La apertura de un proceso de responsabilidad fiscal por parte de la Contraloría a las autoridades que organizaron la clausura del Mundial Sub 20 de Fútbol muestra que, más allá del tema anecdótico de contratar un chamán para ahuyentar la lluvia, es claro que la administración pública en Colombia no ha superado los vicios que han hecho de la contratación una fuente de despilfarro.