| 2/15/2008 12:00:00 AM

Emigrantes del software

Aunque el talento nacional es su materia prima, muchas empresas colombianas deben sacar parte de su operación del país para ser realmente competitivas y crecer.

La prestación de servicios y su exportación es uno de los sectores de la economía que mayor crecimiento sostenible ha mostrado en todos los países del mundo; y la economía del conocimiento se basa en esta tendencia.

El movimiento transfronterizo de conocimiento, enmarcado en la exportación de servicios, se caracteriza por el envío de un producto intangible y el requerimiento de capital humano altamente especializado como parte del 'paquete'. El caso más significativo lo encontramos en los exportadores de software. Sin embargo, en Colombia las bondades de este formato comercial se ven limitadas y han hecho que para muchas empresas sea difícil exportar, para otras no deseable, y para las que se han atrevido a hacerlo signifique aumentar sus costos y dilatar los beneficios de su esfuerzo, por la barreras que encuentran en su tierra para su iniciativa. Las más grandes exportadoras optan por hacer playa fuera del país para no fenecer en su sueño y aunque su orgullo de ser colombianas sea evidente, sus facturas tienen muchas veces otro pasaporte.

Si revisamos las cifras de exportación de software colombiano, nos encontraremos conque hace cinco años exportábamos casi seis veces más que hoy: alrededor de US$25 millones de ventas en 2003 mientras que, según Fedesoft, los números reflejarían lánguidos US$4 millones el año pasado. Pero que no cunda el pánico, no es que en el país se estén acabando las empresas desarrolladoras, o que nadie nos compre. No. La explicación es tan sencilla como compleja, igual que lo es el problema que enfrenta el sector de software en el país, y su solución.

Todo arranca, según exportadores, Fedesoft y Pymes con ganas de exportar, en que a estas alturas del siglo XXI todavía en el país no tenemos una definición clara de lo que es software: bien o servicio, esa es la cuestión.

Alberto Pradilla, presidente de la junta directiva de Fedesoft, explica que la Dian interpreta que es un servicio para exportar, mientras que para importar se permite hacerlo como bien o como servicio. La diferencia radica en cómo llega o sale el producto. Si es un bien, debe ser algo tangible y resultado de un proceso industrial, mientras que si es un servicio se debe certificar a dónde va y quién lo va a recibir, entre otras muchas condiciones para que el intangible servicio tenga cuerpo para el fisco.

Muchos problemas

Empezamos con el víacrucis. Resulta que para exportar software como un bien, debe ir en un disco compacto, pero no quemado como usted y yo lo haríamos en la casa, no, el empresario debe exportar un disco prensado en un estudio, y resulta que para obtenerlo debe pagar la producción de mínimo 1.000, cuando solo necesita uno para su cliente. Así que son pocos los que optan por esta forma.

De otro lado, para sacar su desarrollo como servicio, entonces debe realizar una serie de pasos para que la Dian pueda seguir esa venta obligando al exportador a ser un experto en tramitología; de lo contrario, "se ve expuesto a caer en multas por falta de documentos o saltarse procesos de exportación del servicio", comenta Marcel Mancer, gerente de Bizagi, una de las principales exportadoras formales del país. Pero realmente esa es la barrera menor, pues ya hecha la venta, el empresario colombiano debe pagar en el exterior una retención que puede llegar hasta al 40% del costo del servicio (software). "Este impuesto puede ser menor o no existir si Colombia tiene un convenio con el país al que se exporta, pero por ahora solo se tiene con los países de la Comunidad Andina", dice Hernando Parrot, vicepresidente de desarrollo de negocios de Open Systems, otra de las grandes exportadoras formales del país. En el cono sur, en Argentina, por ejemplo, el software holandés está cobijado con un acuerdo y paga una retención del 16%, mientras que el colombiano asume un impuesto del 35%.

Y aunque este pago de retención puede ser deducible de impuestos en Colombia, la forma en que aplica lo hace casi inservible para una pequeña empresa de software, como lo son el 98% de las locales. Resulta que, contrario a lo que se cree, para una empresa en el país exportar no es rentable, pues el cierre de una venta de tecnología es de ciclos largos, de meses en muchos casos, y si es muy grande la solución y muy especializada la implementación puede tomar años. Por esta razón un negocio tecnológico no da ingresos tan pronto sale del país. En contraste, el desplazamiento por avión, los viáticos y otros costos de los expertos que deben ir a cerrar la venta corren, sostenidos por la esperanza de un buen pago al final del ciclo, pero sin la posibilidad de ser deducidos oportunamente de los impuestos que su actividad ya está causando.

