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Ricardo Calvete Rangel (al centro) y sus hijos Ricardo y Leonardo, integran una prestigiosa dinastía de penalistas.

| 8/11/2013 9:00:00 AM

Los Calvete

Ricardo Calvete Rangel, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, y sus dos hijos integran un equipo de abogados que hace historia en los procesos por delitos económicos. Los tres hacen parte de la cuerda de defensores del caso InterBolsa.

Como diría en sus tiempos el caudillo caldense Gilberto Alzate Avendaño, es muy posible que sus almas pendan de un inciso. Su regusto por el derecho, por los códigos y las jurisprudencias está presente incluso en los almuerzos familiares dominicales donde a ningún invitado ocasional debe parecerle extraño que de un momento a otro los tres estén enfrascados un debate digno de un estrado.

Por eso no es raro que su apellido, pero sobre todo su trayectoria en el foro jurídico, los haya convertido en una de las más importantes dinastías del derecho penal en Colombia. Ricardo Calvete Rangel, el padre, solo ha hecho una breve pausa en el mundo del litigio y de la academia para desempeñar los cargos de procurador delegado y de magistrado y presidente de la Corte Suprema de Justicia. Ricardo y Leonardo Calvete Merchán, sus hijos, lo secundan en su pasión y no conocen muchos ámbitos distintos a los de las audiencias y las aulas donde ejercen como avezados catedráticos.

Calvete padre es reconocido como uno de los mejores penalistas y profesores de derecho del país. Fue el primer egresado de la Universidad Santo Tomás que llegó a la presidencia del más alto tribunal. Pero su autoridad y su pasión por la enseñanza no le han restado en absoluto la humildad que muestra cuando, frente a un caso especialmente complejo, no duda en consultar la opinión de sus hijos.

Los Calvete hijos cobraron vuelo propio luego de abandonar el nido paterno tejido con fibras de códigos. Ambos tuvieron a su papá como maestro en la casa, aunque sólo Leonardo fue alumno suyo en la Universidad del Rosario. El único grito de independencia que se oyó de Ricardo Jr. y de Leonardo se produjo el día en que, autosuficientes económicamente, decidieron irse a sus apartamentos de solteros. Pero eso sí, la “sala” del domingo, como algunos llaman su almuerzo familiar, pocas veces falta.

Su trabajo en equipo es cotidiano. Son socios de un bufete de abogados, al que hasta ahora no ha entrado nadie que no pertenezca a la familia. Clientes, procesos y utilidades se reparten allí de manera equitativa, aunque el padre, hombre de dura raigambre santandereana, ejerce una especie de presidencia vitalicia.

Las sinergias entre ellos los han llevado a actuar con estrategias conjuntas pero argumentos individuales en varios de los casos más sonados del país. Los tres, por ejemplo, hacen parte de la cuerda de defensores en la audiencia pública que se ventila en estos días en el caso de InterBolsa. No en vano se han hecho especialistas en el análisis de delitos relacionados con fraudes financieros y fiscales y en otras gamas de conductas que tienen que ver con actividades económicas.

Cuando su firma arrancó actividades enfrentaron dificultades para dejar de lado ciertos protocolos familiares. Intentaron, por ejemplo, llamarse mutuamente “doctor” en presencia de sus clientes. Pero la tradición ancestral y la costumbre de su tierra santandereana hacen que el padre mantenga su estatus de respeto como señor de la casa en privado o en público. Alternan allí con penalistas más mediáticos que ellos, como Jaime Granados, Jaime Lombana o Mario Iguarán, pero conservan por heredad uno de los atributos que más valoran sus clientes: la prudencia y la confidencialidad. Funcionarios del complejo judicial de Paloquemao que los conocen comentan que Calvete padre procede como abogado con el mismo respeto por el sigilo sumarial que observó cuando fue magistrado de la Corte.

Por eso no es asunto sencillo convencerlos de posar para una foto o apartarlos de las entrañas de un expediente para que hablen de su cotidianidad como personas.

A los dominios de la dinastía solo escapa Natalia Eugenia, la menor de la familia. Aunque también es abogada, no se especializó en derecho penal y por ahora ha preferido dedicarse al servicio público como funcionaria del Instituto de Bienestar Familiar.

Que sus tres hijos hayan escogido la profesión a la que él ha dedicado toda una vida es para el exmagistrado Calvete un motivo de orgullo familiar. “El derecho es un asunto genético”, es una de sus proclamas favoritas.
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