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EPK se prepara para batir la marca impuesta en 2011, cuando sus ventas crecieron en más de 80% y desarrollar la fábrica de accesorios.

| 5/23/2012 6:00:00 PM

El principito

Samuel Tcherassi está convirtiendo las tiendas de ropa EPK en un verdadero fenómeno de la moda infantil. Va por Brasil y otros mercados de América Latina.

Concluida la primera guerra de Los Balcanes, en 1912, cientos de jóvenes abandonaron el territorio del viejo imperio turco y partieron hacia América en busca de nuevas oportunidades. A la cabeza de los migrantes había un grupo de judíos sefardíes del que hacían parte Samuel Tcherassi Behar, Samuel Azout y otros emprendedores a los que el destino tenía reservada la misión de construir la historia comercial de la Barranquilla de los primeros albores del siglo XX.

Su destino inmediato fue la isla de Cuba, desde donde se miraba a la capital del Atlántico como un lugar privilegiado en el mapa de Eldorado. Después de algún tiempo, los exploradores desembarcaron por Puerto Colombia y echaron raíces en Barranquilla. De la estirpe de don Samuel Tcherassi abuelo habrían de salir dirigentes políticos, artistas y empresarios que convertirían el apellido en un referente obligado de la sociedad contemporánea y de la economía nacional.

Ese es el origen de Samuel Tcherassi Solano, actual gerente de la firma productora de ropa infantil EPK. Cuando se habla con él es obligatorio preguntarle por la influencia de su hermana Silvia, una de las agujas de oro de la moda internacional, en sus negocios. Él sonríe y dice con cierto desparpajo que le resultaría imposible presentarse a sí mismo con un perfil en el que la estética y la plástica, que campean en las actividades de su hermana, sean atributos suyos.

No, lo suyo son los negocios, con todo su sentido pragmático. Pero eso no significa que le reste méritos a su hermana al contar la que ha sido su historia en el mundo empresarial. No olvida que fue ella quien le presentó en 2005 a la periodista y relacionista pública venezolana Aura Marina Hernández, representante en Caracas de marcas de renombre como Blues, Louis Vuitton y la propia EPK. Ella, a su vez, le tendió un puente con el francés Patrick Leret, creador de EPK.

De entrada hubo empatía en cuanto al enfoque de negocio. Tanta, que Samuel Tcherassi iba con la meta de hacerse a una franquicia y terminó invitado a hacerse socio de Leret, alguien que no se ha hecho famoso propiamente por hacer partícipe de sus inversiones a quienes poco conoce.

La naciente relación admitió varias excepciones al exigente modelo de negocio que había diseñado Leret. Uno de ellos es que su ropa no podría exhibirse para la venta en superficies inferiores a los 250 metros cuadrados. Sin embargo, Samuel Tcherassi lo convenció de que se permitieran despegar en Colombia en un local de apenas 90 metros en el centro comercial El Retiro. Los resultados lo convencerían pronto de que había valido la pena correr el riesgo.

Atrás quedaba la época en la que el nieto de don Samuel Tcherassi Behar se había abierto paso como representante de ventas y distribuidor en Colombia de USA Detergents (actual Arm and Hammer). Estas actividades las combinaba ayudándole a su hermana Silvia a concebir un modelo de expansión internacional de su negocio de modas.

En la EPK de hoy trabaja hombro a hombro con sus empleados –para los que hay permanente acceso a su oficina sin anuncio previo– y con su esposa Diana Hanna, a quien define como el pilar artístico del negocio: es ella la que dirige la preparación de las vitrinas, la que decide el orden de los productos y la que se asegura de que todo en los establecimientos de exhibición sea impecable. Por ahora, sus hijos Samuel, de 17 años, José, de 12, y Cristian, de 5, tienen suficiente con sus estudios pero sus padres no descartan que en alguno de ellos esté la vena empresarial.

Sus amigos lo describen como un mago para los negocios y como hombre de palabra y leal. “Silvia impone la moda con su aguja de oro y Samuel es un tejedor de negocios de éxito”, dice uno de ellos. Él le rehúye también al adjetivo de sensible, aunque muestra el rostro social de una empresa que apoya causas humanitarias como la Fundación Fútbol con Corazón, de su amigo Samuel Azout; que viste a 43 niños pobres de Puerto Colombia y que recientemente donó 33.299 prendas a damnificados por el invierno, a través de Colombia Humanitaria.

Ahora EPK se prepara para invertir $10.000 millones en nuevas tiendas de moda infantil, batir la marca impuesta en 2011, cuando sus ventas crecieron en más de 80%, desarrollar la fábrica de accesorios y llegar a nuevos mercados como Brasil.

Formado en administración de empresas en la Universidad del Norte, en Barranquilla, este hombre también le apuesta a la diversificación de sus inversiones. Vuelve a asociarse con su hermana Silvia, que acaba de dar un salto hacia los negocios en el sector hotelero, para ponerle la impronta a una actividad a la que muy pocas veces le llega la época de vacas flacas.

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