| 3/9/2014 4:20:00 PM

Con rostro social

Lina María Arbeláez, asesora del Ministro del Trabajo, es la responsable de generar una política capaz de reducir la desigualdad de género en el campo laboral.

El índice de desempleo de la mujer en Colombia llega a 13,5%, mientras el del hombre bordea 7%. La brecha salarial entre ambos es de 21%, así ellas estén mejor calificadas para cargos que requieren de especial tino y visión estratégica. Los empleadores en Colombia asumen la licencia de maternidad como si se tratara de un costo, de un pesado fardo sobre las finanzas de la compañía, pero no suelen mirar con la misma lente el impacto económico de las incapacidades de los trabajadores varones que, especialmente después de los 40, se ausentan más de sus puestos de trabajo por causa de la próstata que de una gripa.

Hay más: no existe evidencia de que los empresarios estén sacando provecho de la famosa Ley 1257 que ofrece deducciones tributarias de 200% a quienes contraten laboralmente a mujeres víctimas de la violencia.

Estos datos hacen parte del día a día de Lina María Arbeláez, abogada y politóloga caleña, responsable de la política pública sobre equidad de género, derechos laborales de las víctimas y trata de personas. La obsesionan a ella, asesora de confianza del ministro Rafael Pardo Rueda, y retan todos los días la imaginación de los integrantes de su equipo de trabajo: seis mujeres y cuatro hombres.

Su misión tiene metas específicas: convencer con hechos a los empleadores de que tener mujeres en sus equipos de producción genera dividendos; caracterizar a los municipios colombianos con un perfil de productividad, de manera que los programas de capacitación laboral correspondan a la demanda de las empresas y buscar, más allá de los paternalismos y los proteccionismos, fórmulas eficaces para enfrentar los perjuicios generados por el trabajo forzado y la mendicidad por alquiler, dos de las modalidades más graves de trata de personas.

Quienes conocen su sensibilidad social creen que ella aprendió sobre pobreza cuando vivió en Delhi, India, a cuyo Tribunal de Justicia fue enviada, en calidad de pasante, por la universidad parisina donde estudió su maestría en 2007. No, ya entonces se había acercado a las comunidades del distrito de Agua Blanca, en Cali; conocía de cerca la realidad de Sipí, Chocó; y los efectos que el conflicto y el marginamiento social habían causado sobre Simití, en el sur de Bolívar.

Mucho antes de presenciar el rostro de la desigualdad en otras latitudes, había preparado un trabajo académico sobre la situación jurídica de los niños y los adolescentes en el conflicto colombiano, que se viene librando hace diez lustros en el sufrido campo colombiano. También antes de abordar el tema de la inequidad laboral había escrito una tesis sobre los códigos de conducta salarial.

Llegó al servicio público después de que, en compañía de su entonces socia Adriana Ruiz Restrepo, consiguió que la Corte Constitucional ordenara el reconocimiento de los derechos de los recicladores. Fue entonces cuando el presidente del Senado de la época, Armando Benedetti, se interesó en ella como la consultora que le ayudaría a medir el impacto social de ciertos proyectos de ley prioritarios en su agenda.

A Rafael Pardo, su actual jefe, lo conoció cuando, como asesora del Ministerio de Justicia durante el primer gobierno de Álvaro Uribe, debió trabajar a su lado cuando él fue designado ponente de un proyecto de reforma constitucional. Su afinidad llegó a ser tanta, que ella fue la única que se atrevió a despertarlo un día a las 3 de la mañana cuando la iniciativa iba a ser votada en la plenaria del Senado y urgía su presencia en el Capitolio Nacional.

Después, en 2006, acompañó al hoy Ministro del Trabajo durante la campaña presidencial a la que él acudió como candidato del Partido Liberal. Su papel durante la gesta proselitista consistió en ayudarlo a preparar una plataforma de política laboral.

La suya es una tarea que también genera incomprensión. En no pocos lugares que visita a diario en cumplimiento de sus tareas le reclaman puestos de trabajo y recomendaciones.

Pero lo que en verdad hace es crear las condiciones para que los empresarios generen puestos de trabajo que representen oportunidades útiles para la población que ella y su equipo atienden. De ello bien pueden dar fe 600 de los 900 afrodescendientes que recientemente se capacitaron en actividades logísticas y áreas afines y ahora hacen parte del mercado laboral, donde compiten en igualdad de condiciones con los “ilustrados”.

En los entretantos de su tarea –escasos por demás– encuentra tiempo para bucear en aguas del Pacífico pero, sobre todo, para atender a su niño de un año y cumplir en su hogar los roles que ella y su esposo se han distribuido en condiciones de justo equilibrio.
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