| 5/9/2012 6:00:00 PM

El As de Vargas Lleras

Luis Felipe Henao, nuevo viceministro de Vivienda, aporta una de las más altas cuotas de conocimiento dentro del equipo que tendrá a cargo la misión de construir 100.000 casas gratis para los más pobres.

Siempre soñó con ser un gran penalista. Comenzó a prepararse para eso a los 17 años cuando, a escondidas de sus padres que no querían que trabajara tan joven, consiguió un puesto como ‘patinador’ en el prestigioso bufete de Jaime Lombana.

Aun antes de graduarse en la Universidad del Rosario, con una tesis sobre la responsabilidad penal de las juntas directivas, Luis Felipe Henao tuvo un paso corto pero sustancioso por la Fiscalía. Allí, como técnico investigador de la Unidad de Delitos contra el Patrimonio Económico, demostró su destreza como sabueso capaz de recabar pruebas para enviar a prisión a responsables de fraudes con tarjetas de crédito y adulteración de licores.

Quería seguir los pasos de su padre, el magistrado y catedrático antioqueño Rubén Darío Henao. Sin embargo, cuando recién cumplía los 26 años de edad fue enrolado en el Gobierno por iniciativa del entonces ministro de Ambiente y Vivienda, Juan Lozano. El ministro buscaba a un abogado para la Secretaría General que entonces estaba en manos de un sicólogo. “Le tengo a un muchacho pilo, un abogado que llegará lejos. Ahí verá…”, dijo su jefe Jaime Lombana al responder una llamada del Ministro que buscaba candidatos.

Su desempeño en el cargo le valió que Lozano le confiara responsabilidades como viceministro de Vivienda, donde se empapó de un tema que hoy lo apasiona y lo llevó a convertirse en el experto con el que cuenta el nuevo ministro del sector, Germán Vargas Lleras, para sacar adelante su proyecto de construir 100.000 casas para los más pobres. Los empresarios más influyentes consideran un acierto de Vargas haber escogido a un coequipero de sus calidades.

Este joven de 32 años habla de los programas estratégicos de vivienda de interés social y de vivienda de interés prioritario con la misma propiedad con la que interpreta, como profesor universitario, un inciso del Código Penal o con la que analiza un ensayo del jurista italiano Luigi Ferrajoli sobre las herramientas de control social.

De hecho, no encuentra incompatibilidad alguna entre la ciencia jurídica y el proyecto social que el presidente Santos y el ministro Vargas Lleras concibieron para la construcción del que será un nuevo hábitat para varias de los 1,2 millones de familias que viven en la pobreza extrema porque perciben, a duras penas, 0,6% de un salario mínimo.

Habla de afinidad con el llamado “funcionalismo teleológico” que le permite entender el concepto de Estado democrático y social de derecho, dentro de un sentido de apego a los derechos fundamentales de las personas. Siente por eso que cuando se entrega una vivienda no se cumple un formalismo, sino que se está contribuyendo a la formación de un hogar.

Por estos días, como ministro encargado de Vivienda –tras el retiro de Beatriz Uribe y la transición de su jefe, Germán Vargas Lleras de Interior a su nueva cartera– revisa con este los proyectos que le llegan de varias latitudes. Medellín ya tiene una propuesta para la construcción de 9.000 viviendas y Cali prepara la suya. Lo más seguro es que muy pronto los proyectos comiencen a desbordar las metas. Sus jornadas a menudo se extienden hasta las 2 o 3 de la mañana. El ritmo impuesto por Vargas le ha hecho perder casi 8 kilos, pero ha contribuido a generar en él la convicción de que no están cabalgando a lomo de una utopía.

Aunque no cambia su meta de llegar a ser uno de los mejores penalistas, se declara jugado con el proyecto de Germán Vargas que, recién posesionado como Ministro del Interior, lo llamó a hacer parte de un equipo que al comienzo solo integraban el propio ministro y Leonorcita, su secretaria.

A despecho de algunos y en medio del escepticismo de otros, da fe de que la meta de construcción de 100.000 viviendas para los más pobres no es ni una propuesta de última hora ni una plataforma de campaña política. Lleva entre su portafolio una presentación que muestra cómo se ha venido adobando la iniciativa y cuál es su racionalidad.

Solo se desprende transitoriamente de sus proyectos para compartir su tiempo sagrado en casa con su esposa, la también abogada Luz Stella Burgos, y con su hijo de 2 años. Les saca un tiempito al rock en español y a las lecturas de novelas históricas, como El soldado de Salamina, de Javier Cercas, o del género policíaco, que le impiden olvidarse de su condición de penalista y criminalista. Pero antes de volver a los estrados, espera asistir a la entrega de las 100.000 viviendas.
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