| 8/3/2016 12:00:00 AM

Camioneros no cantaron victoria con el paro

Nada grande ganaron los camioneros con el paro, pues la liberalización de este mercado parece no tener marcha atrás. Lecciones de una protesta infructuosa.

Ningún camionero puede cantar victoria luego del paro de transportadores que duró 45 días y se convirtió en uno de los más largos en la historia del país. Esto puede concluirse al darles una mirada a los contenidos del acuerdo que finalmente aceptaron los transportadores para levantar la movilización.

Las dos exigencias centrales de los camioneros eran volver a la tabla de fletes y mantener la chatarrización uno a uno; en el primer caso perdieron y en el segundo no ganaron del todo.

En el aspecto del orden público, quedó ratificado que esa forma de presión no deja buenos resultados y puede resultar trágica por el costo en vidas humanas. Cabe recordar que los camioneros volvieron a la mesa por cuenta de las presiones de la fuerza pública. Eso debe llevar a los líderes del sector a reconsiderar los paros y bloqueos de vías como formas de presión, porque lo que no está en consideración es el derecho de la mayoría de colombianos a movilizarse tranquilamente por las vías del país. El aumento en los precios de los bienes básicos por cuenta del desabastecimiento es, igualmente, un fenómeno que las autoridades no pueden aceptar, pues se refiere al bienestar de la mayoría de la población. Así que los camioneros tienen que buscar otras ‘formas de lucha’ más efectivas en el futuro.

¿Por qué es posible concluir que el paro no les trajo nada grande a los transportadores? Es necesario mirar el panorama completo. El mercado del transporte ha venido sufriendo una transformación profunda durante el gobierno Santos, que heredó un estado de cosas particular: una tabla de fletes que les garantizaba un ingreso mínimo a los camioneros, pero a costa de otros sectores y los consumidores, y de un proceso de chatarrización que se vició y no ofrecía garantías para mantener congelada la oferta de camiones.

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Esta manera de organizar el mercado fue ideada por la administración de Ernesto Samper, como parte de la negociación de otro paro camionero. Las duras condiciones políticas y el escándalo por el Proceso 8.000 le quebraron el brazo a ese gobierno que terminó cediendo ante las presiones de los transportadores.

El asunto es que no existe una razón técnica para fijar el precio de un servicio clave para los colombianos. Por su naturaleza, el transporte de carga debe regirse por la interacción libre de la oferta y la demanda. Cabe recordar que el sistema colombiano es excepcional, pues en casi ninguna parte del mundo el transporte está dominado por los camiones; existen otras opciones como el tren o los ríos, que convierten al sistema en un complejo multimodal.

Ni el presidente Pastrana ni el presidente Uribe hicieron algo para superar el estado de cosas del transporte de carga.

Fue el presidente Santos y, particularmente, su entonces ministro de Transporte, Germán Cardona, quienes se dieron la pela de eliminar la tabla de fletes durante la negociación de 2011 con los camioneros.

Ahí se dio el primer quiebre de brazo a los camioneros, que ahora pretendían volver a un mercado intervenido. Pero el tiro les salió por la culata. En el acuerdo se establece claramente que la libertad vigilada seguirá vigente. Este consiste en un sistema de información que arroja un precio de referencia que le puede resultar útil tanto a los generadores de carga como a los transportadores para saber qué precio pueden cobrar o qué tarifa pagar. Eso básicamente significa que la tarifa del transporte de carga por carretera en Colombia se va a seguir fijando por la libre interacción de la oferta y la demanda. Así que los transportadores no pueden decir que este fue un triunfo.

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El viceministro de transporte, Alejandro Maya, reconoció que mantener la libertad vigilada fue uno de los principales logros de la negociación y ratificó que el acuerdo genera compromisos que el Gobierno está en capacidad de cumplir en su totalidad.

Coto a la oferta

El otro aspecto está asociado a la oferta de camiones en Colombia. Es claro que hoy el número de estos vehículos ha crecido, llegando a más de 300.000.

Este es el hecho central que genera presiones a la baja en las tarifas que se les pagan a los transportadores. Pero incluso en este frente, que era el otro asunto central, los camioneros no pueden decir que ganaron la partida.

Es claro que el acuerdo señala que se mantendrá la reposición 1 a 1: esto significa que si alguien quiere introducir un camión nuevo al servicio, debe chatarrizar otro.

Sin embargo, claramente el texto del acuerdo establece que esto ocurrirá hasta que se dé una de dos situaciones: o que se acaben los recursos de la chatarrización, que son actualmente de unos $800.000 millones, o que la oferta y demanda del servicio se estabilice, lo que debe ser demostrado técnicamente.

El sistema de 1 a 1 significa básicamente una restricción a la oferta del servicio; esta sigue siendo una anomalía para el mercado. Sin embargo, apenas se acaben los recursos del fondo de chatarrización, la oferta volverá a tener libertad. Los $800.000 millones alcanzan para chatarrizar 13.000 camiones viejos. Así, los recursos del Fondo solo garantizan que por un tiempo la oferta se mantendrá congelada.

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Lo único que reducirá la oferta es que el Gobierno cumpla con normalizar la situación de al menos 12.000 vehículos que fueron matriculados irregularmente, como parte del famoso carrusel de la chatarrización que fue denunciado y empezó a ser perseguido.

Así las cosas, los camioneros no lograron imponer nuevamente la tabla de fletes y, dos, tampoco garantizaron que el sistema de chatarrización de 1 a 1 siga vigente por largo tiempo. Ese es el balance para los transportadores luego de 45 días de paro.

Esto significa que el mercado del transporte de carga por carretera va rumbo hacia la liberalización definitiva. A las autoridades les queda pendiente resolver algo con el problema del lavado de activos en el sector, que también ha sido una fuerza que impulsa la oferta de camiones y jalona a la baja las tarifas para los transportadores. Si no se hace algo drástico y contundente contra este flagelo, antes de un año los camioneros van a empezar a manifestar nuevamente su descontento por los bajos precios que les pagan por prestar sus servicios.

Por su parte, los camioneros deben entender que ya es prácticamente imposible dar marcha atrás en este proceso y que en muchos casos deberán moverse hacia otros negocios, porque el transporte tenderá naturalmente a precios más bajos o a mantener la oferta de camiones necesaria para garantizar el servicio, que en cualquier caso implica menos camiones de los que hay actualmente.

Queda también la lección sobre los paros camioneros como forma de buscar reivindicaciones: sin lugar a dudas, quedó demostrado que paralizar al país y afectar el suministro de bienes básicos como los alimentos no dejan ningún resultado positivo. Ese camino resulta muy tortuoso y no se debe volver a transitar.

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