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El general (r) Julio González dirige un joven equipo que está a punto de hacer realidad la operación segura de aviones de combate piloteados desde tierra.

| 5/30/2013 7:29:00 AM

El aviador

El general (r.) Julio González lideró el equipo que acaba de entregarle al país el primer simulador de vuelo producido en Colombia. Pieza clave en el desarrollo de la industria militar.

Una de sus más difíciles tareas como piloto de combate se cumplió al despuntar la década de los 90. El entonces mayor Julio González lideraba una escuadra de aviones A-37 que apoyaba al Ejército en una operación desplegada para sacar de Casa Verde, su santuario, a ‘Tirofijo’ y los demás miembros del secretario de las Farc. La misión se cumplió aunque resultó costosa en términos de vidas: un Black Hawk fue impactado por fuego enemigo y no logró regresar a su base en Melgar: todos sus ocupantes murieron.

Hoy, 23 años después, el general González tiene razones para afirmar que el último piloto de combate colombiano ya nació. Después de culminar, como comandante de la FAC una carrera militar de 40 años, y de un paso por la embajada en Washington como agregado de defensa, acaba de entregarle al país el primer simulador de vuelo para el entrenamiento de tripulaciones de ART (Aeronaves Remotamente Tripuladas).

Lo consiguió en el tiempo récord de tres meses, con el trabajo febril pero riguroso de un joven equipo de no más de 30 personas –entre ingenieros, diseñadores y expertos en aviación militar– que hace parte de la Corporación de Alta Tecnología, compañía creada en diciembre último y vinculada al grupo empresarial del Ministerio de Defensa.

Desde la gerencia de la Corporación, este hombre, curtido militar y magíster en altos estudios estratégicos, sabe bien que esta es la cuota inicial para que, de la mano de la Corporación de la Industria Aeronáutica, Colombia cuente pronto con la primera flotilla de drones o aviones no tripulados producidos íntegramente en el país.

Su equipo de trabajo está integrado en su mayoría por jóvenes llaneros que se concentran en una casa del barrio El Buque, en Villavicencio, donde consolidan el crecimiento de un centro de producción tecnológica que, de alguna manera, duplicará la realidad para que los pilotos del futuro cercano comanden sus naves desde una cabina en tierra con precisión sorprendente, con todos los riesgos calculados y con un margen de error en la generación de riesgos colaterales cercano a cero.

La creación de los primeros productos marca el principio del fin de la compra en el exterior de costosa tecnología por parte de la Fuerza Pública y de empresas estatales y particulares, pues su uso no será exclusivamente militar. Si bien el proyecto fue generado a partir de un modelo de la Boeing, ahora consigue superar los obstáculos que limitaban su uso en el país. Hasta ahora los simuladores importados incluían escenarios muy lejanos para los pilotos colombianos: campos de Afganistán, relieves y planos de Washington y Los Ángeles.

El general (r.) González supo que el experimento fue exitoso cuando constató que el simulador criollo había conseguido réplicas perfectas de La Macarena, Tibú, Orito, Saravena y otros escenarios donde se cumplen las misiones más sensibles en el campo de la seguridad. Por eso, él y sus coequiperos lo han exhibido con orgullo ante la Gobernación del Meta y la Alcaldía de Villavicencio, que invirtieron en el proyecto, y ante Ecopetrol, que compró uno con un doble propósito: donárselo a la FAC y conseguir un afianzamiento en la seguridad de sus campos de producción.

Con la misma visión de futuro que alguna vez lo llevó a dirigir con éxito la tarea de dotar los aviones Supertucanos con tecnología de punta que hoy interesa a varios países, este oficial está seguro de que la Corporación podrá sacar adelante en breve su segundo gran proyecto: la producción de sensores que incluirán radares y otros dispositivos útiles, por ejemplo para la exploración de petróleo y la detección de bancos de peces, sin necesidad de usar procedimientos que causen daño al medio ambiente.

El ingenio de su equipo de trabajo hará también realidad muy pronto la creación de simuladores para la operación de ASV 4 x 4, como son conocidos aquellos vehículos blindados del Ejército que llegaron a remplazar los viejos tanques Cascabel.

Julio González está seguro de que la calidad operacional y la tecnología que han acopiado las Fuerzas Armadas durante estos largos años de conflicto fueron factor clave para que las Farc decidieran ir a la mesa de diálogo en La Habana. También para que en la época del posconflicto –que podría estar relativamente próxima– sus productos no solo sirvan para atender las necesidades de la seguridad y la defensa, que no desaparecerán nunca, sino que tendrán en la mira el mercado exportador.

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