| 5/2/2014 7:00:00 AM

Sueño digital

María Carolina Hoyos Turbay, viceministra de las TIC, está a cargo de la misión de interconectar digitalmente a la Colombia marginada.

No le gusta trabajar atada a un escritorio. Prefiere internarse en los parajes del Alto Baudó en busca de comunidades marginadas a las que las nuevas tecnologías les sirvan para acortar distancias con el mundo desarrollado y para reducir las brechas abiertas por la pobreza y la desigualdad. Lo ha hecho con frecuencia y de eso dan fe las 1.631 imágenes, entre fotos y videos, archivados en sus memorias digitales.

La inmersión en las selvas le resulta a María Carolina Hoyos Turbay tan familiar como el buceo en las aguas del Golfo de Morrosquillo, donde desaparecen las tensiones de la vida citadina y se abre un espacio para generar ideas y proyectos. Es probable que sumergida en las aguas de las islas de San Bernardo, entre pargos y barracudas, haya ideado las mejores alternativas para masificar sus programas sobre Kioscos Digitales y Computadores para Educar.

Cuando está en su oficina del tradicional y espacioso edificio Murillo Toro, en el centro tradicional de Bogotá, trabaja sentada frente a la foto de su madre, Diana Turbay, cuya vida fue malograda en tiempos de Pablo Escobar. Se parece a ella, no solo físicamente, sino en la forma como concibe la vocación que les impone a los periodistas –y ella es reportera de formación– ir hasta donde sea necesario para empaparse de una historia y adquirir la autoridad moral para contarla.

Por eso la actual Viceministra de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones mira con beneficio de inventario las “críticas simplistas” de quienes se preguntan sobre la utilidad de repartir computadores y tabletas en pueblos en los que ni siquiera hay energía eléctrica. Cuando ese es el tema, repasa las fotos y los videos y dice que las voces disidentes que tienen ecos en columnas de prensa o en charlas de café corresponden a aquellos que nunca han ido hasta los confines a donde a ella le ha tocado estar.

Sin resignación


En su contraofensiva remarca, tratando de disimular un cierto tono socarrón, que a esos destinos ella no va en primera clase sino en aviones monomotores, lanchas, o a lomo de mula. Bajo esas condiciones, las brigadas del Ministerio transportan paneles solares y equipos de infraestructura que han permitido llevar la era digital a buena parte de los cerca de 1.100 municipios que se verán beneficiados con sus programas.

“Si nos sometemos a lo que dicen esos críticos, estaremos condenando a esos pueblos a permanecer jodidos”, dice con una mezcla de franqueza y desfachatez.

Con los paneles llegan también otras obras que comienzan a ofrecer los primeros vestigios de desarrollo: puentes, rehabilitación de caminos veredales, dotaciones para escuelas. “¡Hoy mis pies no se embarraron!”, dice emocionada una niña habitante de un paraje de Nuquí, cuyo testimonio es recogido en uno de los videos de esa antología viva que la funcionaria guarda entre los 1.631 archivos digitales. Es como una especie de memoria de su propia vorágine.

En buena medida, la Viceministra maneja el mismo ritmo febril que le imponía su vida como periodista de televisión o directora de la revista News, el primer medio que fundó con esfuerzo propio. Y lo hace con la misma vocación social con la que dirigió, antes de su llegada al Gobierno, la Fundación Gustavo Matamoros que trabaja por los miembros de las Fuerzas Armadas heridos en combate.

Dice haber nacido para ser mamá. Lo repite cuando habla de sus hijos Mateo y Tomás, a quienes consagra todo el tiempo que le dejan sus obligaciones, incluidas las espirituales, que pasan por la inaplazable visita a la Virgen, cada martes.

No le gusta quedarse rezagada. Dedica varias horas a sumergirse también en la internet profunda en busca de nuevas aplicaciones y desarrollos que la mantengan a tono con la emergencia de las tecnologías útiles para impulsar los programas que se identifican en denominación con los últimos gritos de la tecnología expresados en cifras y signos: 3.0 y 4G.

Esa misma inmersión la lleva a hablar con frecuencia de un “ecosistema digital”, en el que cabe el sueño de ampliar los programas que ya están comenzando a llevar fibra óptica a 1.078 municipios. De convertir a Colombia en una gran aldea digital, más allá de las simples utopías.
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