| 2/5/2014 8:00:00 PM

La superagente

Ana Linda Solano, directora de la nueva Policía Económica y Financiera, asume el reto de investigar los delitos con el mayor grado de refinamiento.

Fue alumna aventajada de Jesús-María Silva Sánchez, uno de los tratadistas en materia penal más reconocidos de Europa. Bajo su tutela se graduó con honores en la Maestría en Ciencias Jurídicas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y brilló con luz propia entre las becarias de la Fundación Carolina.

Sorprendió al jurado con una tesis en la que analizaba el fenómeno de la corrupción por fuera de los moldes clásicos que la asimilan exclusivamente con los delitos contra la administración pública. De hecho, siempre tiene a mano teorías novedosas pero racionales y eso lo saben bien quienes han sido sus compañeros o alumnos del Centro de Estudios de las Américas en Chile, del equipo de asesores jurídicos del Departamento Nacional de Planeación y de la Universidad del Rosario.

Los que conocen a Ana Linda Solano están convencidos de que el Fiscal General acertó al confiarle a esta joven la dirección de la Policía Económica y Financiera (PEF), un cuerpo élite de policía judicial que se estrena en Colombia y que tiene la misión de dar el soporte técnico y científico que hoy echan de menos quienes investigan delitos de ‘alta escuela’ como la manipulación de acciones o el lavado de activos.

Ya reclutó a los primeros 21 analistas de un cuerpo de 250 mujeres y hombres que estarán bajo su mando. Entre ellos hay administradores, economistas, financieros, agentes de cumplimiento de bancos, auditores fiscales y hasta politólogos que integran un cuerpo interdisciplinario que debe ser capaz de entender el que ella llama el nuevo concepto de la “multidimensionalidad de la seguridad” y de seguir las trazas del crimen transnacional.

Su modelo debe resultar convincente y persuasivo, a juzgar por el interés con el que la Guardia de Finanzas de Italia –considerado uno de los cuerpos operativos más experimentados del mundo– y el IRS de Estados Unidos se pusieron a la cabeza de las agencias de cooperación internacional que hacen posible la consolidación del proyecto.

Sus agentes distan bastante del concepto tradicional del policía y el sabueso. No están acuartelados ni a la espera de la primera solicitud de alguno de los fiscales, sino que permanecen en trance de especialización para agregarle valor a una misión que será compartida con otras agencias como la Policía Fiscal y Aduanera, la Dijín o la Uiaf.

Conoce al dedillo los instrumentos internacionales de lucha contra el crimen organizado y suele apelar a las analogías con el mundo de la tecnología cuando acaricia en voz alta su sueño de aplicar un modelo de cooperación “2.0”; es decir, avanzado, refinado y sin fronteras que detengan su flujo.

Una de sus cartas de navegación la ha encontrado en el Informe de delitos transnacionales preparado por la ONU, que confirma que el delito, como la hidra, tiene capacidad para regenerar de inmediato las cabezas que pierde y que se fragmenta, al ritmo de la globalización, para ocupar cada día mayores espacios.

De su mano, la Policía Económica y Financiera no parece cobrar el perfil de un organismo que se encasilla en los llamados delitos de cuello blanco. Ella prefiere que en su carta de presentación la PEF se muestre como un organismo de estructura transversal con la que pueda hacer una lectura más integral del crimen y encontrarles, claro, sus componentes económicos, financieros y sociales.

El vicefiscal Jorge Perdomo, que en su caso obró como cazatalento, cree que esta mujer, formada inicialmente en la Escuela de Estudios de Investigación y Criminalística de la Universidad de los Andes y especializada también en Derecho Administrativo en la Javeriana, le dará a la nueva policía judicial el vigor, la dinámica y la credibilidad que se requieren en una sociedad escéptica por obra de la impunidad.

Tela para cortar en materia de investigación hay bastante. Alexandra Ladino, cabeza del equipo de fiscales que investiga el caso InterBolsa y otros ‘affaires’ recientes en el mundo bursátil, espera que la directora de la PEF y su equipo le ayuden a atar los cabos sueltos que aún quedan en algunos procesos y a descifrar los enigmas que rodean el episodio de la salida del mercado de Torres Cortés, la principal comisionista de la Bolsa Mercantil de Colombia. Pero el inventario será mucho más largo.

Las expectativas no son de menor calado en las Unidades de Fiscalía que están cargadas de procesos sobre corrupción, blanqueo de activos y otra gama de conductas punibles cuyo castigo depende de mucho más que de la habilidad para aplicar el Código Penal.

Son retos que requieren de una superagente, que actue con inteligencia y aplomo, y quienes han trabajado al lado de Ana Linda Solano creen, como dicen en su tierra caribe, que ella está llena de requisitos.
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