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Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda. El mercado está a la espera de la reglamentación de la Ley de Libranzas, a cargo del Ministerio de Hacienda.

| 5/15/2013 6:00:00 PM

Usureros a sueldo

Ha pasado más de un año y el Gobierno sigue sin reglamentar la Ley de Libranzas. De manera irregular, con esta figura se sigue estafando a cientos de personas en el país.

A pesar de que la Ley de Libranzas (1527 de 2012) se sancionó hace más de un año, el Ministerio de Hacienda no ha efectuado su reglamentación, lo que no ha permitido, entre otras cosas, establecer un registro de operadores idóneos para ejercer esa actividad.

Mientras tanto, dicha herramienta financiera sigue siendo utilizada para estafar a cientos de prestamistas e inversionistas alrededor de todo el país. Incluso, detrás de este crédito –que se descuenta directamente por nómina– se estarían escondiendo múltiples casos de cobros por encima de la tasa de usura (agiotismo) y hasta captación ilegal.

El fenómeno es más generalizado de lo que muchas autoridades quieren reconocer y, según las múltiples historias de engaños que Dinero ha conocido, afecta especialmente a policías, fuerzas militares y pensionados.

Tan solo en el último año la Superintendencia de la Economía Solidaria, encargada de vigilar las cooperativas en el país, ha liquidado nueve entidades, tomado posesión para administrar otras diez y tiene cuatro en vigilancia especial, por irregularidades relacionadas con libranzas en la mayoría de los casos.

Sin embargo, su capacidad es bastante limitada. En los últimos doce meses, esta Superintendencia recibió 500 quejas donde queda en evidencia cómo funcionan los estafadores.

Modus operandi


Según Enrique Valencia Montoya, superintendente de la Economía Solidaria, hay cooperativas falsas y otras que le ofrecen crédito a gente que ni siquiera es asociada, haciéndoles firmar papeles en blanco como pagarés, la renuncia anticipada a la cooperativa y documentos de delegación de voto, entre otros.

En el paquete le incluyen, además, servicios como planes exequiales y odontológicos que muchas veces los beneficiados ni reciben (“los cobran pero no los prestan”) y hasta suministro de libros y electrodomésticos.

Con todos estos “servicios”, la Superintendencia ha detectado que los clientes terminan pagando tasas alrededor de 65%, muy por encima de las máximas permitidas. “Por un crédito de $6 millones, la persona termina pagando $13 millones”, afirma Valencia.

Con esto, paradójicamente, personas sin acceso al sector financiero, atraídas por un crédito barato, terminan pagando tasas superiores a la usura.

“Es muy difícil de controlar. Realizamos vigilancia especial sobre 186 cooperativas de ahorro y crédito, pero las de aporte y crédito no tienen vigilancia especial (por lo que no hay ahorro) y esas son más de 1.100 cooperativas. Además, hay muchas que se constituyen ante Cámara de Comercio pero no reportan a la Supersolidaria”, agrega el funcionario.

Lo otro que han detectado las autoridades es que hay una gran mafia de compra y venta de pines (códigos de descuento) y empleadores que cobran por abrir códigos de descuento y por realizar los pagos. “Tras estas cooperativas de papel que originan crédito sin responsabilidad hay verdaderas mafias que venden códigos de descuento por nómina y/o convenios con pagadurías. Y tesoreros de entidades, tanto públicas como privadas, que convirtieron el pago de la nómina en un negocio personal. Abusos en tasas, comisiones sin lógica y poca claridad en lo que ofrecen. Es uno de los mercados más corruptos”, agrega un experto del mercado.

Sin embargo, todo esto es solo una parte de la historia. Hay muchas quejas de estafas a inversionistas pues, para fondearse, las cooperativas les venden la libranza a terceros. El problema es que la libranza de un cliente la pueden vender dos, tres o hasta más veces, ya que el cliente inversionista nunca tiene el control o la administración de ella. Por ello, muchas de estas cooperativas pudieran estar captando ilegalmente.

El inversionista nunca ve su título valor pues le dicen que la empresa no le va a girar (sin el PIN) y le expiden una simple certificación donde su título queda supuestamente en un custodio, como empresas de manejos de archivos y documentos.

Leonel Ariza, abogado experto en temas relacionados con mercado de valores y quien maneja varios de estos casos, advierte sobre muchas falsedades que se presentan: “Muchas veces la certificación no la emite el custodio sino la propia cooperativa o una S.A.S. de papel, por lo que las libranzas no están correctamente endosadas a favor del inversionista, o simplemente las libranzas relacionadas en la certificación no existen, pues las personas no existen y solo tomaron su nombre de una base de datos”, explica. “El manejo de las libranzas es demasiado informal e inseguro y se está prestando para defraudar a cientos de clientes”, agrega.

Lo más grave es que las libranzas están llegando al mercado de valores sin mucho control, con lo cual numerosas carteras colectivas y fondos de inversión podrían tener hoy dentro de sus portafolios miles de millones de pesos en libranzas.

Líbranos de todo mal


La Ley de Libranzas buscó que fuera el empleado y no el empleador quien eligiera el operador de libranzas para fomentar la competencia y prevenir todos estos problemas, así como crear un Registro Único de Entidades Operadoras de Libranzas. Sin embargo, después de 15 meses, el Ministerio de Hacienda no ha reglamentado cómo va a hacer este listado de operadores idóneos para tratar de depurar el negocio.

Las diferentes Superintendencias (Financiera, de Sociedades y de Economía Solidaria) que debían disponer de la información comparativa de tasas de libranzas en sus portales tampoco han podido hacer su tarea.

Cabe recordar que la Superintendencia Financiera vigila que no exista captación ilegal pero no a quien otorgue créditos con sus propios recursos. En el Ministerio de Hacienda afirman que están próximos a expedir la regulación, pero al cierre de esta edición aún no se había pronunciado.

Por ahora, hay que decirle a la gente que, si va a tomar un crédito, lo haga con entidades con trayectoria, vigiladas, y que no deje papeles con partes en blanco sin llenar. Y, para los inversionistas, que no se metan en un negocio sin estar seguros de que entendieron cómo funciona y todos los riesgos que podrían asumir, para que no entren solo guiados por altas rentabilidades pues, como dice el dicho, “de esto tan bueno no dan tanto”.
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