| 3/16/2007 12:00:00 AM

Lecciones aprendidas.

La responsabilidad social empresarial es hoy parte esencial de cualquier compañía. Sin embargo, es clave que se haga de forma adecuada, porque si no, puede traerle serios problemas al negocio.

La conciencia social que se está generando en el mundo, ha hecho que las compañías se den cuenta de que su entorno y la comunidad en donde operan son factores claves para que sus negocios sean sostenibles. De ahí que la responsabilidad social haga parte cada vez más de las políticas integrales de las compañías.

Pero esta teoría, que hoy parece obvia, a veces se pasa por alto por los problemas del día a día. Eso lo saben muy bien empresas como Cementos Río Claro, del grupo Argos, y SmurfitKappa Cartón de Colombia, que tuvieron problemas en las zonas donde están ubicadas sus plantas por no tener en cuenta a la comunidad desde el principio. El aprendizaje ha sido duro, pero ya entendieron la lección: la responsabilidad social es una inversión, no un gasto y como tal, hay que trabajar en ella como si fuera cualquier otro proyecto de la empresa.

Así, entendieron que tenían que hacer un diagnóstico de las zonas en donde la compañía va a operar y conocer los impactos ambientales, económicos y sociales de su operación. Pero ante todo, la lección que no olvidarán es que deben tener en cuenta a la comunidad y a las autoridades locales en sus proyectos, que deben perderle miedo a hacer alianzas estratégicas en el tema de responsabilidad social, y que en la medida de lo posible, sus programas deben estar relacionados con su negocio.

El aprendizaje

El caso de Río Claro es uno de los más dramáticos. La cementera tardó más de dos años en darse cuenta de que la mejor forma de contrarrestar los ataques guerrilleros era ayudar a solucionar uno de los principales problemas de la zona: la educación. Pero antes de percatarse de ello, cometió varios errores. Por problemas de orden público, las torres de energía fueron derribadas por la guerrilla y la compañía tuvo que reiniciar operaciones a unos costos muy altos. Por este motivo, tomó la decisión de cerrar la planta durante un mes después de reiniciar operaciones. Pero el remedio fue peor que la enfermedad. La economía del municipio de San Luis, ubicado entre La Dorada y Medellín, se vio afectada, pues la mayoría de sus habitantes trabajaba en esta planta. Paralelamente, las personas que no trabajaban en esta cementera se sentían en desigualdad de condiciones con quienes sí lo hacían. Esto generó inconformidad entre los habitantes de los municipios cercanos a la cementera.

Como la situación fue tan grave, la misma comunidad decidió crear un consejo de coalición para dialogar con la guerrilla y hacerle entender lo importante que era el trabajo para los habitantes de la zona. Esto también motivó a la empresa, pues en ese momento se dio cuenta de que Río Claro hacía parte de la comunidad y de que el problema era de todos.

La empresa reabrió la planta, pero esta vez con el objetivo de ayudar a las personas de municipios cercanos a San Luis, como Puerto Triunfo. De esta forma, creó una fundación enfocada a programas de vivienda y educación. Para desarrollar los proyectos, hizo un diagnóstico de la situación de las zonas bajo el mando de coordinadores sociales que trabajan en la fundación Argos, con ayuda de las personas de la comunidad. Estos programas empezaron hace 8 años y están enfocados en la construcción y mejoramiento de vivienda de los habitantes de la zona. Para esto, hizo una alianza con el Sena para dictar talleres y cursos de capacitación, para que ellos mismos construyan sus viviendas.

En cuanto al tema de educación, se buscó inicialmente trabajar en el desarrollo de la infraestructura de los colegios de las zonas y después empezar el proceso de mejoramiento de calidad educativa. Para esto se hicieron alianzas con entidades como Corpoeducación, Alianza por la Educación y Fundación Carla Cristina. Además, se trabajó en proyectos productivos con ayuda de los entes locales y las secretarías departamentales. "Esta experiencia nos enseñó que no es posible desconocer el lugar y la gente que lo rodea. Es necesario entender que las empresas forman parte de la comunidad, y que las compañías deben ayudar y aportar con el conocimiento y la experiencia", dice Shirley Johana Reyes, coordinadora de gestión social de Argos.

El caso de SmurfitKappa Cartón de Colombia está más enfocado a su impacto en Cauca y Valle del Cauca. Aunque inicialmente la empresa era colombiana, cuando compró las hectáreas de bosques para empezar a trabajar, no tuvo en cuenta a las comunidades vecinas. Por esta razón, hubo inconformidad entre los habitantes de la zona, pues sentían que la compañía estaba invadiendo sus terrenos, sin tener en cuenta que ya existía una comunidad. Esto generó al mismo tiempo problemas de seguridad y orden público.

Con la llegada del socio irlandés en 1986, la compañía decidió hacer una radiografía de las zonas donde estaba operando y concluyó que lo primero que debía hacer era trabajar por el entorno y la comunidad que la rodeaba.

Así, creó una fundación con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los habitantes de la región mediante proyectos sostenibles, en alianza con la comunidad, sin sustituir el papel del Estado. Con el tiempo, la empresa adquirió una amplia experiencia en temas sociales e incorporó la responsabilidad social entre sus políticas.

Hoy, la fundación trabaja en programas de educación y formación de jóvenes campesinos para que no abandonen sus tierras. Hay tres colegios con un enfoque agrícola, pecuario y forestal, y están ubicados en zonas vecinas de Restrepo como El Tambo y Cajibio y el Darién. De igual forma, se otorgan becas a los mejores estudiantes para que estudien carreras que puedan poner en práctica en sus comunidades. También se hace validación de programas de primaria y secundaria, para los campesinos y sus familias, y capacitaciones en oficios forestales y actividades que permitan mejorar la calidad de vida de la comunidad. Los demás programas se centran en el fortalecimiento de microempresarios rurales y en liderazgo y gestión comunitaria, que tienen como objetivo formar mejores ciudadanos. Ambos programas se realizan en alianzas con otras empresas y con las que son vecinas de Smurfit, como Ecopetrol, Cementos del Valle, Propal y Goodyear. El programa más reciente de la fundación es gestión ciudadana, conformado por 26.000 niños de estratos 1 y 2, busca que los jóvenes desarrollen su liderazgo y planteen soluciones para sus comunidades. "La clave para hacer la responsabilidad social bien hecha es enfocarse en proyectos sostenibles, trabajar en equipo con la comunidad, otras empresas y con el Estado, sin reemplazar su labor", afirma María Teresa Moncada, jefe de comunicaciones de SmurfitKappa Cartón de Colombia.
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