| 9/5/2014 3:00:00 PM

La pinta del banquero

Con el argumento de que los bancos deberían hacer negocios con su propio capital y no con el de sus clientes, como lo hacen el resto de empresas, una economista de Stanford tiene en vilo a Wall Street.

Al igual que en el cuento de Hans Christian Andersen, El traje nuevo del emperador, en el que un niño es el único capaz de decir que el emperador no tenía un traje transparente que solo podían ver los más inteligentes, sino que estaba desnudo; una economista de Stanford de origen israelí parecería estar diciendo la misma verdad obvia sobre los bancos.

Se trata de Anat Admati, una de las 100 personas que Time eligió este año como las más influyentes del mundo, quien escribió un libro con propuestas que tienen en vilo a Wall Street y al sistema financiero del mundo desarrollado.

En su obra The Banker’s New Clothes: What’s Wrong With Banking and What to Do About It (El traje nuevo del banquero: qué ocurre con la banca y qué hacer con ella, según una traducción digital que se vende en internet) hace un análisis muy sencillo: ¿por qué los bancos, incluso después de las crisis financieras, hacen 95% de sus negocios con dinero de sus clientes y no arriesgan el propio? Muchas otras industrias quisieran poder hacer lo mismo, pero no pueden y tienen que poner su propio capital, vendiendo acciones o endeudándose. ¿Es que los banqueros tienen corona? Se pregunta la economista y su respuesta es un tajante no. Agrega que las reformas financieras deberían buscar que los bancos trabajen con más capital propio y menos con el de sus clientes, para que así, cuando tengan problemas, no se lleven por delante las economías de sus países.

Este planteamiento está siendo considerado por banqueros centrales, hacedores de política y economistas alrededor del mundo y, por eso, la revista Time la calificó como una persona influyente.

La preocupación de los mercados financieros está en que Admati, quien en realidad es coautora del libro, pues también participó su colega Martin Hellwig, no solo está siendo escuchada en eventos clave para la industria como el Foro de Davos o el Comité Bancario del Senado estadounidense, sino que a principios de agosto fue invitada por el presidente Barack Obama a un almuerzo para discutir sus ideas sobre cómo acelerar el crecimiento y la competitividad.

Al almuerzo también asistieron otros economistas prominentes como el premio Nobel Paul Krugman. El evento despertó suspicacias en Wall Street, pues comisionistas y banqueros temen que a Obama le hablen al oído economistas con ideas en contra del sistema financiero.

Lo que no les gusta de la israelita y su libro es su propuesta de que la mejor manera de controlar el sistema bancario consiste en preocuparse menos de lo que hace con el dinero y más en sus fuentes de financiación.

Eso llevó a Admati a sugerir que los bancos sean obligados a ampliar hasta 30% su financiación a través de la venta de acciones, seis veces más que la media actual de los grandes bancos estadounidenses. Esto, según un análisis de The New York Times, no afectaría sus fuentes de financiación pero sí limitaría en gran medida su capacidad para pagar dividendos, uno de los principales atractivos para los accionistas de los bancos.

Aunque sus ideas han sido calificadas por sus críticos como poco prácticas y dañinas para la economía estadounidense, figuras destacadas como el vicepresidente de la Reserva Federal, Stanley Fischer, destacaron su campaña pues desde 2008, tras la crisis financiera, ella viene criticando la forma como se regula la banca.

Hasta antes de ese año, Admati estaba dedicada a resolver complicados modelos financieros, sin ponerle mucha atención al sistema mismo, pero con la crisis empezó a meterse en el tema. Lo que descubrió –millonarios bonos para los banqueros, elevada toma de riesgos y altas utilidades, entre otras cosas–, le molestó tanto que desde entonces empezó a buscar soluciones distintas a las tradicionales, las cuales finalmente plasmó en su libro.

No obstante, sus propuestas no tienen un camino fácil. A las críticas de los banqueros se suman las de autoridades como Fischer, quien insiste en que son ideas lógicas pero que su país es práctico y no puede implementarlas si otros países no lo hacen. Temen que si les exigen más capital a sus bancos, las empresas sufran por una menor oferta de crédito o se vayan a buscarlo fuera de Estados Unidos.

Así las cosas, parecería que el traje de los banqueros seguirá siendo visible solo para unos pocos..
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