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Nelson Dávila

| 7/10/2013 6:00:00 PM

El macro-ejecutivo

El presidente de la cadena de comercio Makro en Colombia tiene el reto de duplicar los puntos de venta en el país. ¿De quién se trata?

Nelson Dávila es literalmente una ‘vaca sagrada’ dentro de Makro. Tanto así que en una seguidilla de bromas impregnadas con verdades, sus compañeros y subalternos dicen que es uno de los ‘activos’ más valiosos de la compañía. Adulaciones que van más allá de la simple necesidad de congraciarse con él: son el reflejo de los 20 años de trabajo que hoy completa en la empresa. Toda una vida que le ha servido para granjearse un puesto privilegiado dentro de la organización y, de paso, convertirse desde hace unos meses en el presidente de operaciones en Colombia. Pero, ¿quién es Dávila y en qué consisten sus multimillonarios planes para Makro en el país?

Como si se tratara de un designio del destino, Dávila nació para dedicar su vida profesional a Makro. En su natal Caracas, Venezuela, cuando despuntaba el año 1993 y su cotidianidad transcurría en las instalaciones de Divenca –empresa manufacturera donde trabajaba entre hilos, telas y colchones– recibió una propuesta que cambiaría su futuro: asumir la gerencia de la tienda número tres de Makro Venezuela. Ofrecimiento que, sin dudarlo, el joven ejecutivo aceptó.

Desde entonces, sobre los hombros de Dávila empezaron a recaer toda suerte de responsabilidades. Fue gerente de tiendas en varias ciudades venezolanas, apoyó la llegada de Makro a Colombia en 1995, incursionó en el área de compras, dirigió las ventas de la cadena, estructuró su llegada a Perú y, finalmente, en 2009 lo nombraron CEO de operaciones en Venezuela. Cargo que ostentó hasta finales de 2012, cuando la junta directiva de la compañía decidió enviarlo a Colombia en calidad de presidente.

Durante dos décadas, su trasegar por cada rincón de Makro le sirvió para ser testigo de excepción del crecimiento que vivió la organización en su país: pasó de tener un local en 1992, a 37 puntos de venta en la actualidad. Y es precisamente ese fenómeno expansionista el que ahora quiere replicar Dávila en Colombia. Un reto que, a todas luces, es más que ambicioso. Y lo es porque, a pesar de haber iniciado operaciones hace 17 años, Makro hoy tan solo cuenta con 16 locales en el país. En la más elemental de las aritméticas, eso significa que anualmente se inaugura un punto de venta en Colombia. Un lento crecimiento que Dávila quiere acelerar mediante una inversión de $70.000 millones al año. Monto suficiente para que, a su juicio, la cadena alcance las 32 tiendas a lo largo del territorio nacional en un lapso prudente.

Así, mientras llega ese día, sus baterías inversionistas están enfiladas hacia un grupo de ciudades capitales. “Actualmente en Bogotá tenemos tres tiendas y esperamos llegar a ocho. Y ya estamos haciendo lo propio en Medellín y Bucaramanga”, dice el ejecutivo, al tiempo que revela su plan de crecimiento.

Pese a sus desafíos expansionistas, las tareas de Dávila no se circunscriben a ese aspecto. También tendrá que incrementar los $900.000 millones de facturación que registró la empresa el año pasado. De hecho, su meta para 2013 –en ese mismo ítem– es de $1,1 billones. Pero, tal y como van las cosas, sus proyecciones lucen más que desafiantes, pues a junio pasado la facturación de la compañía bordeaba los $350.000 millones. Tal vez por eso, dentro de sus estrategias próximas esté la de desplegar una inversión publicitaria cercana a los $9.000 millones. La idea es aumentar la presencia de Makro en medios de comunicación y seguir apuntándole a la satisfacción de sus clientes. “Actualmente contamos con más de 1,4 millones de clientes registrados en el pasaporte Makro, lo que nos permite conocer a profundidad sus necesidades y hábitos, y ofrecerles las mejores promociones y consejos para hacer rentables sus negocios”, apunta Dávila.

Y así como busca atender a sus clientes, el directivo también piensa en el bienestar de sus 1.500 empleados. Para ello, pretende no solo garantizarles un oficio estable sino formarlos profesionalmente para que puedan escalar dentro de la compañía. Quizás eso explique por qué, a estas alturas, 90% de sus trabajadores esté inscrito en los programas de capacitación que les brinda Makro. Sin lugar a dudas el reto de Nelson Dávila no es cualquier friolera. Pese a ello, siempre abre un espacio en su agenda para mantener vivo ese espíritu de nadador que corre por sus venas y que, además, alimenta cuando tiene una piscina a su disposición.

Allí –con la mente abierta– toma decisiones, elimina tensiones y recuerda ese sabor único de las arepas de maíz venezolanas que en Colombia no ha podido encontrar.

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