| 6/22/2007 12:00:00 AM

¿Es usted un consumidor responsable?

La responsabilidad social no solo recae sobre las empresas. Los consumidores también pueden hacer una diferencia: basta con la decisión de compra.

Cuando se va a comprar un producto o adquirir un servicio, son pocas las personas que se detienen a ver qué hay más allá de la etiqueta. ¿Acaso se preguntan bajo qué condiciones se hizo ese producto, si se respetaron los derechos laborales de los trabajadores, cómo se obtuvo la materia prima o recursos para su fabricación, qué impacto tuvo en el medio ambiente su producción o en la comunidad de donde se obtuvo? Aunque el consumidor quiere encontrar el producto que más satisfaga sus necesidades tiene una responsabilidad con su comunidad, con el medio ambiente y con los demás ciudadanos.

Es fácil eludir dicha responsabilidad y asumir que la empresa es la encargada de hacerlo, sin embargo el objeto de las compañías es suplir las necesidades de un mercado. Su función primaria no es social. Por eso el consumidor, con su decisión, puede presionarlas a que incluyan este parámetro en su producción. "La primera responsabilidad de la empresa es prestar servicios o bienes de los cuales carece el mercado y cubrir esa necesidad. Su labor es hacerlo bien, con un precio adecuado y con un producto de calidad", explica Rafael Matteus, consultor y experto en responsabilidad social empresarial. Sin embargo, más allá de la marca y calidad, las empresas tienen la responsabilidad de ofrecer un producto que parta de condiciones justas. En el caso del consumidor "es necesario que tenga conciencia de los impactos ambientales o sociales que puedan ocasionar sus hábitos de consumo. A su vez, los productores deben suministrar la información apropiada para que el consumidor pueda tomar sus decisiones de compra. Se requiere de un consumidor educado e informado", señala Jaime Moncada, miembro del Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible.

Las tres consignas

Matteus señala que hay tres premisas claves que el consumidor debe tener en cuenta en el momento de la compra: cómo se hizo el producto; con qué materia prima se fabricó y cómo fue el proceso de producción.

En primera instancia se tiene el aspecto de elaboración. Puede que la empresa cumpla con producir un bien que se ajuste al gusto y el bolsillo del consumidor, pero ¿lo hizo utilizando mano de obra infantil, ejerciendo discriminación de raza o género, irrespetando los horarios laborales o no dando las garantías que hay en los códigos laborales? Este es el caso de la empresa de ropa y zapatos deportivos Nike que en la década de los 90 fue denunciada por la explotación de sus trabajadores y uso de mano de obra infantil. Su consumo bajó drásticamente puesto que los consumidores no estaban dispuestos a enriquecer a una compañía que no respetara a sus trabajadores. De esta manera, Nike tuvo que reconfigurar su forma de hacer sus prendas y calzado, y cambiar las condiciones laborales de sus empleados.

Con respecto al origen de la materia prima, las empresas deben encontrar una manera de obtener esta sin arrasar con el ecosistema. Un caso polémico fue el de la pesca de atún, porque los delfines quedaban atrapados en las redes. Por muchos años, las grandes atuneras atrapaban en sus redes animales marinos además de los atunes, a tal punto que los delfines se convirtieron en una especie en riesgo de extinción. Los grupos medio ambientalistas como Greenpeace lucharon incesantemente hasta que lograron que estas empresas utilizaran redes que permitieran pescar el atún y facilitaran la salida de los delfines gracias a su diseño especial. En las etiquetas del atún se leía que el producto protegía los delfines.

Entre otros ejemplos en los que el consumidor puede hacer algo en contra del uso de materias primas que dañan el ecosistema o atentan contra especies en vía de extinción, están el de comprar productos que certifiquen que utilizan peces de siembra o animales de criadero. En el caso de manufacturas que utilizan bienes no renovables o no renovables en el largo plazo, es clave conocer si la extracción de estos recursos afecta o no directamente a la comunidad, si están o no acabando con un ecosistema.

Finalmente, tenemos el aspecto correspondiente a la forma de producción. Este punto hace referencia a si se dispuso correctamente de los desechos, qué tipo de agua se utilizó, si las emisiones fueron dentro de un marco regulado o contaminan el medio ambiente. "Estas preguntas surgen a partir del desarrollo sostenible, donde hay un profundo cuestionamiento de cómo se hacen las cosas y cuáles son los efectos en el largo plazo", agrega Rafael Matteus.

"Está en manos del consumidor hacer una diferencia con su decisión de compra", señala Matteus, "pues muestra su compromiso social y de responsabilidad con el medio ambiente". Teniendo en cuenta estos cuestionamientos que buscan que la empresa reflexione sobre su proceso productivo y que el consumidor lo haga en el proceso de adquisición de estos bienes, se presentan a continuación una serie de casos de empresas que ejemplifican esta doble preocupación.
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