| 2/20/2013 6:00:00 PM

Workaholics billonarios

Amantes de las jornadas laborales largas y estresantes, varios de los hombres más ricos del mundo son incapaces de dejar de trabajar. ¿Obsesión, o clave del éxito?

A los magnates, como los que se reunieron en el foro de Davos hace unos días, les gusta definirse como workaholics, porque es una forma de demostrar que su riqueza se debe únicamente al esfuerzo.

Esta posición difiere de la frase que ha hecho carrera en Colombia: ‘si mañana no vengo a trabajar, es porque me gané el Baloto’, palabras favoritas de quienes sueñan con convertirse en millonarios de la noche a la mañana.

Sin embargo, aquellos que ya cuentan con abultadas fortunas, en lo último que piensan es en dejar de trabajar. Incluso, su principal característica es el disfrutar la actividad que los convirtió en millonarios y no la abandonan así hayan realizado procesos de sucesión.

Uno de ellos es el del hombre más rico de Colombia, Luis Carlos Sarmiento Angulo (cuya fortuna equivale a unos 350 Balotos, si se toma en cuenta el valor promedio que se ha entregado como premio en los últimos 11 años). A sus 80 años, sus días comienzan a las 6:30 a.m. con la lectura de periódicos, luego media hora de deporte y después a la oficina. Regresa a su casa “como a las 9 de la noche”, contó recientemente en una entrevista a Caracol Radio.

Los mega-ricos no llevan una vida de vacaciones permanentes y, por el contrario, realmente se dedican a su trabajo. No se la pasan a diario en almuerzos de cuatro horas, sus jornadas laborales superan las ocho horas diarias y pueden ser tan estresantes como las de sus subalternos.

Por eso muchos se preguntan ¿por qué lo hacen si tienen suficiente dinero para quedarse disfrutando en sus yates o islas privadas? La primera respuesta obvia es que su dedicación al trabajo fue la que los convirtió en magnates. La revista Forbes les preguntó a varios millonarios la razón que los lleva a seguir en la oficina y las repuestas son “para seguir prosperando” y que no ven razón para parar, pues hacen lo que les gusta. 

Un caso emblemático es el del estadounidense Bob Shullman, quien se convirtió en millonario al presidir la encuestadora Ipsos Mendelsohn en Estados Unidos. Se retiró en enero de 2012 y este año lanzó una nueva empresa de investigaciones llamada Shullman Research Center. Su argumento para no dejar de trabajar es que “le gusta vivir con un reto constante”.
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