| 2/16/2007 12:00:00 AM

Sembrar innovación y recortar impuestos

Las empresas colombianas cuentan con estímulos tributarios que pueden perder por desconocerlos y no aprovecharlos. Es hora de ir por ellos y defenderlos.

Comprar tecnología —hardware y software, sí, pero también maquinaria e incluso procesos para mejorar sus operaciones— es para muchas empresas una tarea de sumas y restas que finalmente se resuelve en quedarse con lo más barato, aunque no sea precisamente lo que se requería.

Pero, ¿cuál sería el resultado si en la ecuación de rentabilidad y retornos incluyen la posibilidad de reducir hasta el 125% de lo que invierten, en lo que deben pagar por impuesto de renta? Seguramente, los números se hacen más atractivos y la posibilidad de robustecer la compañía no es una utopía de ricos.

Empresas en todo el país, como Codensa, EPM, Procaps, Tecnas, Panaca, Exiplas, Necotec y muchas otras —aunque no todas las que podrían ser—, entre pyme y multinacionales, han logrado exenciones tributarias por cientos y miles de millones de pesos por contar lo que han hecho y pueden hacer con sus inversiones en tecnologías blandas y duras. Sin que les cueste un peso, han documentado y llevado al Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Francisco José de Caldas, Colciencias, sus proyectos de innovación y transferencia de tecnología, haciendo posible la existencia de unidades de investigación y desarrollo (I&D) rentables en sus organizaciones.

Desde la panela granulada hasta sofisticados sistemas de facturación, pasando por procesos de gestión y servicio, clasificaron en las evaluaciones de Colciencias y han logrado los incentivos fiscales que la Ley 633 de 2000 ha afinado y dispuesto para estimular la innovación en el país. En el caso de Tecnas, estos estímulos le han permitido convertirse en una gran empresa de insumos (saborizantes, endulzantes, conservantes…) para la industria de alimentos, con más de 157 empleados, la mitad de ellos concentrados en el área de I&D, y con programas de capacitación constantes, alianzas con universidades y operaciones en 4 ciudades del país. "Hemos participado en el programa de Colciencias desde 2004, y hemos logrado un promedio de ahorros de hasta el 80% en nuestras inversiones de tecnología y el desarrollo de nuevos productos", destaca Eddier Martínez, asistente de investigación en Tecnas de Medellín, la casa matriz de esta empresa nacional.

"Lo que podría haber sido tan solo una capacitación de ingenieros para usar, soportar y escalar un nuevo sistema de facturación, se convirtió en un proyecto para Codensa que casi se pagó solo, gracias a una deducción de $1.958 millones", comenta Robin Barquin, gerente general de Synapsis Colombia, empresa de desarrollo y gestión de tecnología, parte del grupo Endesa. En este caso, Codensa adquirió un sistema de información comercial (Sinergia 4J) a Synapsis, y documentó este proyecto en cuanto a servicios técnicos prestados, capacitación y documentación, y hasta viajes necesarios, lo cual fue evaluado por Colciencias sin costo alguno, dando luego una certificación para obtener la exención tributaria frente a la Dian.

Faltan empresas
Si bien la solicitud de evaluaciones y la afluencia de empresas que buscan disfrutar los incentivos tributarios por innovación y transferencia de tecnología han aumentado en los últimos 3 años, el número de empresas que usan el mecanismo es muy pequeño respecto a las expectativas de Colciencias. "Tenemos un crecimiento lento, debido a la poca difusión que ha tenido (el programa). En principio, lo han jalonado las grandes y medianas empresas, pero lo que nos interesa es que las pyme lo aprovechen y puedan crecer… si lo aprovechan", explica Galo Tovar, de la subdirección de innovación y desarrollo empresarial de Colciencias.

Lo peor es que sin lograr una masa crítica de empresas que aprovechen estos beneficios, el gobierno ha desconocido su importancia y aporte al desarrollo del país y en las últimas reformas tributarias y sin que casi nadie lo sepa, estos motores de la competitividad y la generación de empleo altamente calificado han estado a punto de ser apagados. "Es preocupante que estos estímulos desaparezcan, pues gracias a ellos empresas como esta pueden sostener la inversión en tecnología, lograr verdadera transferencia tecnológica y ante todo trabajar en innovar para ganar mercados", asevera Eddier Martínez, de Tecnas.

El impacto de este tipo de estímulos en la productividad y el desarrollo del país se midió por última vez en 2000, cuando se refrendaron y ampliaron los incentivos al pasar del 100% del valor de la inversión para ser deducida del impuesto sobre la renta, como se tenía desde 1994, hasta el 125% como está hasta ahora. Según los datos que se obtuvieron, se pudo establecer que el Estado había financiado proyectos por $6.578 millones en exenciones tributarias, logrando $74.000 millones en nuevas inversiones en I&D, ingresos por $13.424 millones por impuestos directos a esas inversiones, $3.858 millones en impuestos indirectos y $20.430 millones en ahorro de divisas. Números de Colciencias que hablan por sí solos del alcance del programa hasta ese momento y sin mejoras. Se planea una nueva evaluación de su impacto para el segundo semestre de este año, con el fin de ahuyentar los fantasmas que lo rodean. "Hasta ahora, podemos decir que por cada $1 que es deducido, se llegan a generar hasta $6 en aumento de la producción, utilidades y tributos, además de la generación de empleo que impulsa", dice Tovar, de Colciencias.

"Con un ahorro del 40% del costo del proyecto, no solo ganó el cliente, sino que nosotros podemos mostrar conocimiento y calidad de servicio a más clientes. Más allá de vender un producto, aseguramos experiencia en el manejo de proyectos que bien documentados cuestan menos de lo pensado", dice Jorge Ernesto Orozco, gerente de marketing y comunicaciones de Synapsis Colombia, subrayando la importancia de este programa para todas las partes involucradas.

Colombia sigue rezagada en I&D frente a sus vecinos de patio y casi a años luz de Corea o Irlanda, referentes congruentes con su potencial; potenciar la empresa privada como generador de innovación e incentivar el crecimiento de una industria con alto valor agregado pueden cerrar la brecha de competitividad con el mundo. Políticas fiscales que benefician a largo plazo la inversión en innovación y tecnología como los créditos fiscales y las exenciones directas por generación de empleo con altas especificaciones, aún son incentivos ausentes en el país que ya impulsan la I&D en Brasil y Uruguay, y que aquí pueden hacer los milagros que se buscan flexibilizando la contratación y reduciendo impuestos solo a las grandes empresas.
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