| 3/28/2012 6:00:00 PM

Una triste radiografía

Uno de cada 7 colombianos vive en la pobreza extrema y el crecimiento económico no es suficiente para sacarlos de allí. Con un súper censo, el Gobierno intenta ayudarlos.

Los pobres en Colombia están dejando de ser una mera estadística para convertirse en un grupo totalmente identificado. Con una potente base de datos, que permite saber quiénes son los más necesitados del país y cuáles son sus carencias más urgentes, el Gobierno avanza en su cruzada para atacar la pobreza extrema.

La metodología es la misma que han utilizado los supermercados para obtener de sus clientes la mayor cantidad de información, que después usan para fortalecer sus estrategias de comercialización. Samuel Azout, director de la Agencia Nacional para la Superación de la Pobreza Extrema (Anspe), admite que la meta de combatir la pobreza extrema lo llevó a aplicar la misma estrategia que usó en su trabajo al frente de Carulla.

Con esta herramienta, ahora planea ofrecerles los servicios que les ayudarán a salir de su crítica situación. Los resultados de esta poderosa encuesta –similar a la que hace el Dane– ya han permitido establecer dónde están y quiénes son 5,21 millones de pobres extremos. Aunque todavía le falta llegar a 1,2 millones, Azout asegura que con los que ya están censados sabe hacia dónde dirigir sus esfuerzos. 

Pero no todos los problemas tienen que ver con carencias. Sorprende, por ejemplo, que aunque es evidente que estos colombianos necesitan comida y vivienda, uno de los frentes en donde más se les puede ayudar es resolviendo su situación militar. Solo 16% de los hombres mayores de 25 años que viven en pobreza extrema tienen libreta y sin ese documento es imposible acceder a un trabajo formal.

La meta del Gobierno es que un millón de personas salgan de esa condición en el cuatrienio. Ojalá con ayuda de este súper censo (tiene 238 preguntas y se actualiza mensualmente), lo pueda lograr.

Primero mi primaria


13% de los pobres extremos son analfabetas y los que han estudiado han aprobado en promedio 4,3 años de educación. Aunque el costo de movilizarse, la lejanía de las escuelas y la necesidad de trabajar son factores que pesan bastante en el ausentismo escolar, llama la atención que 12% no estudia porque considera que no lo necesita o porque no quiere. También es diciente que 25% no se educa porque se considera viejo para hacerlo. Igualmente, asombra que una de las explicaciones para la elevada tasa de embarazo adolescente que se ve en este grupo de colombianos (10% de las menores entre 15 y 19 años) es la decisión de la joven de tener un hijo, bien sea para escapar de su casa o porque ya se sienten en edad para conformar un hogar, mas no porque desconozcan los métodos de planificación.

Propietarios, pero hacinados


Contrario a lo que podría pensarse, 43% de los pobres más pobres del país tiene casa propia y ya está totalmente pagada. El lío está en la calidad y tamaño de la vivienda para la cantidad de gente que vive en ella (cada hogar tiene un promedio de 4 personas), pero solo la mitad tiene piso de cemento e inodoro con alcantarillado. Únicamente 39% tiene teléfono y 46% gas natural. Uno de los grandes problemas es que no hay separación de espacios, lo que lleva a que todos duerman en una misma habitación, que la cocina no se separe de otras zonas, ni haya un lugar apropiado para hacer tareas. En la Anspe están promoviendo que las ayudas del sector privado se enfoquen en ese aspecto de las viviendas, más que –por ejemplo– en nutrición, donde en algunas áreas ya hay suficiente ayuda.

Ayuda repetida y dispersa

La responsabilidad social empresarial está de moda y esa es una ventaja para los pobres extremos. Sin embargo, la inversión privada apenas alcanza 0,3% del PIB (30% por debajo del promedio latinoamericano). Algunas fundaciones que nacieron en el sector privado tienen mucha experiencia y se han especializado en ayudar grupos como los niños, pero la idea de la Anspe es que las empresas puedan trabajar más de la mano con los programas que ya existen en el Gobierno para que se pueda focalizar en áreas en donde hay poca asistencia y en regiones donde no hay presencia del sector privado, pues las empresas tienden a aportar en sus zonas de influencia. Lo que se busca ahora es focalizar la inversión social para que sea más eficiente y ayude a las familias a pasar de la pobreza extrema a solo la pobreza y no quedarse en asistencialismo. Sopó es el primer municipio libre de pobreza extrema y eso se logró de la mano de Alpina
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