| 5/16/2014 11:10:00 AM

Pronóstico reservado

El Gobierno mostró excesivo optimismo al revelar la situación de reservas petroleras de Colombia. Aunque la tendencia es positiva, los riesgos siguen siendo evidentes.

Al presentar el balance sobre los resultados de la industria petrolera en 2013, el gobierno Santos decidió ver el vaso medio lleno. El ministro de Minas, Amylkar Acosta, aseguró que el país alcanzó los 2.445 millones de barriles en reservas, lo que significó un aumento de 2,86% frente a las cifras de 2012. Además hizo énfasis en que el país tiene petróleo garantizado para 6,6 años más. En nada falta a la verdad el Ministro, aunque no le asiste toda la razón.

Quienes piensan lo contrario, que el país tiene el vaso medio vacío, también podrían encender las alarmas sobre el futuro petrolero nacional; y los argumentos surgen, simplemente, de las mismas cifras que presentó el jefe de la cartera de la energía. En primer lugar, si el país tiene garantizada la autosuficiencia por 6,6 años significa que este es el nivel más bajo de ese indicador en la historia petrolera del país. La única vez que estuvo casi igual de baja fue en 2011, cuando las reservas alcanzaban para 6,7 años.

Este es un síntoma muy preocupante pues no hay un gran hallazgo petrolero, a pesar de que hace seis años empezó un ambicioso programa de rondas petroleras liderado por la Agencia Nacional de Hidrocarburos, que en 2014 tendrá otra versión en la que el Gobierno ha anunciado el interés de multinacionales como Exxon Mobil y Petrobras para competir por los bloques. A lo largo de su historia, Colombia ha tenido mejores indicadores de autosuficiencia. A finales del siglo pasado era de 9 años y a comienzos de los 90 era de 20 años.

El factor más preocupante es que el país entró en un aparente círculo vicioso: sus finanzas públicas dependen mucho del sector petrolero (entre regalías, imporrenta y dividendos, las petroleras le dejan cada año a las finanzas públicas $32 billones), lo que significa que es necesario mantener creciente la producción de crudo, y eso acelera el gasto de las reservas. En 2008, Colombia sacaba de sus pozos petroleros alrededor de 200 millones de barriles al año y en 2013 estábamos sacando de las reservas cerca de 370 millones. Sin grandes hallazgos, las posibilidades de que los años de autosuficiencia sigan cayendo son enormes. Por eso, hoy es posible asegurar que un aumento en las reservas de crudo no necesariamente implica un aumento en los años de autosuficiencia petrolera.

Todo esto significa que el país se quedó en la parte baja del ranking, pues hace rato que Colombia no tiene una proyección amplia en materia de reservas. La vulnerabilidad en este escenario es alta.

Otras señales de alarma

En la ecuación petrolera, la mala situación de orden público volvió a tomar fuerza. En un escenario de bloqueos a la producción como el originado por la comunidad Uwa en abril pasado, vale la pena preguntarse hasta dónde el petróleo es, otra vez, un importante factor de presión y vulnerabilidad para el Gobierno colombiano.

Parar la producción no es un lujo que se pueda dar el país. Durante casi 40 días uno de los pozos históricos, el de Caño Limón, estuvo sin actividad: primero, por un atentado atribuido al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y segundo, porque la comunidad indígena Uwa se negó a recibir, en los que consideran sus territorios, a los técnicos que repararían el tubo.

Eso terminó afectando no solo la producción en Arauca sino el transporte del crudo de la región de los Llanos, pues el oleoducto bicentenario conecta con el trazado de Caño Limón - Coveñas.

Lo que está ocurriendo con el balance de las más grandes compañías petroleras de Colombia es un indicador preocupante. La producción de Ecopetrol en el primer trimestre de este año cayó 3,2%. La misma compañía explicó en su informe que esto fue causado por tres hechos específicos: “1) dificultades operacionales asociadas a paros de comunidades y socializaciones con comunidades, 2) atentados a la infraestructura de transporte y paradas no programadas y 3) retrasos en el desarrollo de facilidades en proyectos clave”.

En otra parte del informe se señala algo más preocupante: “Los resultados del primer trimestre de 2014 reflejaron unas difíciles condiciones de entorno: afrontamos 33 atentados a la infraestructura y repetidos bloqueos por parte de comunidades en distintas partes del país. A la fecha reportamos retrasos en la ejecución de algunos proyectos de exploración y producción por estas causales. En el frente de transporte, la operación del Oleoducto Bicentenario se encuentra interrumpida desde el 20 de febrero y la del Oleoducto Caño Limón-Coveñas desde el 25 de marzo. Como consecuencia de lo anterior, la producción promedio fue de 765.700 barriles por día, disminuyendo 3,2% frente al primer trimestre del 2013, y 1,8% respecto al último trimestre del 2013”.

La otra gran petrolera, Pacific Rubiales, informó que a pesar de los buenos indicadores de la firma que la llevaron a registrar récords en ventas y Ebitda, “los costos operativos del primer trimestre fueron impactados por factores temporales fuera del control de la Compañía, que ocasionaron los siguientes impactos en comparación con el periodo anterior: 1) Costos de producción – aumentaron en US$1,59/bpe, reflejando los menores volúmenes de petróleo producidos en el Campo Rubiales, debido a las restricciones a la disposición de agua en el campo. 2) Costos de transporte – aumentaron aproximadamente en US$1,62/bpe, como resultado de una interrupción temporal en el Oleoducto Bicentenario”.

Estas cifras todavía no incluyen los impactos originados durante abril, porque todo el mes estuvo parado Caño Limón – Coveñas. Así que si se confirman los malos presagios, el primer semestre de 2014, habrá sido crítico para la industria.

Las estrellas negras se alinearon en estos primeros meses de 2014. Por eso, las buenas nuevas del ministro Amylkar Acosta sobre las reservas de crudo en Colombia deben ser recibidas con beneficio de inventario.

El Gobierno no puede cantar victoria. Si hay tendencias positivas, existen presiones coyunturales que no se deben negar: no hay grandes hallazgos petroleros, el orden público sigue afectando la producción de crudo y las empresas más grandes sienten afectaciones sobre sus operaciones y resultados, especialmente por el aumento en costos de transporte. En ese contexto, cualquier error de diagnóstico puede salir muy costoso.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?