| 3/5/2014 2:00:00 PM

El costo de la izquierda

A propósito de la inminente salida de Gustavo Petro de la Alcaldía, muchos se preguntan qué le dejó la izquierda a Bogotá tras 10 años en el poder. Responden exalcaldes, concejales y expertos.

En algún fragmento de su ya célebre ensayo, En busca de respuestas. El liderazgo en tiempo de crisis, el expresidente del Gobierno español, Felipe González, dejó plasmado un categórico planteamiento acerca de la doctrina izquierdista: “A una parte de la izquierda no le preocupa cómo crear riqueza. Cree que con repartir lo que hay todo se arregla, aunque se termine repartiendo miseria”, se lee en el texto del exmandatario.

Esa contundente visión sobre lo que podría ser la esencia propia de la izquierda se ajusta en buena medida a lo que ha vivido Bogotá durante los últimos 10 años. Una década en la que ha habido cuatro gobernantes inclinados hacia las premisas básicas del socialismo –Lucho Garzón, Samuel Moreno, Clara López y Gustavo Petro–. Por ello se ha abierto un debate de fondo sobre la conveniencia, el impacto y los verdaderos resultados que ha tenido el discurso social en la capital.

El asunto cobra vigencia por estos días, pues desde que Gustavo Petro emprendió esa batalla jurídica para contener los efectos de la destitución que le impuso el Procurador, nunca antes su permanencia en el Palacio Liévano había estado tan amenazada. Así las cosas, tras los recientes pronunciamientos de las Altas Cortes, la inminente salida del burgomaestre de la administración distrital podría significar un importante punto de quiebre para estos 10 años de políticas sociales en Bogotá.

La pregunta que surge apunta en una sola vía: ¿qué le ha dejado a la capital este periodo impregnado con fuertes matices de izquierda? Para responderla, Dinero habló con exalcaldes, concejales y expertos. Sus apreciaciones no solo coinciden en el hecho de que hubo un retroceso evidente en asuntos de largo aliento como la ejecución del Transmilenio, el metro, el espacio público, las ciclorrutas, el tema vial, la cultura ciudadana y la construcción de bibliotecas y colegios.

Reconocen, no obstante, un avance significativo en materia social, sobre todo en lo relacionado con alimentación y atención a los más pobres. Pero para poner las cosas en blanco sobre negro vale la pena revisar punto por punto.

Por ejemplo, el documento Conpes 3093 que dio luz verde al sistema Transmilenio planteó –el 15 de noviembre de 2000– durante la administración Peñalosa, la construcción de 388 kilómetros de troncales. Al sumar lo cimentado durante la era Peñalosa y los 10 años de la izquierda, tan solo fueron puestos en pie 84 kilómetros de carril troncal.

“Eso significa un retraso cercano a 70% en la ejecución del sistema. Fenómeno que salta a la vista al revisar proyectos como las troncales de la Avenida Boyacá, Avenida 1 de Mayo, Calle 13 y Viaducto Caracas que, a pesar de ser incluidos desde el comienzo, a estas alturas no existen”, apunta Antonio Sanguino, concejal de Bogotá.

El director de la Fundación Ciudad Humana, Ricardo Montezuma, por su parte, está convencido de que el mayor rezago que hoy muestra Bogotá por cuenta de los gobiernos de izquierda obedece a la desconfianza que tienen los ciudadanos hacia la institucionalidad del Distrito. “Los nueve años de Mockus y Peñalosa ayudaron a construir institucionalidad en diversos aspectos, al punto de llegar a un reconocimiento de lo público y generar confianza. La mayor pérdida de Bogotá se debe a la desinstitucionalización”, apunta el experto.

Pero más allá de esa desinstitucionalización que ha tenido que padecer la ciudad, el exalcalde Paul Bromberg cree que el fin del periodo de mejoramiento que tuvo Bogotá años atrás coincide con la llegada de gobiernos autodeclarados de izquierda. Literalmente, asegura que el problema estuvo en el calibre de quienes llegaron al Palacio Liévano.

“Un alcalde dicharachero que aplazó todas las decisiones importantes, repartiendo prebendas a clientelas y justificando el clientelismo como ‘gobernabilidad’. En seguida, otro alcalde (¿qué tendrá Moreno para ser de izquierda?) que, según parece confundió el gobierno con una asociación para delinquir, respaldado por un partido político en cabeza de su Secretaria de Gobierno durante dos años largos, que sólo le retiró su apoyo cuando presentó al Concejo un proyecto de acuerdo para enajenar acciones de la ETB”, apunta Bromberg.

Ahí no se detiene este exalcalde. Al referirse a Gustavo Petro, no vacila en señalar que “es un Alcalde que promueve el odio a nombre del amor y que en más de un tema relevante propone el regreso a lo viejo, a lo que produjo crisis, a nombre del progreso. En fin –recalca el exmandatario– las personalidades que ocuparon los cargos de gobierno abusando del eslogan de ser de izquierda, llegaron no a renovar, sino a hacer más de lo de siempre”.

Consultado sobre el tema, el presidente del Concejo de Bogotá, Miguel Uribe Turbay, le dijo a Dinero que “el retroceso en los últimos años es el reflejo de la ausencia de un modelo de ciudad. Las administraciones de izquierda desconocieron y abandonaron sistemáticamente los avances en cultura ciudadana, desarrollo urbano, infraestructura vial, transporte masivo y construcción de colegios y jardines infantiles”.

Bajo ese panorama, muchos echan de menos aquellas alcaldías de Jaime Castro, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, que pusieron en marcha procesos de recuperación, transformación y mejoramiento de la ciudad. Gracias a ellas, Bogotá se posicionó nacional e internacionalmente.

Aunque cada una de sus alcaldías tuvo características propias, las tres terminaron siendo complementarias. Castro le devolvió al Distrito la gobernabilidad que había perdido y lo dotó de finanzas sólidas. Mockus aportó civismo y cultura ciudadana. Peñalosa se la jugó por el espacio público y el amoblamiento urbano.

“Cada uno de nosotros decidió construir sobre lo construido. Ninguno buscó barrer con lo bueno que había hecho su antecesor. Los tres tomamos como propia la máxima de Bloomberg, alcalde saliente de Nueva York: “los alcaldes no debemos hacer teoría sino recoger la basura”, comenta el exalcalde Jaime Castro.

Por esto, si la suerte jurídica de Gustavo Petro termina jugando definitivamente en su contra, los bogotanos tendrán la posibilidad de definir en las urnas lo que quieren: o darle otra oportunidad al discurso social o, al contrario, apostarle a un proyecto que vuelva a encauzar a la ciudad por la senda que alguna vez transitó.
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