Si bien el costo de la retención que debe pagar el empresario al exportar, en teoría puede ser reducido de la renta una vez ingresa el dinero al país, resulta que la renta está dada por la diferencia entre los ingresos y los egresos de esa operación, y los exportadores afirman que con todos los gastos y pagos anteriores no hay rentabilidad suficiente para que al calcular la reducción pueda cubrir el costo de las retenciones más los gastos de trabajo.

Es decir, si un desarrollo se exporta en $100, $40 se van en retención en el país destino y otros $20 en los costos de trabajo para cerrar el negocio allá. Así que el desarrollador se queda con $40 para pagar el desarrollo del software en Colombia y obtener una renta sobre la cual el fisco le hará una exención del 40%. "Eso no alcanza a cubrir la operación de nadie", dicen todos.

A esta ecuación a pérdida, se debe sumar que al traer al país los dólares del servicio prestado, vía Banco de la República, la empresa debe contar con un colchón financiero, pues en el momento en que anuncia la exportación tiene un tiempo establecido para entrar el dinero, de lo contrario debe pagar una sanción de hasta 200% del valor de la venta. Y, con ciclos largos de cierre y pago del negocio, como es natural en el ámbito tecnológico, son pocas las empresas que tienen el dinero para saldar la multa o pueden obtener rápido el pago de su cliente.

Como se ve, la exportación de software es casi una odisea y por eso son cada vez más las empresas que optan por "abrir una oficina en EE.UU. o una cuenta bancaria personal para que sus clientes hagan los pagos, enviar el desarrollo por internet y evitarse trámites y ante todo pérdidas por las cargas tributarias que de principio les impedirían hacer la exportación", comenta Pradilla, de Fedesoft. Pero las que no tienen capital para hacer esto, pues no exportan.

550 empresas formales son desarrolladoras de software en Colombia, y de estas exportan 15 ó 20 de acuerdo a las cifras que se pueden tener vía Dian y Banco de la República, entre datos de ventas de discos y el sector entero de servicios. Del total de software desarrollado y vendido en el país, solo un 12% ó 13% es puesto en el exterior, dice Fedesoft.

Soluciones estancadas

Según la gente de la industria, las barreras existentes no se han caído porque no se le ha puesto seriedad a entender lo que es software y lo que jalona en puestos de trabajo formales y bien remunerados, y ante todo no se ha querido entender cómo se trabaja en una economía del conocimiento. Además, dice Fedesoft, en el Estado se dice que el sector es pequeño en su participación en el PIB y se dilata una solución a la problemática por este argumento. "No se entiende el impacto de las TI en el crecimiento total de la economía y lo que podría hacerse por todo el PIB si el sector per se crece. Si se dan soluciones, el sector crecería rápidamente y con él otros. En EE.UU. el sector TI crece 10% y es responsable de un 40% del crecimiento de toda la economía", explica Pradilla.

Los expertos piensan que se pueden revisar mecanismos para facilitar el ingreso de los retornos de las exportaciones para incentivar a pequeñas empresas a meterse en la onda exportadora. Aducen que las legislaciones están atadas a productos tradicionales y que esta brecha con el presente no facilita las exportaciones de conocimiento y aleja al país de vecinos como Uruguay, Brasil y México que se han puesto en la tarea de asegurar su talento e impulsar su industria de TI.

Subrayan que no se ha conseguido tener una política clara para el sector de software que incentive su crecimiento y la permanencia de sus empresas en el país. "Se ha hablado mucho del éxito de Irlanda o India, pero no se ha diseñado realmente nada que nos permita tener una infraestructura educativa y comercial que soporte el crecimiento de la industria", afirma Parrot, de Open Systems.

Otra gran preocupación para la industria es el creciente déficit de mano de obra calificada para soportar un crecimiento serio de la industria. "El talento colombiano es muy apetecido en la región, tanto por las multinacionales como por las locales, así que es caro y empieza a escasear. Sin embargo, el gran problema es que no se están preparando ingenieros con conocimientos específicos, lo que hace que nos preocupe contar con el recurso necesario en el tiempo justo para responder a la demanda. Esto es también una barrera, si de exportar se trata", diserta, Mancer de Bizagi.

Por último, todos hablan de la importancia de una marca Colombia para el sector y coinciden en que de todas formas esa impronta es solo el sello para una industria que aún está toda por hacer. Dicen que mientras no se hagan las actualizaciones legislativas, políticas, tributarias, educativas y comerciales necesarias, el conocimiento y sus negocios seguirán emigrando por avión o por cable a donde puedan crecer sin barreras.
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