| 4/27/2007 12:00:00 AM

Recicladores mejorar su calidad de vida

Ofrecerles condiciones dignas a los trabajadores directos e indirectos de las empresas, hace parte de los planes de responsabilidad social en las compañías. Las multinacionales le apuestan a esto.

"Aquí tiene, a ver cuánto me da", le dice el hombre negro y fornido a John Fredy Zapata, el joven que recibe material reciclable en una bodega del centro de Bogotá. Yuri Yuri -como le conocen en el centro de acopio- descarga de sus hombros tres bolsas negras de gran tamaño en las que se divisan todo tipo de materiales.

"Son 3 kilos de archivo, $100 de botella, 3 kilos de cartón y $200 de plástico, para un total de $2.100", le responde Zapata extendiéndole su mano con el dinero.

Ese mismo lunes a las cuatro de la tarde entran y salen por lo menos siete recicladores más, en el transcurso de media hora, de la bodega de Gabriel Muñoz, quien se encarga de clasificar el reciclaje para proveer de materia prima a diversas empresas del país.

En el barrio Ciudad Jardín, al norte de Bogotá, se vive una escena similar en la bodega de Javier Avendaño, quien empezó desde los seis años en el oficio de reciclador y hoy cuenta con una gran bodega para almacenar hasta 7 toneladas diarias de material reciclable.

Se calcula que sólo en Bogotá hay más de tres mil personas que viven del reciclaje y en un solo día van a las bodegas entre ocho y nueve veces en promedio para buscar el sustento del día. Ellos no tienen seguridad social, no aspiran a pensionarse y tampoco tienen un salario seguro. El resultado depende del trabajo del día.

A nivel nacional no hay una cifra estimada de cuántas personas hacen parte del negocio del reciclaje, pero lo que sí es claro es que esta población, sin saberlo, trabaja de una u otra forma para grandes empresas como Colombiana Kimberly Colpapel, Papeles Nacionales de Colombia, Familia Sancela y otras compañías que producen servilletas, pañuelos faciales y papeles higiénicos.

Luisa Fernanda Elorza, gerente de asuntos corporativos de Colombiana Kimberly, reconoce que "más del 90% de nuestra materia prima proviene del reciclaje" y agrega que "los recicladores no están vinculados a nuestra nómina y tampoco tenemos contacto directo con ellos. Sin embargo, sabemos que son parte fundamental en la cadena de producción de papeles y como tal debemos trabajar para que tengan mejores condiciones sociales".

Hasta hace dos años las políticas de responsabilidad social de esta empresa estaban encaminadas primordialmente a las donaciones de productos y a trabajos específicos con comunidades aledañas a las plantas.

Sin embargo, para las directivas de la empresa el tema de responsabilidad social hace parte de la estrategia del negocio y por eso decidieron crear programas sostenibles en el tiempo donde todos los empleados se involucren y trabajen para brindarles una mejor calidad de vida a las poblaciones más vulnerables.

Siguiendo las lecciones de Prahalad
El año pasado Kimberly invirtió US$300.000 en la comunidad de recicladores, cifra similar a la de 2005, bajo el convencimiento de que las oportunidades de negocio se abren en la medida en que se generen mejores condiciones de vida para las personas de menores ingresos.

Para Kimberly, las lecciones de C.K. Prahalad en su libro La oportunidad de negocios en la base de la pirámide deben seguirse al pie de la letra si se quiere lograr un mejor país.

Es por esto que el plan de trabajo con la población le apunta a brindar servicios de salud, de recreación y de capacitación a los recicladores e incentivarlos para que se conviertan en microempresarios y puedan generar más ingresos asegurando la materia prima para la producción de las marcas de Kimberly.

Alternativamente, la empresa creó una tarjeta de fidelidad para que los dueños de las bodegas de reciclaje trabajen de la mano con los recicladores y logren una mayor organización y aporte para las empresas y para el medio ambiente, motivados por alcanzar algunos premios u obtener más recursos para la compra de productos.

Esta estrategia permite fidelizar a la población y lograr una comunicación voz a voz para que se identifiquen con las empresas, a la vez que los compromete para conseguir más y mejores materias primas para la producción de papeles.

En materia de educación, la multinacional no sólo capacita a los recicladores sino que, además, contribuye a mejorar las instalaciones de escuelas y jardines en zonas vulnerables, como un jardín infantil en el sur de Bogotá, para que atiendan a los hijos de los recicladores y de esta forma se evite que los niños estén en las calles reciclando, cuando se deben estar educando.

William Espitia y Luisa Marcela Gómez, los trabajadores sociales encargados de velar porque los recursos destinados a los recicladores se distribuyan de manera efectiva, dicen que con este tipo de personas no es fácil cambiar la cultura del 'regalo-donación' por la de brigadas odontológicas, de oftalmología y de salud preventiva.

Falta mucho camino por recorrer pero es necesario seguir avanzando en políticas que logren un verdadero impacto en las comunidades para que la responsabilidad social avance más allá del concepto de moda y contribuya a reducir la pobreza en el país.



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