| 4/26/2012 6:00:00 AM

A la sombra del poder

Gilberto Toro ocupa desde hace 15 años la dirección de la Federación de Municipios, donde se ha ganado muchas enemistades y pleitos con los más poderosos del país. Quién es este hombre que aspira otra vez a ser reelegido.

Ha puesto contra la pared a varios Ministros; se mueve como pez en el agua por el Congreso; en varias entidades públicas no lo pueden ni ver y para muchos su nombre está asociado solo a polémicas. Se trata de Gilberto Toro, un curtido representante gremial que se ha dado el lujo de mantenerse durante quince años en el cargo que podría ser considerado como el tercero más importante del país: director ejecutivo de la Federación Colombiana de Municipios.

La afirmación tiene sustento: Toro ha representado durante estos tres lustros a los 1.100 alcaldes del país y tiene interlocución permanente con personajes clave de la vida nacional como Ministros, directores de departamentos administrativos, congresistas, y hasta el propio Presidente de la República.

Es fácil constatar, de otra parte, su ascendiente en el Congreso, pues varias leyes de la república tienen, evidentemente, su sello. En la más reciente de las polémicas que ha casado, Toro puso contra la pared al ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, por la reforma a las regalías; durante uno de los debates recientes de la norma, sugirió que esa ley, la cual solo está pendiente de conciliación luego de ocho agotadores debates, debería hundirse para que el Presidente presente un nuevo proyecto. Obviamente, el Ministro dijo que no y pidió al Congreso aprobar la conciliación, cosa que debería ocurrir el miércoles 25 de abril (al momento del cierre de esta edición).

“De hecho, el proyecto (de regalías) ha estado estancado por nosotros”, dice Toro, y señala que el Gobierno quería centralizar los recursos que genera la explotación minera y petrolera. El objetivo, según él, era dejar a los municipios sin la posibilidad de plantear proyectos locales para el desarrollo. Al final del día su presión funcionó y en el acto legislativo se destinó 10% del fondo de compensación de las regalías a esos municipios pequeños.

Al interior del Gobierno tienen la impresión de que todo el bombo de Toro está relacionado con su proceso de reelección en la Federación. Eso explicaría su protagonismo en las regalías y la propuesta que lanzó hace un par de meses de aumentar el salario de los alcaldes. “Ese es un tema que todavía está pendiente. Queremos hablar con el Presidente y presentarle un estudio sobre el tema”, explica. Según él, los sueldos de los mandatarios municipales son de miseria. Al menos 900 de los alcaldes, que están al frente de municipios categoría cinco y seis, no ganan más de $2 millones líquidos mensuales.

Por eso, lo de la reelección está de moda para él. De hecho, a finales de este año va a tener que poner a consideración su nombre a todos los alcaldes para saber si es ratificado. “Yo estoy en proceso de reelección todos los días”, dice, pues si no presenta resultados, sus jefes le pedirán cuentas.

Justamente ese permanente proceso de reelección le ha generado críticas: mientras muchos alcaldes han pasado por los municipios del país en los últimos quince años, él sigue. Es decir: sus jefes cambian cada cuatro años, pero él se queda.

También se le critica porque logra que el Congreso legisle con nombre propio. En 2002, gracias a su gestión de lobby, el parlamento incluyó en la ley 769 un artículo que autorizaba a la Federación de Municipios para crear un sistema de información sobre las multas de tránsito, que se financia con 10% de esos recaudos.

Esto le generó luego una dura polémica con el entonces alcalde Samuel Moreno y su secretario de Hacienda, Juan Ricardo Ortega. El tema todavía está en disputa jurídica. Actualmente, el Simit, como se llama el sistema nacional de multas de tránsito, recibe unos $12.000 millones al año, según Toro; sin embargo, asegura que ninguno de esos recursos va a la Federación, pues el Consejo de Estado decidió que tenían que ir siempre a financiar programas de fortalecimiento de los sistemas de información sobre el tránsito en los 1.100 municipios del país.

Además, si el Simit deja excedentes, esos dineros tienen que volver al Tesoro Nacional, pues son una renta cedida. “Pero, por encima de todo, el Simit tiene una auditoría permanente por parte de la Contraloría, que mira cómo se hace el manejo de esas rentas”, señala. Actualmente, por cuenta de esa polémica, ni Bogotá, ni Medellín están en la Federación.

Toro también logró en el segundo Plan de Desarrollo del gobierno Uribe incluir un artículo que permitía a la Federación conformar un sistema de servicios de ambulancias aéreas, que facilitaría la atención de urgencias médicas en los lugares más apartados del país; el asunto es que los $400.000 millones para ese proyecto saldrían del ajustado presupuesto de la salud.

La pelea fue con el ministro Diego Palacio, quien en varios escenarios públicos llegó a decir que si le tocaba pagar un solo peso de esos dineros, renunciaría. En la pelea, que fue muy dura, nadie cedió. Al final, la Corte Constitucional le dio la razón a Palacio y el proyecto se hundió.

Esto le sirve a Toro, para afirmar que su gremio sobrevive sin el Simit y sin las ambulancias aéreas. Entonces ¿cómo se financia la Federación, pues apenas cuenta con los aportes de los municipios, que no superan los $3 millones anuales? ¿Con qué pagó las modernas oficinas que ocupan hoy en el centro financiero de Bogotá? Él dice que a sus estrategias para financiar la agremiación le ha puesto “innovación y audacia. Pero parece que eso fuera un delito en este país”.

Según afirma, todo lo ha logrado a punta de pauta publicitaria en los medios de comunicación de la Federación, convenios con otras entidades y algo de cooperación internacional.

Sea como sea, Toro es actualmente uno de los hombres más poderosos del país. Su fortín es el Congreso, donde hace una muy eficiente tarea de lobby. Mientras los periodistas de la revista Dinero lo esperaban para entrevistarlo, Toro recibió al menos dos llamadas de congresistas para tratar distintos temas. Además, estaba planeando una reunión con uno de los Ministros del Gabinete de Santos. Así que es un interlocutor de primera línea en los asuntos regionales. Ha peleado por todos los temas que tocan a los municipios como, por ejemplo, la reforma a las transferencias a comienzos de la década pasada; es voz cantante en los planes de desarrollo nacionales y regionales, y ahora está dando brega por la reforma a las regalías.

Toro ha sobrevivido todas las mareas y lleva muchos años reeligiéndose. Que es un interlocutor de primera línea con los poderes centrales del país y que tiene un gran ascendiente entre los congresistas nadie lo puede negar. Sin embargo, su capacidad de incidir en los procesos legislativos es evidente, lo que lo convierte en un poder al que, como cualquier otro, hay que ponerle la lupa siempre.
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