La vanidad masculina está acelerando el movimiento en las cajas registradoras de negocios dedicados al cuidado capilar. La promesa de devolverles a sus clientes la melena perdida –ya sea por los años o por el estrés– ha hecho sucumbir a más de uno. Estrellas como Nicolas Cage, Mel Gibson, Jude Law o George Clooney; o magnates como Eike Batista o Silvio Berlusconi han acudido a estos tratamientos. El negocio registra un sano crecimiento: la International Society of Hair Restauration estimó que en 2010 los implantes capilares en el mundo vendieron US$1.500 millones, cifra que creció el año pasado 10% y este año podría remontarse.
Pero el costo de tener una abundante cabellera no es como “quitarle un pelo a un gato”. Si son sofisticados y de alta calidad, cuestan entre los US$35.000 que pagó el magnate brasilero Eike Batista –en la clínica Tricosalus de Sao Paulo–, y los US$40.000, del exministro italiano Silvio Berlusconi o el futbolista del Manchester United, Wayne Rooney. El furor en estos tratamientos lo imponen dos técnicas: FUE (Folicular Unit Extraction), en la que se implanta “cabello a cabello”; o Tira, con anestesia local, que incluye un corte de una tira de cabello de la parte cercana a la nuca, cuyos folículos se implantan. La opción de Batista incluye un postizo en tela respirable –un segundo cuero cabelludo–, con cosido a mano de cabello real, que cubre con las áreas afectadas. Las opciones son variadas; pero mayor calidad, la tarifa sube, un tema que obviamente no les quita el sueño a los ricos y famosos.