| 7/8/2015 7:00:00 PM

Pensar y actuar como región

Hay que comenzar a pensar y actuar como región, en particular en asuntos neurálgicos como movilidad, medioambiente y planeación del territorio, como mínimo.

Bogotá es la ciudad más importante de Colombia tanto en materia económica, como política y cultural. A pesar del rápido crecimiento poblacional registrado desde mediados del siglo pasado, que fue acentuado por los flujos migratorios desde otras regiones del país, ha logrado sobresalientes avances sociales.

Aporta el 25% del PIB y el 20% del empleo formal; tiene el ingreso per cápita más alto entre las regiones no mineras o petroleras; registra las tasas de pobreza total y de pobreza extrema más bajas, y ocupa el primer lugar en competitividad en los rankings de la Cepal y del Consejo Privado de Competitividad. Mientras que a nivel de América Latina, se ubica como la cuarta ciudad en los indicadores de atracción de inversión, calidad de la oferta educativa, y en el reconocimiento y reputación global medidos por el número de multinacionales asentadas en la ciudad. Además, es la quinta entre las mejores ciudades para hacer negocios.

Pero, como todas las grandes ciudades, afronta agudos problemas. El acelerado crecimiento poblacional se dio de manera desordenada, sin una planeación adecuada y no siempre se alcanzó a actuar con la misma celeridad con la que creció la demanda de bienes públicos. Bogotá sufre por múltiples dificultades que afectan la calidad de vida y el bienestar de sus habitantes.

Aun cuando cuenta con un sistema de transporte masivo, existe atraso en el desarrollo de infraestructura, en la ejecución de nuevas fases del TransMilenio y en la construcción de un sistema de metro para la ciudad. Igualmente, no se ha consolidado un sistema de transporte integrado multimodal y existe un incremento de la demanda de automóviles, ante el aumento de las clases medias.

Si bien es cierto que la tasa de homicidios ha disminuido considerablemente y Bogotá ya no hace parte de las 50 ciudades más violentas del mundo, este indicador sigue siendo alto frente al contexto global y la percepción de los ciudadanos es que persisten los problemas de inseguridad. También, la invasión del espacio público continúa, no se ha superado la contaminación de los ríos y hay pérdida de respeto por las normas sociales y la autoridad, entre otros.

La proyección de Bogotá para las próximas décadas pasa por el fortalecimiento de las sinergias con Cundinamarca, en la medida de que existe un crecimiento de las familias que trabajan y estudian en la capital, pero viven en municipios vecinos; y un fortalecimiento de la actividad económica por la instalación de diversas empresas atraídas por los incentivos locales. Esa integración que se viene dando de forma espontánea se debe organizar aprovechando las fortalezas de cada parte, alineando esfuerzos y buscando una planeación adecuada que haga efectivo el potencial de desarrollo de Bogotá y la región como un todo. Esa aspiración plantea desafíos y oportunidades que se deben abordar con criterios técnicos y mediante la construcción de una visión conjunta de largo plazo. Hay que comenzar a pensar y a actuar como región, articulando eficientemente el territorio en asuntos neurálgicos como movilidad, medioambiente y planeación del territorio como mínimo.

Es importante actuar paralelamente de manera inmediata, estratégica y decidida para generar impactos positivos frente a los retos que hoy afronta nuestra ciudad región y no dan espera:

Recuperar la cultura ciudadana, comprometiendo a todos los sectores con la construcción colectiva de una mejor ciudad.

Mejorar cobertura, calidad y tiempos de viaje del transporte público con base en la estructuración y puesta en marcha de un verdadero Sistema Integrado Multimodal de Transporte Público, viable y atractivo, que desmotive el uso del carro particular.

Combatir efectivamente la delincuencia y recuperar el respeto por la autoridad y las normas, mejorando el entorno para la convivencia ciudadana y ejecutando estrategias de prevención efectivas.

Planear adecuadamente la provisión de los bienes y servicios educativos, viabilizando su puesta en marcha y estableciendo mecanismos de medición que permitan ajustar oportunamente planes y políticas, haciendo uso efectivo de los limitados recursos frente a las necesidades específicas en cada localidad y nivel educativo.

Fomentar el desarrollo económico con base en actividades altamente generadoras de empleo de calidad, aprovechando las fortalezas propias en sectores consolidados y buscando impulsar nuevas apuestas con un alto componente de ciencia, tecnología e innovación.

Son grandes los desafíos, pero también contamos con muchos y valiosos activos que debemos potencializar, en un esfuerzo colectivo por superar las dificultades y construir una ciudad región robusta y sostenible, capaz de sobreponerse y prepararse para los retos que el crecimiento y el desarrollo nos seguirán imponiendo en el futuro.
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