| 1/19/2007 12:00:00 AM

Un perfil colombiano para la tecnología

Con la ayuda de varios ejecutivos de empresas nacionales y extranjeras de tecnología, tratamos de establecer a quién buscan para trabajar en el sector.

Hace poco, en diálogo con Sandra Rubio, directora comercial de la desarrolladora colombiana de software Heinsohn, abordamos el tema de las oportunidades que la empresa había identificado en Holanda sobre fabricación de aplicaciones y soluciones para el mercado europeo. La luz es potente en lo que se refiere a maquilar y a desarrollar a la medida para firmas que comercializan y distribuyen en el viejo continente. Es el viejo y renombrado modelo de offshore que ha sido bien aprovechado por indios, chinos e irlandeses, incluso algunos de los países de la antigua cortina de hierro, como Rumania, empiezan a ser importantes por esta vía de trabajo tecnológico.

Todos le apuntan a un mercado que crece de la mano con el incremento del negocio tecnológico en el mundo, que según Gartner, solo en lo que respecta al segmento global de los servicios de tecnologías de información, se espera que pase de US$175.000 millones en 2003 a US$236.000 millones en este 2007, como resultado de un crecimiento anual compuesto de 7,8%, así que las apuestas van por una gran tajada de este "chip-cake".

En la charla quedó claro que por formación de su capital humano en aspectos técnicos, calidad de desarrollos y cumplimiento, Colombia debería estar, apalancada por los costos de la mano obra, en el grupo de élite exportadora de software. Sin embargo, aún estamos lejos de estos países. Las explicaciones no son nuevas y, en su mayoría, los diagnósticos son claros: al talento se le debe ayudar con recursos para especializarse, a la industria con gestión y regulación para organizarse y agremiarse, y al producto con promoción y marca país que signifique calidad certificada y regulación para lograrla. No son puntos novedosos en absoluto, pero sí vacíos más notorios en la medida en que nuestros vecinos se muevan mejor como lo viene haciendo ya Uruguay y desde el año pasado Brasil.

De hecho, en un documento de la Cámara de Comercio de Bogotá sobre la capacidad exportadora de software en el país, fechado en 2005 pero muy actual por su profundidad de análisis, además de que no son muchos los que se hacen, la entidad afirma que "(…) en el caso colombiano se cuenta con esta infraestructura, pero no existen las condiciones necesarias para competir en la arena global".
 
 Y reflexiona sobre que "la legislación colombiana respecto al sector informático es muy incipiente, este sector carece de (…) unas reglas claras para ser potenciado. Se tienen iniciativas aisladas que promueven el sector, pero programas que impulsen la industria de las tecnologías de información, como la Agenda de Conectividad, han perdido todo el apoyo gubernamental y sus frutos no son los esperados, pues se alcanzaron algunos objetivos dentro del programa, pero no los necesarios para impulsar el sector a nivel mundial. Lo mismo ocurrió con la iniciativa llamada Consejo Nacional de Informática, que publicó Lineamientos para una política nacional de informática, pero 'el alcance de los objetivos por parte de cada uno de los miembros fue bajo'. Se debe enfatizar que aunque existe reglamentación, no es la adecuada ni segmenta las diferentes actividades que componen la cadena productiva".

Paso a paso

Algunos días luego de la charla con Sandra Rubio sobre las conclusiones de su viaje a Holanda, nos llegó información de Open Systems y sus primeras experiencias publicadas del programa "Semilleros", con el cual ha logrado involucrar a 124 estudiantes de Ingeniería de Sistemas, Ingeniería Electrónica y Telecomunicaciones, de diversas universidades de toda Colombia, contando con la participación de 570 estudiantes que han sido evaluados por el "Programa de Búsqueda de Talentos" de esa compañía caleña.

Este programa que Open define como "una iniciativa educativa y de formación integral que pretende trabajar en el fortalecimiento de las aptitudes, habilidades y competencias del profesional colombiano del sector de tecnologías de la información para reforzar así el nivel de competitividad en esta industria a nivel internacional, mediate el trabajo conjunto y la transmisión de conocimiento entre las universidades y el sector privado", surge en la búsqueda de llenar esos vacíos de los cuales hablábamos con Sandra Rubio, de Heinsohn.

Cerrar la brecha entre lo académico y lo real no solo en lo técnico, sino en habilidades administrativas, comerciales y de mercadeo, es sin duda un primer paso concreto en la búsqueda de un perfil colombiano de desarrolladores de tecnología competitivos en el contexto global.

"El Programa 'Semilleros' de Open va más allá del entrenamiento y aprendizaje, es un trabajo de gestión y transmisión del conocimiento que busca —mediante el coaching, situaciones reales de negocio y diversos mecanismos— fortalecer las habilidades de los nuevos profesionales colombianos en procesos vitales para el negocio de tecnologías en el mercado internacional: el desarrollo de software, el mercadeo y el soporte preventa y posventa", explica Hugo Ocampo, gerente de gestión Humana de Open Systems.

Este programa de Open busca que la compañía pueda contar con los talentos más integrales del país y reducir sus costos de enganche. "Invertimos hasta el momento más de 10.000 horas hombre en escoger a los mejores y capacitarlos específicamente en el ejercicio de lo real de esta industria. Cada estudiante, hasta lograr que pueda ser incorporado a nuestra planta, nos implica una inversión de $500.000 semestrales, lo que es muy bajo si pensamos que al contratarlo sin mayor evaluación y filtro tendríamos que incurrir en gastos de $1,5 millones mensuales y brindarle la misma capacitación sin la certeza de que se integrará y realmente tiene las destrezas para aportar a nuestra estrategia", dice Benito Pardini, gerente del centro de desarrollo de software de Open Systems.

Además del retorno como inversión, el plan "Semilleros" ha posibilitado que cerca del 38% del equipo de ingenieros de Open provenga de allí, logrando continuidad y ubicarse en posiciones estratégicas en la estructura internacional de la empresa, e incluso en otras compañías del sector.

De estos diálogos surgió como conclusión que los aspectos meramente técnicos y la capacitación en lógica y otras habilidades de programación no son suficientes a la hora de abordar los mercados internacionales, sino que se necesitan otras habilidades para empezar a formar el nido de talentos que le permita a Colombia explotar su calidad ya demostrada como país de desarrolladores y participar de los réditos del offshore, segmento en el que incluso la compatibilidad cultural es clave. Y los holandeses buscan ahora el aroma colombiano, sofocados un poco por el almizcle indio.



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