| 3/6/2014 7:00:00 AM

Bandazos

Los mensajes sobre una eventual reforma a las regalías generan confusión acerca de una de las principales fuentes de riqueza para las regiones. El Gobierno debe dar completa claridad sobre el tema.

El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, y su colega de Minas, Amilkar Acosta, encendieron la polémica por cuenta de sus anuncios sobre una eventual reforma a las regalías.

La noticia cayó como un baldado de agua fría, pues el nuevo esquema –definido gracias a una reforma aprobada en 2011– apenas se está consolidando y se encuentra en transición: nadie podría decir todavía si el esquema es definitivamente bueno o malo.

De hecho, en muchas zonas los dineros hasta ahora están llegando y las obras empiezan a ser construidas. El esquema de regalías está definido por la propia Constitución, así que hablar de reformarlo implicaría una nueva modificación a la Carta Magna: desde el punto de vista del debate legislativo y jurídico, ese no es un tema menor.

Entonces, ¿a qué juegan los Ministros y cuáles son las razones de este bandazo que reabrió un debate que, para bien o para mal, el país ya había superado?

La primera explicación es que la reforma afectó a las regiones productoras, pues les redujo buena parte de su tajada en la torta. Pero ese era uno de los objetivos centrales del ajuste promovido por el gobierno Santos: redistribuir esos ingresos, que hoy superan los $10 billones anuales, y abrirle campo a las regiones que históricamente nunca contaron con plata de las regalías para hacer inversión. En palabras del entonces ministro Juan Carlos Echeverry, la reforma buscaba repartir de manera más justa la mermelada.

El efecto de esa medida es que a departamentos como La Guajira, Meta y Arauca, entre otros, les van a llegar cada vez menos regalías ‘directas’; esto es, recursos que se ganan, simplemente por el hecho de tener en sus tierras algún recurso no renovable como petróleo, gas o carbón. El resto de las regalías, que son distribuidas a través de fondos de inversión específica, se reparten en función de los proyectos que propongan las regiones.

Así que la nueva ley apuntaba a que las regalías no fueran más una lotería que alguien se gana por pura suerte y que gastaba a su antojo en cosas improductivas, sino una fuente de dinero para que los departamentos y municipios hicieran la tarea e impulsaran el desarrollo regional. Y eso es lo que está pasando: las regiones tienen que hacer un mayor esfuerzo en la estructuración de proyectos; eso les está costando a muchos.

Política pura y dura

El otro aspecto de la polémica es el proceso electoral. El ministro de Minas, Amilkar Acosta, ha agitado la bandera de compensar a las regiones productoras. Eso suena bien para el auditorio en los previos de una contienda para elegir senadores y representantes a la Cámara, quienes tienen sus fortines políticos en las regiones. Y es claro que el mensaje cala en las zonas afectadas por la reforma. Sobra aclarar que Acosta proviene de La Guajira y que por eso ha enarbolado la bandera de un nuevo ajuste para volver a aumentarle los recursos a esos departamentos.

La pregunta que queda en el aire es: ¿sería viable una nueva reforma en las actuales condiciones? Hay dos razones para prever que no y que con esa discusión el país no va a ningún lado. Primero, reformar las regalías resulta un imposible por razones de tiempo. Apenas quedan seis meses para que se acabe el actual gobierno. Así que el tema quedaría para la agenda de los próximos cuatro años.

Pero hay otro asunto que enreda la madeja. Hasta el momento, el país sólo ha escuchado los argumentos de los departamentos productores. Las otras regiones que se han beneficiado con el nuevo esquema han hecho mutis por el foro. Según la directora de Planeación Nacional, Tatyana Orozco, hasta el momento han sido asignados $12 billones de regalías para 5.427 proyectos a lo largo de todo el país. Amazonas, Valle, Atlántico, Quindío y Bogotá, entre otros, son regiones que se han beneficiado con recursos que antes no tenían. Es muy probable que si se plantea otra reforma, los representantes de estas regiones defenderán el actual esquema y se opondrán a cualquier ajuste.

Recuperar el mando

Hay un tercer elemento de análisis: contrario a lo que la que la mayoría piensa, quienes quedaron con la sartén por el mango en materia de regalías son los mandatarios locales. Gracias a un concepto de la Corte Constitucional, el Gobierno quedó sin poder de veto en los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (Ocad); estas instancias son las que deciden realmente el destino de los recursos de las regalías. En los Ocad hay tres votos: uno del gobierno, uno de los gobernadores y otro de los alcaldes. La Corte conceptuó que el gobierno central no puede vetar las iniciativas y que si alcaldes y gobernadores hacen la mayoría en la selección, los proyectos deben ser aprobados.

El propio gobernador del Meta, Alan Jara, ha narrado cómo en uno de los Ocad de los que participa, los alcaldes y gobernadores plantearon un proyecto de interconexión eléctrica que no contaba con el aval del Gobierno. Sin embargo, fue aprobado con el voto de los mandatarios locales. Así que el país apenas está despertando a una nueva realidad: en materia de regalías, “Papa Gobierno” dejó de mandar y en los Ocad la interlocución es de tú a tú.

A la luz de estos hechos, es posible afirmar que la administración central podría mover otra reforma a las regalías, con el fin de retomar el control de los Ocad y mantener el poder de veto a los proyectos regionales, para apostar, en cambio, a grandes iniciativas nacionales.

El debate tiene muchas aristas. Pero todas ellas son meras especulaciones, hasta que el presidente Santos no dé absoluta claridad sobre cuál es su posición. Los pronunciamientos de los Ministros han dejado en el ambiente una sensación de desazón y desconcierto, porque “la madre de todas las reformas”, como se le conoce a la nueva ley de regalías, parece que fue insuficiente y quedó mal diseñada.

El presidente Santos debe responder si se atreverá, en un escenario de reelección, a presentar una nueva reforma. La pregunta queda abierta.
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