| 5/29/2014 6:00:00 AM

¡Qué calidad!

Karen Abudinen, secretaria de Gestión Social de Barranquilla, está transformando la cara de su ciudad. ¿Quién es y qué está haciendo?

Si el peso de las tradiciones familiares hubiera tenido alguna injerencia sobre su derrotero de vida, a Karen Abudinen Abuchaibe le habría tocado jugársela por un reducido naipe de dos cartas: o caminar tras las huellas empresariales marcadas por sus padres –descendientes de palestinos– o simplemente pasar los días inmersa entre planos y números, como lo hacen sus primos ingenieros.

En contravía de la genética y de cualquier pronóstico familiar, sus convicciones casi idealistas de trabajar por una sociedad más justa la enamoraron de las leyes y la convencieron de estudiar derecho. Formación que, sin duda, la llevó a ser hoy por hoy la cabeza de la Secretaría de Gestión Social de su natal Barranquilla y, de paso, a manejar al año $60.000 millones para atender a los más desprotegidos de su ciudad.

Pero, ¿quién es esta joven mujer? ¿Cómo se convirtió en una de las funcionarias más fuertes de la Administración de la capital del Atlántico? Y, ¿cómo logró transformar las condiciones de vida de cientos de barranquilleros, con millonarias inversiones? Para responder este cúmulo de preguntas, no está de más echar un vistazo a su trayectoria profesional, estrechamente ligada a las Altas Cortes y a la banca multilateral; pero, sobre todo: impregnada de fuertes dosis de pasión y perseverancia.

Dos ingredientes que sacó a flote en sus épocas de estudiante en la universidad del Norte de Barranquilla. Y, una curiosa anécdota así lo confirma. Por allá cuando apenas despuntaba 2001, durante su último año universitario, tuvo los arrestos de dirigirle una carta al entonces presidente de la Corte Constitucional, Alfredo Beltrán, en la que sin ninguna inhibición le daba un rosario de argumentos encaminados a responder un solo interrogante: ¿por qué una costeña debería hacer sus pasantías en una Alta Corte?

Persuadido de lo que esgrimía la desconocida estudiante, Beltrán la ‘enganchó’ en la Corte Constitucional y, sin siquiera sospecharlo, puso el primer ladrillo de una prometedora y vertiginosa carrera profesional. No es fortuito que en la segunda mitad de 2002, mientras adelantaba su maestría en derecho en la Universidad de Georgetown, Washington, Karen ingresara a las huestes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en calidad de asistente de investigación. Desde allí enfiló –durante seis años– sus baterías a proyectos de seguridad ciudadana y reformas a la justicia en Latinoamérica.

La hora de tomar una bocanada de aire fresco había llegado. Por eso, en 2008 –bajo la asesoría de su amigo Esteban Piedrahita– se dio a la tarea de ‘pulir’ su hoja de vida en busca de un claro objetivo: enviar literalmente 100 copias a igual número de dependencias del Banco Mundial (BM). Eso explica por qué al cabo de unos meses la llamaron para liderar allí una iniciativa denominada “Inclusión, Justicia y Equidad para todos en América Latina y el Caribe”. Labor que desempeñó en el BM hasta 2010, cuando decidió volver a respirar aire caribeño.

De regreso a Barranquilla, y tras ocho años atada a la banca multilateral, aterrizó como directora de la Fundación Nu3, enfocada en combatir la desnutrición en esa ciudad. Bajo su batuta, la organización no solo se convirtió en un referente social de la costa caribe colombiana sino que creció como espuma al punto de expandirse hasta otros municipios del Atlántico.

Y fue precisamente esa loable faena la que motivó a la alcaldesa, Elsa Noguera, a ubicar a Karen al frente de las riendas de la Secretaría de Gestión Social, desde el preciso instante de su llegada a la Alcaldía. Desde entonces, la funcionaria logró poner en la misma sintonía tanto al sector público como al privado para echar a rodar algo que ella ha denominado Bienestar Barranquillero (BIBA). En palabras simples, se trata de incluir, desde niños desprotegidos hasta mujeres maltratadas, en la sociedad.

Con una inversión de más de $100.000 millones, Abudinen dice orgullosa que los derechos de la niñez barranquillera están siendo restituidos. Pero ahí no se detienen sus consecuciones. Por solo mencionar un puñado, dentro de los programas que ha sacado adelante sobresalen Mujer Barranquillera Autónoma, los Centros de Vida para los ancianos, las casas de juventud y la Feria BIBA. Cuatro apuestas que al sumar sus efectos han beneficiado a más de 20.000 jóvenes, 15.000 familias, 10.600 mujeres y 29.152 adultos mayores.

Cuando Karen no está embebida en la rutina de su trabajo, opta por liberar la mente sobre el galápago de su bicicleta. Al ritmo de cada pedaleo proyecta nuevas ideas y baraja opciones para mejorar la vida de sus coterráneos. Y, si el tiempo lo permite, no duda en viajar o sencillamente disfrutar de un buen plato de comida árabe al lado de sus mejores amigos.
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