, su primer intento de llegarle a todo tipo de públicos.

Este académico se exaspera por la confusión en el gasto social. El diagnóstico es paradójico: aunque en los últimos 15 años este gasto se triplicó, las condiciones de vida de la población empeoraron. "La gente reclama más gasto social, cuando el desafío es hacer más eficiente el que tenemos", dice. Los observadores se equivocan cuando dicen que los gobiernos deben hacer más gasto social. "El gasto no depende del gobierno de turno, pues está ordenado legalmente en la Constitución", aclara.

Desde su oficina de la Universidad de los Andes, el profesor Gaviria cree que siempre vivirá en Colombia formando economistas que quieran, como él, hacer algo por el país.
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