| 9/19/2014 6:00:00 AM

La reforma que no es

Tal como está planteada, la reforma tributaria le va a generar al Gobierno más problemas que soluciones. ¿Hora de darle un timonazo a la propuesta?

Nadie está contento con la anunciada reforma tributaria: ni los especialistas, ni los empresarios, ni el ciudadano de a pie, que siente que al final del día va a ser el ‘paganini’ con este ajuste.

Por lo que el Gobierno ha dicho hasta el momento, el proyecto que va a discutir el Congreso tendrá unos pocos artículos que van a ampliar la vigencia de dos impuestos famosos pero con muy mala reputación: el 4x1.000 y el del patrimonio. Además, se buscará algún mecanismo para atraer los capitales colombianos que están en el exterior pero que no tributan en Colombia.

El mal ambiente se origina, primero, porque paulatinamente la opinión considera que la carga tributaria del país está llegando al límite, pues son las mismas personas y empresas de siempre las que soportan la mayor parte del recaudo de impuestos. De otra parte, los expertos han insistido en señalar los enormes problemas técnicos que tiene la propuesta gubernamental.

El problema para la administración Santos es que todos los que critican su iniciativa parecen tener la razón, al menos en parte. Por ejemplo, si bien es cierto que la carga tributaria en Colombia sigue siendo baja en comparación con otros países, también lo es que dicha carga recae sobre unos pocos contribuyentes. Por esta razón, todos los que pagan impuestos creen que les van a sacar más plata de donde no hay.

De otra parte, quienes argumentan que el proyecto crea problemas técnicos también tienen sus razones. Por ejemplo, aumentar el gravamen a los patrimonios podría generar un sesgo indeseado en el mercado de valores. Basta con mirar lo que pasaría con un portafolio de ‘cero riesgo’. Si el portafolio está conformado por TES con vencimiento en el año 2024, el rendimiento es hoy de 6,63%. Si el portafolio está conformado por títulos del tesoro americano con vencimiento en 2024, el rendimiento es de 2,591%.

Si a estas tasas se les aplica el impuesto al patrimonio y se les descuenta la inflación, en muchos casos las rentabilidades podrían empezar a ser negativas o, por lo menos, cercanas a cero.

En pocas palabras, con la aplicación del impuesto al patrimonio lo que el Gobierno está induciendo es a que los encargados de administrar estos capitales empiecen a buscar perfiles de inversión con mayor riesgo, pues los llamados portafolios ‘conservadores’ quedarían castigados por la vía tributaria.

Si a eso se le suma que la inversión en acciones está blindada porque no se le aplica el impuesto a la renta y porque en Colombia no existe el gravamen al pago de dividendos, el impuesto al patrimonio estaría generando un clarísimo sesgo a favor de la inversión en ‘renta variable’.

Finalmente, por el deseo de reducir su tributación, muchas empresas y personas naturales empezarían a endeudarse para reducir su patrimonio o a hacer más ‘planificación tributaria’ en paraísos fiscales con el objetivo de seguir escondiendo propiedades. Visto de esta forma, lo que estará logrando el Gobierno es agudizar los sesgos en contra del recaudo de impuestos, en vez de solucionar el problema fiscal que tiene.

Por donde se le mire, el Gobierno está quedando entre la espada y la pared con esta reforma tributaria, pues además de que no cuenta con respaldo en la opinión pública, el proyecto que podría aprobar le generaría incentivos perversos no solo en el recaudo sino también en el mercado de valores.

La solución

¿Esto significa que no hay salida para esta encrucijada? Obviamente no. Pero el Gobierno tendría que jugarse varias cartas y el Presidente de la República mostrar todo el arrojo de apostador que tiene para enderezar su propuesta de reforma. Resumiendo, debería jugársela por una reforma más ambiciosa que le cerrara el problema fiscal que tiene para varias vigencias.

Las fórmulas son claras: primero, gravar el giro de dividendos, reforzar el esquema de lucha contra los capitales que se refugian en los paraísos fiscales, incluyendo normas sobre “beneficiario real”, con el objetivo de poner en la mira a los entre US$30.000 millones y US$50.000 millones que tienen los colombianos en el exterior, según las cuentas del propio gobierno. Finalmente, podría concretar la idea de poner en el Código Penal la evasión de impuestos.

Todas estas medidas podrían complementarse con otras que apunten a reforzar el recaudo; volver sobre el impuesto a los dividendos y reforzar la pelea contra la evasión y la “planificación tributaria” podría convertirse en un mensaje a la opinión pública de que el Gobierno tiene la intención de meterle el diente a problemas verdaderamente graves del actual estatuto tributario y del régimen de impuestos en Colombia.

Para el éxito de la reforma tributaria no solo se necesita técnica sino también respaldo y popularidad. Tal y como el Gobierno la ha perfilado hasta el momento, le está generando demasiado rechazo entre la opinión pública (inclusive entre quienes apoyan el aumento de impuestos) y por eso es necesario buscar un baño de popularidad para la medida.

El Presidente de la República deberá reencauzar el debate porque podría correr el riesgo de aprobar en el Congreso una reforma de “quinta”, que lo obligaría a iniciar otro debate sobre impuestos el próximo año, cuando las circunstancias políticas podrían haber dado un giro.

La encrucijada del gobierno Santos está claramente perfilada: o mantiene inmodificable su propuesta y asume las consecuencias de ello, o le da un giro y aprovecha para, por primera vez en mucho tiempo, lograr algo histórico: que la mayoría apoye un ajuste tributario.
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