| 8/11/2014 7:30:00 AM

Deudas pendientes

Para echar a rodar obras como el metro, el Transmilenio de la Boyacá o los metro-cable del sur, la administración de Bogotá deberá conseguir $3,8 billones y zanjar una nueva discusión con el gobierno nacional.

Hace poco menos de un año, exactamente enseptiembre de 2013, el Concejo de Bogotá aprobó un cupo de endeudamientopor $3,8 billones para que, con él, la Administración capitalinapudiera poner en pie grandes obras de infraestructura a lo largo y anchode la ciudad. Desde entonces, esos recursos quedaron reservados paraejecutar, o al menos dejar adjudicados los contratos de la primera líneadel metro pesado, la troncal de Transmilenio por la Boyacá, los dosmetro-cable del sur, además del reforzamiento de colegios distritales yel mejoramiento de la red hospitalaria.

Una apuesta tan ambiciosa como necesaria para mitigar, por un lado, losdolores de cabeza que a diario genera la ‘inmovilidad’ de Bogotá y, porel otro, amainar las abultadas falencias que se ciernen sobre lainfraestructura educativa y el sector salud. Hoy, 11 meses después deque el cabildo distrital diera luz verde a la administración Petro parahacerse a esa billonaria acreencia, las preguntas que surgen no sonmenores.

Por ejemplo: ¿cómo están gestionando los créditos? ¿Ante qué entidadesde la banca multilateral o local? ¿Cómo será su desembolso? ¿Cuál es laparticipación de la nación allí? Y, ¿serán suficientes $3,8 billonespara emprender esta ‘revolución’?

Para responder estos interrogantes, Dinero habló con Ricardo Bonilla,secretario distrital de Hacienda, y el responsable de gestionar yadministrar los recursos del cupo de endeudamiento.

En sus propias palabras, lo primero a tener en cuenta es que a los pocosdías de que el Concejo aprobara el cupo, el Distrito empezó a negociarcon la Nación los detalles de un Conpes en el que, entre otras cosas,quedará definida la viabilidad de los proyectos. El documentoestablecerá, además, si los créditos del cupo deberán conseguirsemediante empréstitos con la banca multilateral o local.

Y es precisamente en las discusiones del Conpes –aún a la espera de seraprobado– donde han aparecido las primeras cortapisas. Según Bonilla, elConpes se ha quedado estancado por una razón de peso: “porque elGobierno, en marzo pasado, pidió incluir obras adicionales que noestaban previstas en el cupo, como la reestructuración y reingeniería dela troncal de Transmilenio por la Caracas. Eso ha desencadenado unadiscusión técnica, jurídica y económica entre los ministerios deTransporte y Hacienda, y Planeación Nacional”, apunta el Secretario.

En medio de ese tire y afloje entre el Distrito y el gobierno central,se ha llegado a hablar incluso de hacer dos Conpes: uno, que debe salirmuy pronto y en donde quedarán previstas todas las obras distintas almetro, incluida la reingeniería de la Caracas. Y otro, en el cual soloquede incorporado el metro pesado. Eso sí, en cuanto a la obra de laCaracas sería la Nación la encargada de su financiación, mediantevigencias futuras que aprobaría el Confis. Eso, no obstante, aún estápor definirse.

Por lo pronto, mientras llegan los días de las decisiones, lo cierto esque el crédito que pedirá el Distrito para el metro pesado ($800.000millones) se hará con el Banco Mundial. Por su parte, otras obras comolos metro-cable del sur ($253.000 millones) y parte de la troncal de laBoyacá (su costo total es de $713.000 millones) podrían financiarse, taly como asegura Bonilla, con la Agencia Francesa de Desarrollo, la CAF yel BID, tres entidades multilaterales con las que ya ha habidoacercamientos.

Ahora, al momento de solicitar los créditos, la pregunta que quedasurcando el aire es: ¿habrá o no aval de la Nación? Para Bonilla larespuesta es compleja: “hablar de aval significa que la Nación pone sunombre en los créditos. Y, por supuesto, no tener aval significa que laNación no lo pone. La discusión es que hoy el Gobierno se estáendeudando con los créditos de obras de infraestructura 4G, y por esoestá mirando hasta dónde le alcanza para poner su nombre en los créditosde Bogotá”.

El asunto, sin embargo, no trasnocha al Secretario de Hacienda.Básicamente porque las calificadoras de riesgo han dicho que Bogotátiene el mismo nivel de calificación del gobierno nacional. Por lo menosasí lo confirmó el pasado 29 de julio Moody’s, que elevó de Baa3 aBaa2, las calificaciones de la ciudad como emisor de deuda, al igual quelo hizo con la Nación. “Con eso –recalca Bonilla– no tendremos problemaa la hora de buscar los créditos”.

Frente a ese panorama emerge otro interrogante: ¿en qué momento,entonces, deberá adquirir la deuda el Distrito? Según el Secretario,“nos debemos endeudar después de que estén adjudicadas las obras –asísean tramos–, antes no. Es decir: el IDU adjudica y el primer desembolsoque se haga sobre esa adjudicación se paga con la caja de Bogotá, quehoy está alrededor de los $4 billones, porque acabamos de pasar todo elperiodo de recaudo”.

Pese a ello, este año la Administración ya empezó a adquirir empréstitospara reforzar la infraestructura de los colegios públicos, asuntotambién incluido en el cupo de endeudamiento. Se trata de un crédito por$60.000 millones con el Helm Bank antes de que se fusionara conCorpbanca que, entre otras cosas, tiene el apoyo de Findeter, lo cualsignifica contar con una tasa preferencial.

Así las cosas, habrá que esperar las definiciones en cuanto a laconsecución de los $3,8 billones del cupo de deuda de Bogotá. Además, nosobra recordar que esa multimillonaria partida representa tan solo 30%del valor de las obras de movilidad de la capital, cuyo costo total estáestimado en unos $10 billones. Por ello, la Nación, una vez dé luzverde al Conpes, asumirá el 70% restante.

Ojalá las diferencias que se han suscitado en torno al documento Conpesse zanjen pronto, por el bien de la ciudad y de los bogotanos. Bogotánecesita todas esas obras. Y más.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?