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Marco Alemán logró ingresar a la Ompi luego de un riguroso proceso de selección internacional. No se descarta que siga escalando al interior de esa entidad adscrita a la ONU.

| 7/24/2013 6:00:00 PM

El genio de los ‘copyrights’

Un corozalero de 44 años es el cerebro detrás de buena parte de los acuerdos, documentos y leyes sobre patentes y propiedad intelectual en el mundo.

Aunque no ha inventado nada, es una de las personas que más sabe en el mundo de propiedad intelectual y patentes. Por su escritorio pasan buena parte de los acuerdos comerciales, leyes y documentos que sobre estos temas redactan muchos países. Su nombre es más europeo que el mismo Bruselas, pero su corazón y acento mantienen ese sabor costeño y colombiano tan característico. Marco Alemán salió de Corozal, Sucre, a los 14 años y hoy es el director adjunto de la división del Derecho de Patentes y jefe de la sección de Asistencia Legislativa y Políticas de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (Ompi), una de las 14 entidades especializadas del sistema de las Naciones Unidas.

Pero llegar a este rimbombante cargo internacional requirió de una excelente preparación académica, combinada con una dosis de buenas relaciones públicas que forjó en su infancia en la natal Corozal, cuando entre chistes e historias aprendió a discutir y escuchar las posiciones de sus amigos de barrio.

Luego de las alegrías que deja la infancia, dedicó buena parte de su vida al estudio y el pupitre fue su compañero por años. Se graduó de abogado en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego hizo en ese mismo centro académico una especialización en derecho de sociedades. Más tarde obtuvo un diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Investigación, en la Universidad de Alcalá, España, que incluyó una mención sobresaliente para luego complementarla con un doctorado en Derecho en la misma Universidad (cum laude). Semejante trayectoria le dio las credenciales suficientes para llegar en 1998, en calidad de investigador visitante, al Max Planck Institute, un reconocido centro de pensamiento mundial especializado en los temas del derecho de la propiedad intelectual. De esa experiencia no solo le quedó el gusto por la cerveza artesanal de Múnich, “también me dejó una buena dosis de humildad en mis posiciones jurídicas. Antes de ir allá siempre pensaba que tenía la razón, ahora dudo más antes de concluir mis posiciones”, recuerda el jurista.

Llegar a esa madurez no fue fácil y estuvo matizada por jocosas anécdotas. Una de ellas evidencia su precocidad intelectual. En 1996, cuando apenas tenía 26 años, los magistrados del Tribunal Andino de Justicia lo invitaron a Quito a un seminario por ser el autor de uno de los libros más citados en fallos y pronunciamientos de esa alta instancia. “Cuando llegué al aeropuerto me esperaba el presidente del Tribunal Andino, magistrado Enrique Farías (expresidente de la Corte Suprema de Venezuela) con un letrero que decía “bienvenido profesor Marco Matías Alemán”, cuando yo levanté la mano para identificarme, el magistrado me miró incrédulo y luego me dijo en acento marcadamente caraqueño: “chico, ¿es que tu papá no pudo venir”.

Aunque su vida académica y logros profesionales los ha vivido más en el exterior que en Colombia, no ha roto los lazos con el país que tanto extraña. En el año 2008 participó en las discusiones que llevaron a la elaboración del documento Conpes 3533 que definió la estrategia de propiedad intelectual en el país. Más recientemente, entre 2011 y 2012, estuvo en la discusión y análisis de ciertas normas de la legislación en propiedad industrial que debían ser objeto de revisión como consecuencia de los compromisos bilaterales de los tratados de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea.

A sus 44 años se declara satisfecho y realizado pues su quehacer combina importantes dosis de política internacional y de diplomacia, con un trabajo que es eminentemente jurídico.

Ahora recoge los frutos del esfuerzo. Vive en las afueras de Ginebra, Suiza, en un pueblo pintoresco ubicado entre el lago y las montañas y rodeado de vacas y viñedos. Sus aficiones también cambiaron y dedica parte de su tiempo libre al trabajo en el jardín de su casa; bicicleta de montaña en el verano y esquí en el invierno.

Marco M. Alemán, casado con barranquillera y padre de tres hijos, es uno de esos colombianos que dejan huella internacionalmente y que aprovechan muy bien las oportunidades que se les cruzan en el camino. Su futuro es promisorio y no se descarta que siga escalando posiciones al interior de la Ompi o en una gran multinacional. El país también podría aprovechar su experiencia y conocimiento. Si existiera un Ministerio de la Innovación, podría ser, por qué no, un excelente candidato.
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