| 7/7/2006 12:00:00 AM

Castillos digitales

La convergencia entre tecnologías de información y telecomunicaciones y la automatización de operaciones cotidianas logran edificios inteligentes que previenen, aprenden y administran el entorno que soporta las operaciones de una empresa. Identifíquelos. No todo lo que brilla es oro.

Hace poco menos de 1.000 años, según los expertos en construcción románica, documentos del joven reino cristiano de Aragón registran la construcción de la primera fortaleza de una serie arquitectónica defensiva: Fantova en 1015, en la que sobresalen la torre militar de 20 metros de altura, de planta circular y levantada por maestros lombardos, y la ermita románica de Santa Cecilia. Esta construcción se destaca como la primera de las que se regarían por la Península Ibérica, durante la incipiente reconquista de este territorio de manos de los califas musulmanes que la gobernaron durante casi cuatro siglos.

En general, estos edificios fueron el eje del sistema feudal posterior, luego soportaron los regímenes monárquicos y la expansión de los imperios europeos, y en las colonias, los fuertes fueron la punta de lanza de defensa de los puertos por donde entraban pertrechos, colonos y esclavos al Nuevo Mundo, tanto como salían las especias y el oro, entre otras muchas riquezas.

Hoy, la fuerza de muchos imperios también se basa en sus castillos, solo que ya no deben ser fortalezas de piedra y laberintos para la guerra por tierras, sino edificaciones que permitan el mejor uso de los recursos energéticos, con automatización de operaciones básicas de movilización y servicios cotidianos, seguridad perimetral y tecnológica contra intrusos humanos o no, resistentes a sismos y tormentas, y muchas otras consideraciones que los hagan estratégicos en la guerra por ser eficientes y competitivos para conquistar mercados no en un territorio limitado, sino ahora en un mundo que no conoce las fronteras.



De la piedra al silicio

Siemens, aprovechando el tsunami mundialista en Alemania, implementó algunos de sus últimos avances en control de acceso y seguridad perimetral monitoreados desde una central inteligente apoyada en tecnología de radiofrecuencia (RFDI) para la logística en los estadios. En el Olímpico de Berlín, donde se jugará la gran final del campeonato, la multinacional instaló además un sistema de seguridad con detección y reacción automática contra incendios, también realiza la coordinación del tránsito en los alrededores del escenario que sugiere rutas y lugares de estacionamiento de acuerdo con las acomodaciones que tenga el conductor, todo con control desde una única sala de sistemas.

Sin embargo, esto es apenas una parte de lo que las desarrolladoras tecnológicas como Siemens y las integradoras del sector, así como las constructoras, han concebido para la innovación en edificios inteligentes. Hace 15, 20 o más años se viene hablando de este tipo de edificaciones, pero como lo vimos en la apertura, de seguro cada época tuvo los suyos. Es común decir que nos rodean los edificios inteligentes, algunos porque tiene estructuras sismorresistentes, otros porque cuentan con accesos automatizados, otros más porque también cuentan con baños que descargan o cierran grifos por sensores de movimiento. De seguro a muchos empresarios y ejecutivos que están buscando nuevas oficinas les están llegando ofertas para ubicarse en torres de última tecnología con aire acondicionado y piso antiestático. Quizá se están preguntando ¿qué edificio es el más inteligente, y cuánto es justo pagar por su IQ?

La evolución de castillos de moles de piedra y barro a unos de concreto con alma de acero y venas de silicio es normal. Y en esta evolución, ahora llegamos al punto en que estos castillos digitales también piensan.

La inteligencia de un edificio empieza, intentando una definición, cuando incorpora sistemas de información en todo el edificio, ofreciendo servicios avanzados para la actividad específica que se haga en cada espacio, convergencia de telecomunicaciones y TI que permita soluciones de presencia y compartibilidad de la información con seguridad contra intrusos cibernéticos; que muestre control y comprobación (monitoreo), gestión y mantenimiento de los distintos subsistemas o servicios públicos y privados del edificio de forma integral y centralizada, con opciones de vigilancia local y remota (por internet); y, muy importante, diseñados con suficiente flexibilidad como para que la implantación de futuros nuevos sistemas para sus habitantes o la actualización de los existentes sean sencillas y económicamente rentables. Podríamos decir que dependiendo de la calidad y el número de estos servicios ofrecidos obtendríamos determinados niveles de inteligencia.

