| 9/30/2015 7:00:00 PM

¿Por qué no sube la tasa de desempleo si la economía crece menos?

Con una economía que crece menos es factible prever que la tasa de desempleo se deteriore; sin embargo, ese indicador cada vez está mejor. ¿Qué está pasando?

Así como muchos colombianos se preguntan con frecuencia en dónde hace mercado el Dane para obtener las variaciones del costo de vida, otro grupo grande no tiene claro por qué el organismo sigue reportando caídas en la tasa de desempleo, pues casi todos tienen amigos o familiares desocupados y que llevan bastante tiempo sin encontrar trabajo.

Esa duda no solo asalta a los ciudadanos del común, sino también a los expertos laborales que están tratando de entender cómo una economía que pasó de crecer 4,6% y ahora avanza a 3% y que tiene golpeada su principal fuente de riqueza –la industria petrolera–, sigue mostrando mejorías en su nivel de empleo. En julio de 2010 la tasa de desocupación estaba en 12,7%, cinco años después se ubica en 8,8%, uno de sus niveles más bajo para un julio.

Una primera explicación la ofrece el director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, quien considera que la persistente caída en el desempleo se debe a la reducción de las cargas parafiscales para las empresas –los pagos al Sena y al ICBF–, que se aprobó en la reforma tributaria de 2012, y que aplica para los empleados que devengan menos de 10 salarios mínimos. Esto ha abaratado los costos de contratación de mano de obra formal.

No obstante, Juan Carlos Guataquí, investigador de temas laborales de la Universidad del Rosario y ex subdirector del Dane, considera que aún no hay evidencia empírica que demuestre que la reducción de los parafiscales es la principal responsable de la baja en el desempleo. Opina que un factor que hace que el mercado laboral siga sano, pese a la desaceleración, radica en que las empresas reaccionan de forma retardada ante el menor crecimiento económico, pues no les gusta enfrentar los costos de la rotación de personal, lo que hace que la etapa de despidos sea posterior.

En lo que sí coinciden Villar y Guataquí es en el hecho de que los sectores más desacelerados, en particular el minero-energético, no son intensivos en mano de obra sino en capital, por ende cuando reducen su crecimiento no se siente en el empleo total. Por el contrario, sectores como la construcción, que sí son grandes empleadores, siguen mostrando un buen ritmo de crecimiento, lo que beneficia al mercado laboral. Esto también explicaría por qué la tasa de desempleo de los que tienen educación superior en la medición de junio era de 10,9%, mientras que la de los que no tenían era de 8,2%, esta última ha caído consistentemente desde junio de 2010.

Devaluación y oferta

Otro sector que ayuda a que la cantidad de desocupados no supere desde febrero los 2,3 millones (en julio eran 2,1 millones) es la industria manufacturera, la cual es hoy una de las grandes beneficiarias de la devaluación. De enero a julio, la trilla de café es la actividad en donde más ha aumentado el empleo (12%), mientras la confección de prendas de vestir registra un crecimiento de 6,1%, siendo la que más contribuye a la creación total de empleo en la industria.

Paralelamente, el mercado de trabajo se puede analizar desde la oferta y la demanda para entender su dinámica. La oferta se refiere a la decisión de participar en el mercado laboral y se mide con la Tasa Global de Participación (TGP). Si esta es mayor, quiere decir que hay más personas buscando empleo y menos que se quedan en casa sin trabajar. La demanda depende, entre otras variables, de las necesidades de las empresas por contratar personal; por ello, en un periodo de auge la demanda será mayor que en un momento de recesión. En los últimos 15 años, la TGP más alta fue de 66,9% de la población económicamente activa en octubre de 2011, 

en julio de 2015 estaba en 64%.

Registrar actualmente una TGP más baja podría explicarse con otros dos elementos: las remesas y la participación laboral de los menores de 18 años. Un documento de Luis Eduardo Arango, Dolores de la Mata y Nataly Obando, investigadores del Banco de la República, la CAF y el BID, sostiene que el ingreso de remesas es fundamental para determinar la decisión de trabajar en regiones receptoras de dichos giros. Si suben, sus receptores podrían decidir no emplearse, lo que hace que no se afecte la tasa total de desocupación. 

Gracias a la recuperación de Estados Unidos y de España, dos de los principales países desde donde llegan remesas al país, dichos giros están subiendo y además se benefician con la tasa de cambio al pasarlos a pesos. Su huella en el mercado laboral se ve en ciudades como Pereira, que en una época alcanzó a ser la de mayor desempleo en el país y hoy es superada por otras como Florencia y Cúcuta.

En el mismo sentido, los programas asistencialistas del Gobierno podrían estar contribuyendo a retener menores de edad en el sistema educativo, evitando que busquen una fuente de ingreso. Al revisar las cifras de empleo se encuentra que a mediados de 2012, 21,5% de los menores participaba en el mercado laboral, mientras que 15,9% lo hacía en la medición de junio de 2015.

Aunque las cifras de Focus Economics señalan que Colombia, junto a Venezuela, son hoy los dos países de mayor desempleo en América Latina, parece que ya pasó lo peor en ese frente y que en materia laboral ahora habría que concentrarse más en otros indicadores como la informalidad.
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