| 10/30/2014 7:00:00 AM

Plata blanca

El giro de utilidades de la inversión extranjera está disparado. El Emisor y la Cepal señalan que eso está agravando el déficit de cuenta corriente. ¿Este es el lado oscuro de la inversión extranjera?

Una de las razones por las que los inversionistas siguen confiando en Colombia es porque aquí la plata sí rinde. Prueba de ello es lo que ocurre con la “renta de los factores”, cuyo principal indicador es el rendimiento asociado al capital; es decir, cuánto está produciendo la inversión que llega a Colombia. Las cifras son sorprendentes.

En el primer semestre de este año el país le entregó al mundo por el rubro de renta factorial US$8.500 millones, que incluyen los US$6.230 millones que ganó la inversión extranjera directa (IED) radicada en el país, y los US$1.687 millones que rentaron las inversiones en cartera.

Esto no sería un problema si el país no hubiera empezado a evidenciar un inconveniente de cuenta corriente; es decir, un creciente y preocupante déficit, por la diferencia entre los pagos que les hacemos a otros países y los pagos que otros países nos hacen a nosotros.

A junio, Colombia registró un déficit en cuenta corriente de US$8.107 millones, es decir 4,4% del PIB, uno de los registros más altos de los últimos años y casi 50% más alto que el registrado el año pasado a la misma fecha. El déficit total de 2013 llegó a US$12.200 millones.

Obviamente el diagnóstico no es que la IED sea mala para un país; sin embargo, los colombianos están entrando en una nueva fase en la que por cuenta del desajuste de su comercio exterior, la inversión extranjera tiende a agravar los problemas externos. La noticia resulta sorpresiva y es necesario revisar el escenario base acerca de uno de los rubros más importantes de la economía nacional de los últimos 20 años.

Según el economista José Antonio Ocampo, “el giro de utilidades no es necesariamente un problema si se reinvierten y entonces se vuelven entradas de capitales. También tienen la ventaja de ajustarse automáticamente si hay otros factores negativos que afectan la economía, en particular la caída de los precios de productos básicos. Pero sin duda afectarán negativamente la cuenta corriente de los próximos años. Existe el espejismo de que la inversión extranjera es una contribución financiera neta: en el largo plazo las remesas de utilidades deben superar la magnitud de la inversión”.

Esa es la nueva etapa que está enfrentando Colombia. En la última década, el país ha estado recibiendo al año más de US$10.000 millones; el stock de IED en el país es de US$130.913 millones. En esas condiciones, y con un giro anual de utilidades de la IED cercano a los US$11.000 millones, la tasa de rentabilidad implícita está alrededor de 9% o 10%. Algo muy atractivo en un escenario mundial de bajas tasas y enormes riesgos en muchas economías desarrolladas.

Olga Lucía Acosta, asesora regional de la oficina de la Cepal en Bogotá, asegura que el tema ya ha sido motivo de análisis por parte de ese organismo. “Lo que creo es que si hay inversión extranjera no se puede juzgar solo cuando llega. Siento que en América Latina hemos mirado el flujo de entrada y no todos los aprendizajes que la inversión deja”, advierte.

La Cepal reveló a comienzos de este año el estudio La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe. El diagnóstico es revelador. El estudio señala que: “Un alto nivel de entradas de IED no implica necesariamente un gran impacto positivo en el desarrollo o el crecimiento económico. En la literatura académica existe un debate sobre los efectos de la IED en el crecimiento económico y la conclusión más sólida es que no todos los tipos de IED tienen el mismo impacto. Por ejemplo, un gran porcentaje de la IED recibida está formado por adquisiciones de empresas que no proporcionan nuevas capacidades a la economía e incluso es posible que las inversiones completamente nuevas no hagan más que sustituir a las nacionales”.

En el informe de presentación, la Cepal advierte que existe una vulnerabilidad externa para los países de la región, porque la renta de la inversión extranjera es actualmente el principal rubro negativo de la cuenta corriente. Además, el superávit del balance de bienes es cada vez menor, lo que demuestra “la incapacidad de la estructura productiva de responder al incremento del consumo, lo que genera un flujo creciente de importaciones”.

Para la Cepal, el diagnóstico también debe incluir el hecho cierto de que la IED está llegando a sectores que no generan transformación económica local ni empleo sostenible, como ocurre con las industrias extractivas de minería y petróleo. “Frente a este escenario, hay que revisar el papel de la IED en el desarrollo de los países”, finaliza el informe.

¿Colombia está entrando en una nueva fase de su historia económica en la que necesita revisar el papel de la inversión extranjera? ¿Es necesario aumentar los gravámenes para el giro de utilidades al exterior, con el objetivo de estimular la reinversión por parte de los accionistas? ¿Son necesarias medidas que estimulen la inversión en determinados sectores?

Esas preguntas son las que quedan en el aire. Lo claro por ahora es que el país está en un nuevo escenario, en el que la remesa de utilidades de la IED está agravando los problemas externos.

También es evidente la excesiva dependencia de Colombia de sectores primarios; esta es la principal vulnerabilidad de la economía colombiana en la actualidad.

Ahora, en un escenario de menores precios de las materias primas, es cuando todos se van a empezar a hacer la pregunta de si el país logró invertir los recursos de su bonanza petrolera y minera en reconvertir sectores o preparar a las empresas para competir en sectores nuevos.

Esa era la meta con la reforma a las regalías. Sin embargo, todavía no hay respuesta, pues solo van dos años con el nuevo esquema y la distribución de esos recursos apenas se ha venido haciendo. La duda es si Colombia empezó tarde su preparación para enfrentar los nuevos desafíos económicos. Amanecerá y veremos.


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El análisis del Banco
En su más reciente informe de inflación, revelado en junio pasado, el Banco de la República incluyó un análisis sobre la situación de la IED y la rentabilidad de esas inversiones.

Según el estudio, en la última década el giro de utilidades ha venido creciendo “de forma significativa, al pasar de US$4.590 millones (2,82% del PIB) en 2006, a US$13.432 millones (3,56% del PIB) en 2013. De tal manera, este rubro aumentó su participación en los egresos externos y ha sido una fuente de presión importante del déficit de cuenta corriente”.

Destaca el Emisor en su informe, que la rentabilidad en sectores como minería y petróleo ha estado en los últimos cuatro años en 16% promedio, muy superior al promedio del resto del sector, que se ha ubicado en 10%.
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