"Estas características de inteligencia se agrupan como servicios que ofrecemos los integradores, y que están clasificados en las siguientes áreas: servicios básicos del sistema, soporte a la actividad, telecomunicaciones, interrelaciones con el entorno y servicios complementarios", explica Jorge Abisambra, gerente de Damovo. "En estos aspectos debe fijarse el ejecutivo al momento de estudiar una propuesta de oficina".

Inteligencia integral

Del castillo medieval con sus almenas y adarves de roca a los palacios imperiales de porcelana y mármol italiano, ya llegamos a construcciones que se construyen con materiales aislantes y retardantes para prevenir incendios, con pisos que evitan al máximo la estática para proteger los dispositivos electrónicos sensibles, detectores de movimiento que se integran con bases de datos que a su vez comandan los sistemas eléctricos y redes de ventilación, calefacción, iluminación (incluidas persianas) e, incluso, el encendido de los computadores o dispositivos, solo al leer el carné de identificación del trabajador y aprender su destino habitual y rutinas de llegada. Desde el detector de metales hasta el detector de hábitos, un edificio puede ser inteligente, pero no con igual IQ.

"Por ejemplo, si usted está de viaje o fuera de su oficina, puede acceder a internet y saber desde una dirección web cómo están funcionando su casa o su fábrica, cuánta luz está consumiendo, cuánto puede ahorrar y qué fallas se pueden presentar", dice Gonzalo Perdigón, director de estrategia y marketing de Schneider Electric de Colombia. "Esto puede significar ahorros considerables en la factura eléctrica sin tomar en cuenta otros factores". Esto es inteligencia.

En Colombia están presentes desde hace algunos años desarrolladoras de soluciones para edificios inteligentes e integradoras, y ya hay edificaciones con altas especificaciones, es decir, con un notable IQ. El edificio central de IBM en el país es un ejemplo, pues cuenta con un diseño de oficina abierta para los empleados que no trabajan permanentemente en el edificio, acceden a un software que les adjudica una de 82 estaciones virtuales de trabajo, con teléfono habilitado, correo de voz personal, conexión a la red interna de internet y despacho a clientes. También cuenta con un sistema de atenuación de sonido (sound masking system) que reduce el nivel de ruido, mediante la emisión de sonidos que inhiben aquellos de alta frecuencia. Por otra parte, el sistema de iluminación ha sido diseñado con el fin de contar con luz indirecta de bajo consumo que permite una alta eficiencia y luminosidad constantes. Para la población discapacitada, montó alarmas visibles y sonoras de evacuación, baños especialmente diseñados para discapacitados, controles de acceso y botones en los ascensores a la altura adecuada y con signos en braille en los diversos accesos a las puertas y dependencias.

Claro, es un edificio de una multinacional tecnológica, pero también hay edificios inteligentes para uso comercial, como el del centro comercial Santafé, el centro comercial Plaza Imperial, el centro comercial Palatino, el Edificio Torres Unidas, entre otros. "Un edificio inteligente brinda comodidad y seguridad a sus usuarios. Por ejemplo, cuando los carros llegan al parqueadero de una de estas construcciones, están generando monóxido de carbono y cuando se llega a un límite máximo, el panel de control genera una señal de alerta", explica Perdigón.

La inteligencia de un edificio se define también de acuerdo con el uso específico que se le va a dar, es decir, si será para oficinas ejecutivas, para uso de operación comercial (hipermercados, centro comercial), servicios hospitalarios, vivienda, industria… Sin embargo, los pilares son el grado de convergencia de las redes de telecomunicaciones y computación entre sí como servicio para los usuarios inquilinos, como la integración con los servicios públicos y tradicionales, y la interacción multimedial dentro de la edificación. Haga el test de inteligencia viendo esto.

Edificio inteligente es aquel que proporciona un ambiente de trabajo productivo y eficiente mediante la optimización de sus cuatro elementos básicos: estructura, sistemas, servicios y administración, con las interrelaciones entre ellos.

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