| 9/4/2014 2:30:00 PM

A la diestra del Presidente

Esta mujer es la Ministra Consejera de Gobierno y del Sector Privado y será la encargada de darle una nueva dinámica a las decisiones del alto gobierno.

Todo comenzó en mayo de 2009. Juan Manuel Santos acababa de dejar el cargo de Ministro de Defensa y se ponía al frente de la Fundación Buen Gobierno desde donde comenzó a promover programas de liderazgo. María Lorena Gutiérrez, como directora de pregrado en Administración de Empresas de la Universidad de Los Andes, hacía parte de un equipo que tenía la misión de darle coyuntura y sustancia al syllabus del MBA y lo convocó, en calidad de profesor invitado, a compartir sus experiencias con los estudiantes.

Cuando su aspiración presidencial se materializó, Santos la invitó a hacer parte de su equipo de campaña y desde el 7 de agosto de 2010 ha tripulado la nave administrativa de la Casa de Nariño. Como Ministra Consejera en el recién reestructurado Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, no solo es una de las principales responsables del cumplimiento de la agenda presidencial, sino que su capacidad para interpretar –y anticipar muchas veces– las instrucciones del mandatario, han hecho que él se refiera a ella en público y en privado como su “mano derecha e izquierda”.

Como ella misma lo dice, tiene dificultad para sonreír porque a menudo le toca tomar decisiones pragmáticas y racionales en las que los sentimientos quedan relegados a un segundo plano. Sin embargo, lo hace con cierto desparpajo cuando su interlocutor le pregunta qué tanto hay de mito y de realidad en el hecho de que a quienes han sido titulares de su cargo les ha tocado manejar el “computador de Palacio”, una figura que representa lo que hay de clientelismo en el margen de gobernabilidad de los presidentes en Colombia.

Dice que no, aunque aclara que a menudo le toca revisar muchas hojas de vida en busca de gente técnica, con experiencia, a la que no le interesa figurar en nóminas de gobierno porque considera que la función pública está muy mal paga o porque cree que tomar decisiones de fondo puede generarle problemas con los órganos de control.

Está claro que no puede sustraerse del todo de la tarea de atender y paladear a algunos políticos, pero también que prefiere interactuar con los especialistas que están en sintonía con las metas prioritarias del Gobierno. Quizá por eso se siente a sus anchas cuando se trata de articular relaciones con el sector privado y de analizar con líderes ideas para remarcar la cota continua del crecimiento económico del país en armonía con el trípode paz, equidad y educación.

Quienes hacen parte de su equipo de trabajo destacan que para María Lorena Gutiérrez el peso específico de un cargo se calcula con base en los resultados obtenidos y no con fundamento en el grado de poder que represente.

Para ellos es evidente que la personalidad de Gutiérrez responde más a los enfoque estratégicos de trabajo que desarrolló durante su formación como ingeniera industrial, especialista en finanzas y magister en administración, o como integrante del Consejo Directivo de EFMD (European Foundation for Management Development) o del Consejo Asesor Internacional de Durham University, en Gran Bretaña, que con los modelos que han florecido con la semilla de la burocracia estatal en Colombia.

Esa suerte de frialdad racional que la caracteriza se advierte en sus papers sobre microcrédito, agendas de competitividad y generación de empleo o en su tesis doctoral que versó sobre fondos de capital y alianzas estratégicas.

Es felizmente soltera y cuando descansa disfruta de la vida con sus largas caminatas por los campos de Sesquilé o en sus reuniones con las personas que más quiere: sus tres hermanos y sus sobrinos Simón, Santiago, Nicolás y Federico.

Le rehúye, eso sí, a la cocina y es de aquellas que lleva trabajo a su casa, incluidos varios fines de semana. Y lo hace porque piensa que los horarios de oficina, por extendidos que sean, no resultan suficientes para atender temas cruciales como las tareas que debe cumplir el país para ingresar a la Ocde.

A veces encuentra tiempo para leer textos distintos a la literatura administrativa que la absorbe. Siente que le viene bien meterse en las páginas del poeta y novelista Tomás González y de libros que versen sobre las obras de gobierno de Roosevelt, Churchill y otros grandes líderes mundiales. Lo hace en las horas en que parece improbable que entre alguna llamada de último momento de la Casa de Nariño.
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