| 2/29/2012 6:00:00 PM

“Retrasar más el TLC nos quita mercado”

Estados Unidos tiene serias preocupaciones porque no se la ha metido el acelerador a la implementación del acuerdo comercial. El Subsecretario de Estado para Asuntos Económicos le explica a Dinero el porqué.

Poco antes de asumir funciones públicas en Washington, José W. Fernández experimentó una nostalgia que lo llevó a visitar su natal Cienfuegos, en Cuba, de donde salió a los 11 años de edad. Encontró en las paredes de su casa, como grabados en un tiempo detenido, los dibujos que solía hacer cuando niño. “Pude ver la imagen de un estancamiento que le impidió a Cuba disfrutar de los beneficios de la apertura comercial y del crecimiento económico”.

Primero, como ejecutivo en Wall Street, luego como internacionalista con amplia audiencia y ahora como subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Económicos, Fernández siempre ha creído que las relaciones comerciales de Estados Unidos con América Latina no pueden volver a ser para la región una ecuación de suma cero. Sin embargo, en entrevista exclusiva con Dinero, habla del futuro del TLC y reconoce, por primera vez, que la manera como Colombia busca nuevos socios comerciales y se prepara para una nueva fase de competencia, no deja de generar inquietud en círculos de su gobierno.

Sorprende un planteamiento suyo en el sentido de que apenas 1% de las empresas estadounidenses están exportando y que la mitad de ellas lo hacen solo a Canadá y México. ¿Con el TLC, Colombia será para ustedes un gran destino exportador?

Nos hemos aferrado a la idea de que nuestro mercado doméstico siempre ha sido muy grande y eso puede haber limitado la visión exportadora. Pero el presidente Obama lo ha dicho: 95% de los posibles clientes de empresas norteamericanas están fuera de Estados Unidos y tenemos que ir a buscarlos.

Además, las nuevas relaciones comerciales jugarán un papel fundamental también para Colombia, porque, según nuestros cálculos, sus exportaciones a Estados Unidos van a crecer anualmente en US$1.600 millones.

Las empresas grandes saben qué hacer, pero otras, especialmente las Pymes, no tienen siquiera un gerente de exportaciones y deben ser preparadas para competir. Por eso estamos mirando también otros destinos. Firmaremos, por ejemplo, el Trans-Pacific Partnership (TPP) para ampliar el mercado de Estados Unidos en Asia y viceversa.

— ¿Qué impacto tendría la nueva relación comercial con Colombia en la meta de Washington de duplicar en cinco años el volumen exportador y crear dos millones de nuevos puestos de trabajo?

Nos permitirá consolidar unos resultados que ya están comenzando a ser exitosos.

Hemos aumentado las exportaciones 16% anualmente en los últimos dos años. Si continuamos con este ritmo, alcanzaremos el 100% en cinco años. El tratado con Colombia es una parte importantísima, no solo por las cifras globales, sino porque el libre comercio nos hace a todos más competitivos, obliga a las empresas norteamericanas a abrir un mercado nuevo y a adaptarse.

— Si Estados Unidos va en busca de más destinos exportadores, ¿por qué han mostrado recientemente inquietud y una cierta resistencia a que Colombia haga lo propio?

Colombia implementó un acuerdo comercial con el Mercosur en 2009 y pronto se pondrán en práctica los acuerdos comerciales con la Unión Europea. Colombia también ha iniciado negociaciones comerciales con Corea del Sur y comenzará con Japón este año. Eso hace mayor la preocupación mutua por la demora que ha venido mostrando la implementación del TLC. Nosotros, para citar un ejemplo, hemos perdido mercado de trigo porque en este interregno ustedes estrecharon relaciones comerciales con otros países y pusieron en vigencia un acuerdo de libre comercio con Canadá. El trigo canadiense ha sido más barato que el nuestro. Esa es una consecuencia tangible.

— Tangible, pero aislada, ¿o no?...

No. Tenemos estudios que demuestran que si los acuerdos comerciales de Colombia con otros países se aplican antes del TLC nuestro, los exportadores estadounidenses se enfrentarían a un arancel promedio de más de 9%, mientras que muchos productos de estos otros países ingresarán a Colombia libres de impuestos. Esto dejaría a los productos estadounidenses en una desventaja competitiva en relación con los productos de muchos de los socios comerciales de ustedes.

— ¿Cuáles serían los sectores y productos más resentidos?

El promedio de aranceles para metales y minerales, que debería bajar a cero, se mantendría en 9,2%. Lo mismo ocurriría en infraestructura y maquinaria (11,1%), equipo de transporte (12,7%), vehículos y partes (7,4%), productos de construcción (13,2%), papel (12,5%) y bienes de consumo (14,6%). Como cualquier país, ustedes no se quedan esperando, están buscando diversificar sus clientes. Nosotros también tenemos urgencia. Mientras más tiempo esperemos, más campo perdemos y más gravoso sería para nosotros que la aplicación del TLC se siguiera demorando.

— Teniendo en cuenta que las relaciones bilaterales siempre han sido asimétricas, ¿cuáles ve como los principales beneficios del TLC para Colombia?

El PIB colombiano crecerá por lo menos un punto porcentual. Habrá 380.000 nuevos empleos, además de que las exportaciones a Estados Unidos crecerán anualmente US$1.600 millones. Los dos países verán cimentada su relación comercial sobre reglas claras, que no podrán ser tumbadas por el gobierno de turno.

— ¿Cómo hacer para que el TLC no termine jugando en contra de Colombia?

Ustedes exportan flores a Estados Unidos pero no frutas y aguacates. Exportan espárragos y podrían exportar el doble. Podrían ir de cero a US$300 millones en aguacates anualmente.

En ningún lugar hemos tenido tratados que impliquen la destrucción del sector agrícola de un país. Habrá industrias que sufran y otras que aumenten.

— ¿Con qué expectativas viene Estados Unidos a la próxima Cumbre de Las Américas?

Tenemos muchas. Uno de los temas principales será el de la interconexión eléctrica entre los países de América Latina, de la cual ha venido hablando Colombia hace diez años. Como este país tendrá un superávit energético, nos interesa fomentar las relaciones entre nuestras medianas y pequeñas empresas.

Queremos hacer un esfuerzo para incorporar a la diáspora latinoamericana, compuesta por 50 millones de personas, a ese 1% del sector real de la economía que tiene vocación exportadora. Los 50 millones de latinos que tenemos en Estados Unidos podrán hacer parte de ese 1%. El inmigrante no le tiene el mismo temor a su país de origen que el que experimentan algunos empresarios.

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