| 10/30/2013 6:00:00 PM

Enculebrados

Crece la preocupación por el nivel que alcanza el sobreendeudamiento del sector microempresarial del país. Se requieren medidas para evitar que esto se propague a otro tipo de créditos.

El crédito que fluye hacia la economía colombiana parecería estar comportándose de una manera sana y vigorosa. Durante los primeros ocho meses del año, la cartera total sigue creciendo a tasas de dos dígitos (15,9%) y mantiene un nivel de calidad aceptable (3%). Pero no todo es color de rosa. Una mirada más cuidadosa a las cifras comienza a mostrar señales preocupantes. Una de ellas es que durante el último año la carga financiera y el endeudamiento de los hogares repuntó y “se ubicó en los niveles más altos desde 2011”. Sobre todo en los de menores ingresos. De hecho, los mayores problemas se empiezan a evidenciar en el crédito otorgado a los microempresarios.

El microcrédito es uno de los tipos de cartera que más crece (19,6%) pero también es el que más rápido se deteriora. La cartera riesgosa de los microcréditos pasó de crecer de un ritmo cercano a 10%, a más de 50%. Para los expertos, esto se debe a la sobreoferta que existe para este segmento de mercado, pues se volvió una moda atender “la base de la pirámide”, tanto por agentes vigilados como no regulados. Esta proliferación ha hecho que aparezcan operadores no especializados que prestan sin metodología para este segmento, o como ocurre con las grandes superficies y el comercio, que simplemente les ofrecen crédito de consumo y tarjetas de crédito. También hay muchas fuentes de financiación alternativas, que van desde los fondos de empleados y cooperativas de ahorro y crédito, todo tipo de fundaciones y ONG, hasta los agiotistas informales.

Si bien no estamos ante un riesgo sistémico –el microcrédito tan solo representa 3,6% de la cartera total del sistema financiero– sí existe un problema social creciente pues afecta una gran cantidad de la población. Se estima que hay unos 2,7 millones de microempresarios con algún tipo de servicio financiero, una cuarta parte del total existente. “El daño que se les está haciendo a los microempresarios es muy grande pues generamos inclusión logrando que abandonen el gota a gota y que empiecen a tener una historia crediticia para luego tener que excluirlos. Y en vez de oportunidades de desarrollo productivo, los estamos condenando a la pobreza”, afirma María Mercedes Gómez, presidente ejecutiva de Bancamía, el principal operador privado para este segmento. En este tema coincide María Clara Hoyos, directora de Asomicrofinanzas, gremio del sector, para quien “si no se toman correctivos, el esfuerzo de estos últimos tres años, en los que se duplicó el microcrédito y el número de personas atendidas, se perderá para siempre”.

Para evitar que el problema siga creciendo y se traslade a otros tipos de cartera, las dos ejecutivas piden medidas urgentes. La principal es que todas las instituciones que otorguen créditos, y especialmente microcréditos, queden obligadas a reportar a las centrales de riesgo. Hoy esto no sucede pues hay mucha actividad financiera por fuera de la órbita de regulación del Gobierno. De hecho, la Superfinanciera vigila que no haya captación ilegal, pero cualquiera puede colocar crédito y, por esto, es que cada vez estamos más sobreendeudados.

Señales de alerta
Uno de los principales indicios del fuerte deterioro del microcrédito es el crecimiento de más de 50% en su cartera vencida, muy por encima del crecimiento de la cartera bruta de este segmento, que ha aumentado 20% en lo corrido del año. Además, las nuevas “cosechas” de microcrédito se deterioran cada vez más rápidamente, “en especial las otorgadas después del segundo trimestre de 2012”, según el más reciente informe de Estabilidad Financiera del Banco de la República a septiembre.

Con esto, la cartera vencida de este segmento alcanzó 6,3%, prácticamente el doble del promedio de la cartera total. No obstante, hay entidades dentro de las que están las más grandes del sector financiero con indicadores de cartera vencida alrededor de 10% para este segmento. Además, se disparó el índice de siniestralidad del Fondo Nacional de Garantías FNG, la institución pública que garantiza que si los microempresarios no pagan responden por la mitad de la deuda, lo cual permite que “las instituciones castiguen su cartera sin que esto se refleje en el indicador de cartera vencida”, afirma Juan Carlos Durán, presidente de la entidad.

Todo esto ha hecho que las instituciones se hayan vuelto más exigentes a la hora de otorgar nuevos créditos ante “el alto nivel de sobreendeudamiento (29,8%), menor capacidad de pago de los clientes (22,4%) y la mayor deuda con otras entidades (15%)”, según consta en el reporte de septiembre de la situación actual de microcrédito en Colombia. “Estamos negando 54% de las solicitudes y la principal causa es el sobreendeudamiento. Hace 5 años, cuando empezamos, tan solo se negaba el 21%”, afirman en Bancamía, entidad que ha otorgado más de $3 billones a este segmento en dicho periodo. Para muchos expertos esto se debe a que hay nichos sobreatendidos, como los de las grandes ciudades y el comercio, pero en el resto del país, o en sectores como el agropecuario, construcción y comunicaciones siguen presentándose grandes restricciones.

Según Liliana Botero, vicepresidente de riesgo para América Latina y el Caribe de Acción Internacional, 35% de los clientes que solicitan un crédito en Colombia tiene más de 7 créditos activos y 40% de esos microempresarios trabaja con más de cuatro entidades. Pero lo más grave es la dinámica de apertura de los mismos y que la mayoría no son para actividades productivas sino para consumo. Se confundió el concepto de bancarización con inclusión financiera.

¿Qué hacer?
El aumento de la cartera vencida aún no se ha reflejado en un deterioro de los indicadores de riesgo. El mismo repunte de la colocación de crédito, así como los castigos y la venta de cartera, han ocultado el crecimiento del sobreendeudamiento de los hogares. Sin embargo, ya comienza a manifestarse en los clientes de más bajos ingresos en las zonas urbanas y en el microcrédito, que siempre son los primeros en sentir los efectos de una desaceleración de la economía.

El Gobierno debe afinar las alertas preventivas y tomar las medidas correctivas para evitar que esto se traslade al crédito de consumo. No se trata solo de pedir que los bancos bajen sus tasas y presten más, sino de que lo hagan evaluando muy bien la capacidad de pago de sus clientes. También hay que mejorar la vigilancia e información sobre todas las múltiples fuentes de financiación que existen, sobre todo las informales.

Por esto, expertos como Botero proponen la creación de una entidad calificadora de metodologías de evaluación de crédito en microfinanzas o centrales de riesgo más robustas y con mayor información. Por ejemplo, “los cambios de domicilio del cliente dada la alta movilidad de este tipo de deudores”, explica. Además, hay que fortalecer todas las estrategias de educación financiera para enseñarle al usuario a pedir solo lo que puede pagar, y evitar que vivamos tan ‘enculebrados’.
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