Revista Dinero

El nuevo POT que será presentado a consideración del Concejo en febrero, elimina las restricciones de altura en edificios. La propuesta es densificar la ciudad.

| 1/24/2013 4:00:00 PM

¿Salto al vacío?

Este 7 de febrero Gustavo Petro presenta su Plan de Ordenamiento Territorial, una de las últimas cartas para mantener su administración a flote. Pero los constructores están preocupados y los inversionistas asustados.

Con un proceso de revocatoria en ciernes, las investigaciones que adelantan los organismos de control y la popularidad en caída libre, el alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, se juega una de las últimas cartas políticas para enderezar su administración y mantener con vida la esperanza de llegar a la Casa de Nariño.

La prueba de fuego de turno es el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT), el cual ya cuenta con el visto bueno del mandatario para que se discuta en el Concejo Distrital desde el próximo 7 de febrero.

La versión más ‘petrista’ de Bogotá está condensada en este documento de 545 artículos y 348 páginas (descargue el documento completo aqui). No hay que perder de vista que el POT es la carta de navegación de la capital para las próximas décadas y en esta versión se incorporan profundos cambios en la forma como se construye y vive en la ciudad.

Uno de los cambios más importantes está relacionado con la obligación que tendrán los constructores de destinar entre 20% y 30% del área de cada nuevo proyecto para Vivienda de Interés Prioritario (VIP). En otras palabras, los ricos tendrían que vivir al lado de los pobres, una política implementada en ciudades como Londres, Estambul y Róterdam y que busca reducir la segregación social.

El propio alcalde Petro ha dicho que con la medida busca que la gente más pobre no gaste tanto tiempo y dinero en desplazarse desde sus casas a los sitios de trabajo. Un dato que apoya esta tesis es que 73% de las familias de estratos 1 y 2 se localizan en la periferia de la ciudad.

Como buena parte de las medidas de Petro, el problema no está en el qué sino en el cómo se hace o implementa. En ese sentido, el presidente de la Lonja de Bogotá, Jorge Enrique Gómez, le dijo a Dinero que esta norma incrementará sustancialmente el precio de la vivienda nueva en Bogotá, teniendo en cuenta que los constructores no tendrán otra opción que subir el precio de los apartamentos o casas. También podría incrementarse, aún más, el precio de la vivienda, pues para muchas familias estrenar hogar será un propósito inalcanzable y buscarán mejor un ‘segundazo’.

“El Consejo Intergremial de Bogotá presentará al alcalde Petro antes del próximo 6 de febrero un documento en el que le pedimos que se busquen alternativas para no incrementar el precio de los proyectos”, explica el presidente de la Lonja.

Entre las opciones que planteará el gremio está la de permitir que los edificios nuevos tengan una altura superior a la autorizada hasta hoy para compensar de esta manera la mayor inversión en áreas VIP.

Otra preocupación del sector constructor es que con el nuevo POT, versión 2013, los inversionistas también tendrán que asumir los costos que se originan en nuevas acometidas para redes de servicios públicos y vías de acceso a los proyectos. “Estos nuevos gastos van a desencadenar una nueva caída en la demanda de viviendas, creo que se va a frenar la ciudad”, anticipa Gabriel Díaz, presidente de la constructora Oikos, con 35 años en el mercado capitalino.

Si esta ‘profecía’ gremial se llegara a cumplir, el gobierno nacional se vería obligado a intervenir, sobre todo después de que el ministro de Hacienda y Crédito Público, Mauricio Cárdenas, atribuyera el débil crecimiento de la economía, de 2,1% en el tercer trimestre de 2012, al descenso en el número de licencias de construcción en la capital.

Camacol también ha lanzado voces de alerta en los últimos meses pues el sector genera unos 500.000 empleos en Bogotá, de los cuales 34.000 puestos se habrían perdido por cuenta de la incertidumbre que ha generado el nuevo POT.

Otro efecto que se anticipa es la migración de empresas de Bogotá a otras ciudades más amables con el inversionista. La Lonja de Bogotá y Camacol realizan un seguimiento especial a este tipo de fenómenos. “Ese es un tema innegable. Las constructoras quieren explorar nuevos mercados en otras regiones del país porque se dieron cuenta que en Bogotá reina la incertidumbre”, dice Díaz, de Oikos.

Así las cosas, en manos del Concejo Distrital no solo está el futuro del alcalde Petro sino el de la capital en la próxima década.
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