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| 8/16/2012 8:00:00 AM

El embajador de Slim

Juan Carlos Archila, presidente de Claro, es el hombre fuerte de Carlos Slim en Colombia. Discreción, racionalidad y una gran habilidad para los negocios, claves de su éxito.

Si sus lecturas dieran luces sobre los rasgos de su personalidad, podría afirmarse que Juan Carlos Archila es un hombre obsesionado con tres temas: liderazgo, poder y crisis. En épocas de vacas gordas, es muy probable que el actual presidente de Claro en Colombia se sumerja en las páginas de Jim Collins para buscar en Good to Great (Empresas que sobresalen) recomendaciones para potenciar los atributos de una compañía que se proclama líder. Si lo que se viene es una crisis, entonces volverá a releer How the Mighty Fall (Por qué caen las grandes empresas). Y es que él mismo califica a Collins –considerado el sucesor de Peter Drucker– como autor obligado para quienes quieran conocer la filosofía práctica de los negocios.

Los enfoques esotéricos, que en el mundo de los eufemismos se denominan “de autoayuda”, no son ajenos a los títulos que se encuentran en su biblioteca. No es extraño encontrar en ella un libro de Deepak Chopra, de quien Archila se confiesa admirador. En The soul of leadership (El alma del liderazgo) encuentra las claves para hacer valer el balance espiritual en una decisión de negocios.

Pero, tal vez con el propósito de que nadie logre encasillarlo, alterna la lectura de esas páginas con las de Long Walk to Freedom (Marcha hacia la libertad), en las que Nelson Mandela narra una apasionante historia de vida.

Lo que sí es cierto es que nadie, ni siquiera en una charla coloquial sobre sus lecturas, que serían una buena excusa para inducirlo a hablar de su cotidianidad, logra conocer su posición personal frente a las complejidades en las que se mueve su negocio de la telefonía celular. “No, no suelta prenda”, dice uno de sus ejecutivos cuando alguien quiere saber un poco más, por ejemplo, sobre las razones íntimas de sus recusaciones contra el director ejecutivo de la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones, un exasesor de Une a quien sus detractores le achacan la intención de fabricar un muro normativo para contener el crecimiento de la posición dominante que ostentaría la antigua Comcel.

Otro de sus colaboradores más cercanos cuenta que Archila pareció no inmutarse una mañana en que oyó por la radio al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, advertir que si Comcel (hoy Claro) no le pagaba a la Empresa de Telecomunicaciones una deuda reconocida por el Tribunal Andino de Justicia, y que acaba de ser avalada por el Consejo de Estado, los contribuyentes deberían saldar una obligación que llega a los $200.000 millones.

Pero esa serenidad inquebrantable no es en su caso un sinónimo de inactividad. Simplemente significa que la estrategia jurídica ya fue definida hace rato y que no hace falta generar presiones públicas que puedan generarle desgastes a su compañía.

Con la discreción extrema como norma de conducta, sería impensable que un interlocutor fuese capaz de arrancarle un comentario sobre versiones de prensa según las cuales las empresas del magnate Carlos Slim, su jefe máximo, reciben cuando menos una sanción diaria por posible competencia desleal.

Colombiano, formado como administrador en la Universidad de los Andes y máster de Negocios de la Universidad de Columbia, Archila parece corresponder, sin embargo, al prototipo de la cultura mexicana de los negocios. No en vano vivió y trabajó en México durante 17 años como ejecutivo de una compañía proveedora del Grupo América Móvil.

Estuvo allí hasta que unos head hunters descubrieron algo que Slim y sus asesores ya tenían claro: que este hombre reunía las condiciones para asumir la Presidencia de Comcel en Colombia. Es un prototipo al que responde cabalmente y que le ha valido que algunos lo consideren uno de los mejores ‘embajadores’ de Slim en Colombia.

La personalidad reservada, la discreción a ultranza y la racionalidad en las decisiones de negocios hacen parte de las normas corporativas señaladas por el hombre más rico del mundo para sus ejecutivos.

Seguramente también la frialdad, demostrada por el propio Slim y por su yerno, Arturo Elías Ayub, el día que tomaron su avión ejecutivo y llegaron sin ningún anuncio previo para asegurarse de que el proceso de remoción de Adrián Hernández, antecesor de Archila en el cargo, se produjera sin dilaciones, pero sin escándalos.

Por todo eso, Archila habla poco de sí mismo y frente a los medios no se deja plantear un tema que no tenga que ver con su empresa. Si alguien le pide, por ejemplo, que le refiera una experiencia de vida agradable, él le citará la reciente reunión con el equipo olímpico que Colombia envió a Londres y recalcará que los deportistas, patrocinados por su compañía, son los mismos que acaban de regresar del Reino Unido con una cosecha de ocho de medallas de oro, plata y bronce colgadas al cuello.
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