Revista Dinero

Gerente de Transmilenio.

| 10/24/2012 6:00:00 PM

El jinete del transporte

Con la llegada de Fernando Sanclemente a la gerencia de Transmilenio, se conjura una interinidad de más de un mes en esa entidad. Un acercamiento al nuevo funcionario, quien ama la ganadería y la equitación.

Aunque nunca conoció a Gilberto Alzate Avendaño –su abuelo materno–, Fernando Sanclemente no puede ocultar el orgullo que aún siente por él. Así como tampoco vacila al decir que la ‘godarria’ que siempre ha corrido por sus venas fue la gran herencia que le dejó aquel caudillo conservador, al que solo pudo ver en los álbumes de fotografías familiares. Por eso, no es fácil entender cómo un godo irremediable pudo convertirse en uno de los hombres más cercanos al alcalde Petro y tuvo los arrestos de montarse sobre el potro más cerrero de la administración distrital: la gerencia de Transmilenio.

Despojado de su inocultable tinte político, Sanclemente decidió asumir el reto, según sus propias palabras, porque nunca se ha sentido inferior a los grandes desafíos. No obstante, el que acaba de recaer sobre sus hombros será el más difícil que haya tenido que enfrentar en su vida. Definir el futuro del tranvía por la 7ª y la troncal de Transmilenio por la Boyacá; renegociar los contratos de la Fases I y II y unificar las dos tarjetas del sistema, son algunos de los asuntos que tendrá que sortear.

Un rosario de responsabilidades que, solo en lo que va de este año, les ha hecho tirar la toalla a tres de sus antecesores. El ambiente, entonces, con el que se encuentra Sanclemente no es el más estable. Pero a pesar de que es consciente de ello, el funcionario ya desplegó una ambiciosa carta de navegación con la que busca darle un giro de 180 grados a la entidad.

Con voz inquebrantable, asegura que la renegociación con los operadores de las fases I y II de Transmilenio está avanzado alrededor de tres alternativas: prorrogar los contratos con condiciones más favorables para el Distrito, abrir un proceso licitatorio para que entren nuevos jugadores al negocio y, finalmente, reducir el valor de las tarifas a cambio de que el Distrito amplíe la vida útil de los buses articulados a 300.000 kilómetros adicionales.
Dentro de las gavetas de su todavía extraña oficina, también reposan las eventuales soluciones que aplicará para cortar de tajo el embrollo de las dos tarjetas incompatibles que hoy ‘habitan’ en Transmilenio.

En fin, seguramente pocos envidian lo que se le viene cuesta arriba. Y más si se tiene en cuenta que tendrá que reconstruir la imagen que en algún momento hizo de esta entidad el orgullo capitalino. Para lograrlo, Sanclemente sabe que cuenta con recursos más que razonables: $2,63 billones de presupuesto anual y $890.000 millones de recaudo por año.

De aviones y corceles

Pero, ¿quién es este personaje que tuvo las agallas de sentarse frente al desvencijado timón de Transmilenio Cuenta Sanclemente que cada vez que llega a algún cargo siempre le hacen la misma pregunta: “¿usted es piloto o ingeniero ”. Y se la hacen porque durante su vida dentro del sector público ha estado vinculado a temas aeronáuticos y de infraestructura. No en vano fue Superintendente de Puertos y Transporte, director de la Aerocivil, presidente de Puerto Brisa y director de la Terminal de Transporte de Bogotá.

Lo curioso del caso es que no es piloto y mucho menos ingeniero. Estudió derecho en el Externado de Colombia y, un par de años después de recibir su grado, decidió especializarse en derecho económico y administrativo. Una profesión que escogió por la influencia de su padre: Fernando Sanclemente Molina, un abogado que tuvo asiento en el Concejo de Bogotá, la Cámara de Representantes y el Senado. Pero, además, se dedicó hasta el último día de su vida a la ganadería.

Negocio que a estas alturas conserva el gerente de Transmilenio. Tal vez por eso, cada que tiene la oportunidad viaja a su finca, en donde pasta –según él– el mejor ganado Angus de la Sabana. Así como lo hacen sus refinados caballos de salto que trata de montar sobre la pista de equitación que diseñó en los potreros del hato.

Sin ruborizarse, Sanclemente dice que fue campeón nacional de salto a caballo. Un palmarés de lujo que ahora tendrá que superar sobre la montura de Transmilenio y al frente de las riendas del corcel más indómito que ha tenido que enfrentar.
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