Revista Dinero

Desde el inicio, Ramiro Osorio ha dirigido el Teatro Julio Mario Santo Domingo. Bajo su batuta, ha llevado a ese escenario más de 300 artistas y 270.000 espectadores.

| 9/18/2013 6:00:00 PM

El virtuoso

Ramiro Osorio es el director del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, una institución que se está convirtiendo en un verdadero fenómeno cultural en el país. ¿Cuál es el secreto?

Si su carta de presentación estuviera diseñada para incluir tan solo el cargo más honorable que ha ostentado, sin duda, Ramiro Osorio se enfrentaría a la mayor de las encrucijadas. Y todo porque del ‘archivo’ donde reposa su trayectoria profesional seguramente no sabría a cuál de sus pergaminos echar mano: Ministro de Cultura, cofundador del Festival de Teatro de Bogotá, Embajador de Colombia en México, asesor cultural del presidente Vicente Fox, funcionario del BID en París o director cultural de la Secretaría Iberoamericana.

En fin, una carrera tan encumbrada como brillante que lo llevó a dirigir el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo desde su creación en 2010 y a revolucionar –instalado en aquella tribuna– el acceso al arte en Colombia.

En palabras del propio Osorio, la esencia de su revolución radica en traer a las tablas del Teatro –y de paso del país– a los mejores exponentes del arte mundial. Consigna que sin escatimar esfuerzos ha cumplido al pie de la letra; a tal punto que hoy, luego de tres años de su inauguración, por el Julio Mario Santo Domingo han desfilado 441 funciones y 270.623 asistentes. Al revisar con detenimiento esas cifras, pero en especial los miles de espectadores, surge una elemental pregunta: ¿cómo es posible que un espacio con 1.340 sillas que ofrece recitales de obras contemporáneas o espectáculos de música sinfónica –relacionados per se con un reducido sector elitista e intelectual– tenga actualmente un tráfico multitudinario

Pues bien, la respuesta –a ojos de Osorio– está contenida en dos realidades. La primera, que el público colombiano ha incrementado sus necesidades de consumir arte de primer nivel. Y, la segunda, que durante los últimos años tanto la oferta como la calidad de los artistas que visitan el país, bien podría equiparse con la brindada por las más renombradas salas de concierto de Londres o Nueva York.

Consciente de ese fenómeno, Osorio, junto a su equipo de trabajo, a estas alturas ha negociado con 300 luminarias y compañías. Entre ellos, el conductor de orquesta Zubin Mehta, al cuarteto Kronos, el director sinfónico Kent Nagano, la pianista japonesa Momo Kodama o la Orquesta Filarmónica de Rotterdam. Algunos, han llegado a cobrar hasta US$400.000 por presentación.

Para asumir esas cargas económicas, Osorio administra los recursos del Teatro como un relojero suizo. De los $20.000 millones de su presupuesto anual, $3.700 millones –donados por la familia Santo Domingo– los destina para cubrir la nómina y parte de los gastos operativos. Con el ánimo de atender la programación artística, usa los $3.000 millones que entrega el Distrito. Y los cerca de $12.000 millones restantes los recauda por concepto de taquilla, alquileres y patrocinios, entre otros, de Bancolombia y el Grupo de Energía de Bogotá.

Así, rodeado de números, música, danza y teatro transcurren los días de Osorio. Un hombre que recibió el título de Maestro en Letras Españolas de la Universidad de Guanajuato en 1980 y desde entonces ha pasado los mejores años de su vida entre Colombia, México, Francia y España, en función de un solo asunto: la cultura.

Con un dejo que a ratos lo haría pasar por guanajuatense, relata sin mayores aspavientos la cronología de su vida. Desde que fue nombrado en 1985 director de Teatro y Danza de la Universidad Autónoma de México, hasta que Ernesto Samper lo designó en 1997 como el primer Ministro de Cultura del país. Tampoco se le escapan anécdotas como aquella ocurrida en 2001, cuando este bogotano de pura cepa se convirtió en director del Festival Cervantino de Guanajuato y la gente, confundida con su origen, le decía: “finalmente tenemos un director mexicano”.

Cuando le preguntan por los planes futuros del Julio Mario Santo Domingo, menciona dos proyectos particulares: ‘Cien mil niños al Mayor’ y ‘Bogotá es Mozart’. El primero, consiste en llevar 100.000 niños al Teatro para ofrecerles, en cuatro espectáculos, un ciclo teatral apoyado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). Y, el segundo, es la continuación de lo ocurrido este año con ‘Bogotá es Beethoven’ pero en 2015, un evento cuyo costo sería superior a los $3.000 millones.

Ramiro Osorio es de esas pocas personas que tienen la fortuna de no diferenciar su actividad profesional de sus pasatiempos. Por eso, cuando no está imbuido en el día a día del Teatro, no resulta extraño que se deleite con las interpretaciones de su esposa María José, una reconocida pianista española. O, también, oyendo un vallenato, pero con una condición: al calor de una buena parranda. 
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