| 5/26/2016 12:00:00 AM

¿Tenemos claro el presupuesto para la paz?

El acto legislativo para la paz genera más confusión sobre uno de los más importantes asuntos para el futuro del país: cuánto nos valdrá el posconflicto.

El debate en torno del acto legislativo para la paz se ha centrado en los aspectos jurídicos, pues con la inclusión del artículo que eleva a la categoría de Acuerdo Especial lo pactado en La Habana se ha generado un gran debate sobre los alcances de la norma.

Sin embargo, otro de los aspectos relevantes, quizás el más, es el de los costos de la paz y el posconflicto. El problema es que el acto legislativo parece no avanzar en el tema y, por el contrario, podría generar más confusión en la institucionalidad presupuestal del país si no se hacen varias aclaraciones respecto de su contenido y alcance.

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El proyecto de reforma a la Constitución incluye un artículo, el número 3, que establece que durante los próximos 20 años el Congreso deberá aprobar un “Plan de Inversiones para la Paz”, el cual estará incluido en el plan plurianual de inversiones que el Gobierno ponga a consideración del Legislativo en el proceso para aprobar el Plan de Desarrollo.

El objetivo es destinar nuevas inversiones para “los ciudadanos y las entidades territoriales más afectadas por la pobreza rural, las economías ilegales, la debilidad institucional y el conflicto armado. Estos recursos serán adicionales a las inversiones ya programadas por las entidades públicas del orden nacional y territorial y se orientarán a cerrar las brechas sociales, económicas e institucionales en dichas entidades territoriales. El Gobierno podrá efectuar los ajustes institucionales y normativos necesarios para ejecutar el componente de paz del Plan Plurianual de Inversiones”.

Según el representante Hernán Penagos, ponente del acto legislativo para la paz, la medida obliga a que durante dos décadas “además de los recursos ordinarios del Presupuesto General de la Nación sean destinados unos recursos adicionales para consolidar la paz y el posconflicto”.

La propuesta suena ambiciosa, pues significa que el presupuesto de ingresos y gastos de la paz va a contar con el mismo proceso de aprobación democrática que tiene hoy el Presupuesto General de la Nación, como un proyecto de ley ordinaria en el Legislativo, atada a los aprobados a su vez en el Plan Nacional de Desarrollo.

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Sin embargo, Penagos señala que es claro que “con el presupuesto ordinario de la Nación, inclusive con ese presupuesto adicional que hemos aprobado en el acto legislativo para la paz, no es posible alcanzar lo que se podría establecer como el monto del posconflicto; no hay ninguna posibilidad. Por ejemplo, mire usted los temas de las reparaciones de las víctimas: a la fecha el número de víctimas reparadas es muy bajo frente a los 7 millones de víctimas que ha dejado el conflicto”, explica.

El representante insiste en que el objetivo es menos ambicioso: abrirle una nueva fuente de recursos para los proyectos de inversión derivados de los acuerdos.

Sin embargo, la iniciativa genera muchas dudas. De entrada hay dos riesgos: que el país inicie una espiral de “gasto por la paz”, pues claramente las necesidades que deben ser cubiertas son enormes y, así, cualquier gasto que implique reivindicar a las víctimas del conflicto deberá girarse contra este presupuesto. Con el nuevo Plan de Inversiones para la Paz, el país podría estar abriendo un nuevo gasto cuyo objetivo sería garantizar el gran derecho de la paz. La iniciativa evade preguntas centrales como cuál es, cuánto vale y hasta dónde va el gasto para la paz.

El otro riesgo es que la medida resulte inocua, pues muchos de los rubros que hoy se consideran gasto social podrían empezar a ser considerados como gasto de la paz. Así, el famoso Plan de Inversiones para la Paz no pasaría de ser un saludo a la bandera que le cambia el nombre al gasto social por gasto para la paz.

Sin embargo, Penagos insiste en que este Plan de Inversiones debe incluir rubros adicionales no cubiertos por el presupuesto; “con eso se logran algunos recursos que pueden ir ayudando a las zonas de conflicto. La meta es impactar positivamente con gasto público esas zonas”.

Más facultades

Hay otro asunto polémico en el acto legislativo. El Plan de Inversiones para la Paz irá acompañado de unas facultades para el Presidente con el objetivo de modificar instituciones y normas cuando sea necesario para cumplir con el plan plurianual.

Según los congresistas se trata de permitir que el Gobierno pueda modificar documentos Conpes o instituciones en sectores específicos, como agro y reparación de víctimas, cuando ello sea necesario para concretar las inversiones para la paz.

Sin embargo, el alcance de estas facultades es motivo de discusión y deberá darse más claridad en el último debate legislativo, pues mientras que las facultades especiales consagradas para el Presidente en el artículo 2 del acto legislativo y que le permiten expedir decretos con fuerza de ley para implementar los acuerdos tienen vigencia de 180 días, estas facultades del artículo 3 asociadas al plan de inversiones de la paz, tal y como quedaron redactadas, parecen tener la misma duración del plan plurianual de inversiones; es decir, 20 años. Serían, en consecuencia, dos décadas de facultades presidenciales para cumplir los objetivos de gasto de la paz. Ese parece ser un principio demasiado amplio, pues, como ya se dijo, cualquier cosa podría ser un gasto para la paz.

Según Penagos, el tema deberá ser aclarado en la última discusión que tendrá lugar en la plenaria de la Cámara de Representantes.

La paz es el gran tema para los colombianos hoy. Cuando se concreten los acuerdos de La Habana, todo el país deberá prepararse para decidir si avala o no los contenidos pactados.

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Tener claridad sobre los costos de la paz es fundamental, pues el país no puede sobredimensionar ese gasto ni quedarse corto en los recursos necesarios para reparar a las víctimas. En este frente, es necesario ser completamente claros, pues para cerrar las heridas de 50 años de guerra es necesario tener recursos para comprar con qué suturarlas.

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