| 5/12/2016 12:00:00 AM

El abogado que recuperó a la Universidad Autónoma del Caribe de la corrupción

Un abogado que esquivó las bombas en Kabul e Iraq logró recuperar en 3 años la Universidad Autónoma del Caribe. El trabajo ha sido ‘faraónico’.

Hace 3 años Barranquilla estaba herida. Un puñal de corrupción, desfalco y paramilitarismo había cercenado el alma y espíritu de uno de los principales centros de enseñanza superior de la ciudad, la Universidad Autónoma del Caribe. El país recuerda aún la página oscura que escribió la exrectora Silvia Gette durante su gestión entre 2003 y 2012.

Sin embargo, lo que vale la pena resaltar hoy es que cuando nadie apostaba un peso por esa institución, Ramsés Vargas, hijo de uno de los fundadores de la Autónoma, tomó las riendas de la rectoría y tres años más tarde le ha dado un giro de 180 grados. Eso sí, lo que encontró fue todo menos una universidad.

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Un ejemplo entre muchos documentados por la Fiscalía y las autoridades: en un afán por sacarles provecho económico a las necesidades de los estudiantes, la cátedra de inglés había sido entregada a un tercero. “Los muchachos tenían que ir a un edificio contiguo para tomar clases de inglés muy deficientes y aparte de todo les cobraban por eso. En líneas generales, se robaron mucha plata y nos entregaron la Universidad en rines”, relata el rector, que tiene estudios en Harvard y Oxford.

Algunas particularidades demuestran la crisis por la que pasaba esta Universidad, la misma de donde salieron personajes ilustres como la diseñadora Silvia Tcherassi y el cronista Alberto Salcedo Ramos. Por ejemplo, la primera vez que algunos alumnos supieron de grupos de investigación fue cuando la Fiscalía, en algunos de sus procesos, llegó a la universidad por directivos implicados; los profesores talentosos tenían en su ‘norte’ ir a otra institución, especialmente la otra grande de Barranquilla. Ni hablar de los bancos, que no tenían en sus cuentas prestarle un peso a una institución que se caía a pedazos y cuyos baños parecían letrinas.

“Encontré una institución con el alma y espíritu fracturados. Había dificultades financieras y académicas. Ahora la Autónoma está escribiendo la historia de cómo se gerencia el cambio en una institución universitaria. No solo hay transformaciones en la infraestructura, también hay logros académicos y una nueva cultura corporativa”, explica el rector.

Y los logros hoy son evidentes. Por sus pasillos ya no circulan paramilitares de civil, ahora lo hacen decenas de profesores con doctorados y mágister (ver infografía). Las clases de inglés ahora son dictadas por la misma universidad y a cargo de 60 docentes que tienen esa lengua nativa. El plan es que en 5 años todos los estudiantes sean bilingües.

La fachada de su principal sede fue modernizada, los baños se renovaron y ahora están a la altura del mejor centro comercial de la ciudad. El alma comenzó a sanar.

Pero el camino no ha sido fácil. Ramsés Vargas tuvo que salir con maletín en mano y tocar las puertas de los bancos. “Algunos me recordaban lo de Silvia Gette, pero logramos demostrar que teníamos un plan acertado para sacar adelante la Universidad”.

Es así como el crédito y la confianza volvieron de la mano de alumnos deseosos de vivir el cambio y la nueva Autónoma. “Hace unos años yo fui becada por mi talento en karate. Podía escoger cualquier universidad del Caribe y me vine para acá hace dos años porque confiaba en la nueva administración”, asegura una estudiante de quinto semestre de ingeniería.

Pero no solo con optimismo, inglés y baños nuevos se arregla una universidad maltrecha. Una de las claves de Ramsés fue sacar adelante una reforma curricular ambiciosa. En los tradicionales programas de enseñanza incluyó la formación de los estudiantes en asuntos relacionados con el diario vivir de un profesional. Por ejemplo, se hace especial énfasis en aspectos como el pensamiento crítico, la lectoescritura y la resolución de conflictos.

Ese tipo de formación complementaria es la que pide a gritos el empresariado, no solo de Barranquilla sino en todo el país, pues los nuevos profesionales se conectan con los problemas cotidianos que deben enfrentar.

A todo esto se suma la sede que tiene la Autónoma en Miami, Estados Unidos. En años anteriores, este centro de enseñanza –fundado en 1979– funcionaba en un garaje. Vargas le dio un giro completo y es una plataforma acreditada en ese país. La Autónoma la usa para enviar a sus estudiantes y abrirles la mente al mundo. “Quiero que mis estudiantes saquen su pasaporte, viajen y conozcan el mundo”, explica.

La meta de Ramsés Vargas es ubicar a la Autónoma como una de las mejores del país. Para ello debe mejorar en temas como la investigación y proyectos de innovación. El camino ya empezó.  

Los estudiantes

El resurgimiento de la Autónoma no pudo venir en mejor momento. Barranquilla experimenta una época dorada por la llegada de nuevas empresas, inversión extranjera, mejoramiento del puerto, navegabilidad del río y un par de acertadas administraciones distritales. Algunos egresados ya dan ejemplo. Es el caso de Laila Páez, una barranquillera que con solo 23 años ya es noticia positiva de emprendimiento.

Laila –a través de su firma Hamsa– vende trajes y ropa de baño que cambian de color cuando reciben rayos ultravioleta, nocivos para la salud. “Ese tipo de telas ya existe en el mercado, lo que hicimos en Hamsa fue tratar esos textiles para que el tono de la ropa cambie en la medida en que aumentan los rayos UV. Si un padre ve que el vestido de su hija cambió de color ya sabe que debe retirarla del sol”, explica. Marcas como Gef y Offcorss están negociado con Hamsa posibles alianzas para ropa informal e infantil.

En Barranquilla están pasando cosas buenas. Ya es posible rodar por la circunvalar y algunos arroyos fueron canalizados, aunque faltan otros. A pesar de que la pobreza y falta de infraestructura persisten, empresarios nuevos desembarcan todos los meses y las cosas empiezan a enderezarse, entre ellas la Universidad Autónoma.

Trabajo faraónico

A Ramsés Vargas le tocó lidiar con los bombazos frecuentes en las calles de Kabul, capital de Afganistán, cuando era representante de las Naciones Unidas en 2009. Su misión era recuperar la devastada economía de ese país con proyectos productivos y viables. Lo mismo hizo en Iraq entre 2010 y 2012.

Este tipo de experiencias le sirvieron cuando llegó a la Autónoma y fue objeto de amenazas de muerte por su nueva gestión en la Universidad. También le ha servido su profesión de abogado, obtenida en la Universidad de la Sabana, así como la especialización en gerencia financiera de la Javeriana. Vargas además tiene un máster en Administración Pública de Harvard y un máster en políticas públicas de la Universidad de Oxford. También ha trabajado en Usaid, el BID y fue director ejecutivo de Acopi entre 2002 y 2005.

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