| 12/1/1997 12:00:00 AM

La liberación carcelaria.

Mientras la opinión pública centraba su atención en el fallido proyecto de extradición, el Congreso de la República se encuentra próximo a aprobar un paquete de estímulos a la delincuencia.



El proyecto 168 de 1996, por el cual se normatiza la alternatividad de la legislación penal y penitenciaria y se dictan otras disposiciones para descongestionar los establecimientos carcelarios, ha tenido su aprobación en las Comisiones Primera del Senado y la Cámara y se encuentra para su aprobación en las plenarias durante la primera semana de diciembre. Detrás del loable propósito de evitar detenciones innecesarias, mejorar las condiciones de reclusión y respetar los derechos de los condenados, se ha gestado una modificación de los códigos Penal y de Procedimiento Penal que legaliza la impunidad. Se trata, al parecer, de desocupar las cárceles a cualquier costo.



La alternatividad penal tiene joyas como las siguientes.



1) Se hace más difícil la detención preventiva, pues se eliminan las posibilidades de captura en flagrancia, en estado de alcohol o alucinógenos, por homicidio en accidentes de tráfico o por hurto calificado.



2) Se reduce la pena de cárcel para aquellos delitos con pena mínima de cinco años o menos, como el hurto común o el enriquecimiento ilícito. En estos casos se facilita la detención domiciliaria y la libertad provisional.



3) Se reducen a la mitad las penas para homicidio simple y para homicidio agravado.



A pesar que el Consejo de Política Criminal recomendó al gobierno retirar el proyecto, la ministra de Justicia no ha ejercido esta facultad.



Hay alborozo en las cárceles, pues de aprobarse el proyecto 3.000 detenidos quedarían liberados, entre ellos varios parlamentarios.
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